23-10-2023, 12:53 PM
Día 24 del invierno del año 6. 9:20 a.m.
Llevaba toda la noche sin pegar ojo. El recuerdo del cuerpo sin vida de mi padre atravesado por una tabla de madera no se iba de mi cabeza. Si no quería que se convirtiera en un trauma difícil de controlar, debía superarlo cuanto antes, aceptarlo y seguir adelante, pero, cómo iba a hacer eso si la persona más influyente, a quien más admiraba, había muerto, prácticamente ante mis ojos. Faltaban tan solo diez minutos para la hora de la reunión que yo mismo había convocado. -Todos en cubierta a las 9:30, es importante. Le había dicho a Morrel. Aún no sabía que decir, pero debía ser fuerte, tenía que superar las adversidades y seguir adelante. No podíamos acceder al nuevo mundo por aquel lado, así que debíamos hacerlo por el otro extremo del llamado “Paraíso”. Aquel mar traicionero que mi tribu nómada había recorrido durante tantas generaciones, dejando a muchos por el camino y aprendiendo en cada lugar que visitaban. Me puse la capucha y me concentré. Fui hacia el timón, la parte más alta de la cubierta, para usarlo de escenario. Dejaría hablar a mi corazón con libertad. De todas formas, Los dioses lo habían designado así. Eran caprichosos, pero a mí me tenían en su favor, por lo menos de momento. Al llegar a mi escenario improvisado, comprobé que la mayoría de adultos estuviesen presentes. Morrel estaba cabizbajo, como si supiese lo que iba a decir. No fumaba, en esta ocasión, cosa rara en él. Mi madre, Plátyra, estaba a su lado. No podía dirigirme la mirada y torcía el pico hacia la esquina inferior izquierda. Estaba nerviosa, triste y cansada, pues tampoco había dormido aquella noche, como la mayoría de nosotros.
Amigos, miembros de la tribu nómada de hermandad mink, escuchadme. Ayer, como sabréis, (me costó continuar y tragué saliva. Me llené de valor y solté lo que tenía que decir) mi padre perdió la vida en un terrible accidente marítimo. Logré salvar de ahogarse a tres compañeros, que ahora se recuperan en la enfermería. Está claro, que por este lugar es casi imposible acceder a nuestro sueño de llegar al nuevo mundo. Pero me ofrezco voluntario para partir en solitario hacia ese destino. (Se oyó un rumor entre la gente y alguno me llamó loco.) Estoy hablando de una expedición extremadamente larga. Quiero cumplir el anhelo de mi padre y de toda la tribu. Saber si hay más minks más allá del gran muro rojo que separa estas tierras y ver las maravillas que nos aguardan los dioses. Tengo su favor, todos lo sabéis. No lloréis por mí. Mi plan es enrolarme en una tripulación de los piratas que vengan por esta entrada. Quizá espere años, pero en cuanto obtenga una señal, me iré a vivir la aventura que mi padre siempre quiso. Quizá me encuentre nuevas razas, nuevos tesoros y mi objetivo se haga más grande, pero tened presente que siempre llevaré a esta tribu con orgullo. Ahora deberíamos partir, nada queda ya en este lugar para nosotros a parte del dolor de la pérdida de un ser amado por todos.
Me puse la capucha y bajé de nuevo, saltando desde la plataforma, hacia mi camarote. Morrel me agarró el brazo derecho. Me miraba con furia.
Crees que tu aprendizaje conmigo termina así? No puedes decidir el destino de los demás, y mi destino está a tu lado, enseñándote. Aún no conoces la mitad de las propiedades de las plantas y no creo que te puedas valer por ti mismo demasiado tiempo, Sage. Voy a ir contigo.
Los dioses no van a estar de acuerdo, nuestros caminos se separarán en algún momento. Es el destino, amigo mío. Pero si crees que debes acompañarme, no te lo impediré. Tienes mucho que enseñarme aún, maestro.
Es gracioso que la reencarnación del viejo Sage me llame maestro, sabes? Juju.
Todos me llamaban Sage desde que encontré mi preciado báculo en unas ruinas de un templo. Los dioses habían aceptado que yo debía llevarlo, cuando al agarrarlo, el esqueleto cayó haciendo una reverencia frente a mí. Cuando salí con mi amigo cabra, encapuchados ambos, los de la tribu dijeron que tenía el mismo aspecto del mi antepasado, uno de los más legendarios líderes de la tribu, que la había guiado a través de muchos lugares con sabiduría y evitando conflictos. A ese ornitorrinco antiguo lo habían bautizado como Sage, por la Sapiencia que había demostrado, y se decía que algún día llegaría otro ornitorrinco con la misma presencia que el viejo Plátyxor, el cual era su nombre real, aunque pocos lo recordaban.
Así los dioses habían hablado. Mi destino era esperar a que una tripulación me aceptara nada más verme. Que me llegara una señal y me uniera a ellos. Mientras, debía seguir aprendiendo de mi maestro. Y así pusimos rumbo toda la tribu hacia la primera isla, donde nos separaríamos, y, aún triste por la grave pérdida de uno de los minks que más había admirado, estaba emocionado por la nueva aventura que se había abierto ante mí. El barco zarpó hacia la primera isla de mi viaje, donde esperaría hasta que los dioses volvieran a actuar en mi favor.
