25-11-2025, 05:42 AM
Estoy completamente iracundo. Yo no me he colado en este sitio para que un mueve fichas de poca monta me diga que puedo o no apostar en una mesa de juego. ¿Me estás diciendo que este casino es una tapadera para lavar dinero y venden carcasas de Den Den Mushi o qué narices, tío? Yo soy el único que puede manejar mi propia suerte y como tal, apostar tanto como me salga de los cojones.
La gente parece dividida frente mí reacción. Unos se acojonan pensando que les voy a hacer algo. Otros están conformes con mis formas y se prestan atentos a ver qué sucede. Lo más probable es que pienses como yo y quieran despilfarrar su cash como se le cante. A mí todos ellos me dan igual. Puro oportunista que se ha callado la boca y ha acatado las normas hasta que yo he movido ficha. Que les jodan.
Con todo el calentón, empiezo a girar la cabeza, buscando algo. ¿Y Ubbe? El mamón me ha dejado plantado, el muy cerdo. Fijo que el capullo se está dando el lote con alguna chica especial de estas que tienen en el barco. Alguna rubia potente con superpoderes o tal vez una tipa cañera que se haga invisible... Ambas. Siendo lo burro que es seguro que ambas a la vez. Este muchacho me llena de orgullo.
Cuando estoy a punto de tomar la decisión de si arrancar la mesa de la moqueta y lanzarla contra la ventana o si estampar el cráneo del dealer contra la ruleta, la música de la sala se detiene. Eso llama mi atención y provoca que me gire en dirección al artista. Este se dirige con aires de grandeza en mi dirección, aunque su andar delata una determinación férrea. Nadie se atreve a cruzarse en su camino. Nadie menos yo, que le devuelvo una mirada sería e impasible.
Es él quien inicia la conversación. Su tono de voz es ligero, pero afilado. Da la sensación de tener una navaja apuntando al cuello. Si no te mueves no te hará daño, pero de lo contrario la consecuencia es fatal. Aún con esas, sus palabras me llenan de satisfacción y me relajan. Es el propietario del lugar y, como tal, busca un orden para todos. Sin embargo entiende mi postura y le parece alegrar que tenga en sus mesas jugadores que buscan el verdadero desafío. Me reta. Quiere comprobar que voy en serio y está vez me ofrece un puesto en una zona exclusiva. Me es imposible ocultar una sonrisa de placer y devolver una mirada desafiante. -Señoras y señores, no suelo hacer esto, pero observen... ¡Esto es un hombre de verdad!- alzo la voz para que todos me escuchen. Doy una vuelta sobre mi mismo para captar la atención de todos y cuando vuelvo a dar con el hombre de traje rojo, lo señalo. -Un hombre que no se esconde y que entiende que las voluntades más fuertes manejan su propia suerte. Esto ya no va de ganar o perder. Esto va de desafiar al destino sin miedo a las consecuencias.- me señalo a mi mismo con el dedo pulgar de la mano izquierda mientras que con la derecha golpeo la mesa sacudiendo una vez más todo lo que hay encima. Un verdadero golpe de efecto. -¡Como máxima prueba de respeto, acepto el reto, jefe carmesí!- culmino sin vacilar.
Es el momento de poner toda la carne en el asador. Me desplazo a una mesa que no esté echa polvo a base de porrazos bucanerescos. Todo el mundo se aleja y solo quedamos él y yo en cada esquina de la mesa, frente a frente. -Bien... Hagamos que esto sea memorable.- sonrío con picardía. Hago acopio de cinco cubiletes y cinco pares de dados. Una vez cada cubilete tiene a su pareja, junto a todos en mi mano derecha. Con movimientos rápidos y perfectamente coordinados, empiezo a hacer malabares con cada cubilete, creando un circulo circense entre mis manos, en una demostración de destreza sin parangón. El dominio de juego de manos con ambas manos hábiles provoca espectáculo y expectación entre los presentes. Para finalizar el número, hago aterrizar en la mesa boca abajo cada uno de los cubiletes en una perfecta línea horizontal que divide la mesa en dos. Sin levantar nada y desvelar el resultado, invito al músico a realizar su jugada. -Tú turno, jefe. Destapemos esto al mismo tiempo y revelemos al campeón.- lo desafío, aunque con un aura y tono jugón pero amistoso. Como aquel que lanza un dado, es momento de ver cuantas caras tiene este tipo.
La gente parece dividida frente mí reacción. Unos se acojonan pensando que les voy a hacer algo. Otros están conformes con mis formas y se prestan atentos a ver qué sucede. Lo más probable es que pienses como yo y quieran despilfarrar su cash como se le cante. A mí todos ellos me dan igual. Puro oportunista que se ha callado la boca y ha acatado las normas hasta que yo he movido ficha. Que les jodan.
Con todo el calentón, empiezo a girar la cabeza, buscando algo. ¿Y Ubbe? El mamón me ha dejado plantado, el muy cerdo. Fijo que el capullo se está dando el lote con alguna chica especial de estas que tienen en el barco. Alguna rubia potente con superpoderes o tal vez una tipa cañera que se haga invisible... Ambas. Siendo lo burro que es seguro que ambas a la vez. Este muchacho me llena de orgullo.
Cuando estoy a punto de tomar la decisión de si arrancar la mesa de la moqueta y lanzarla contra la ventana o si estampar el cráneo del dealer contra la ruleta, la música de la sala se detiene. Eso llama mi atención y provoca que me gire en dirección al artista. Este se dirige con aires de grandeza en mi dirección, aunque su andar delata una determinación férrea. Nadie se atreve a cruzarse en su camino. Nadie menos yo, que le devuelvo una mirada sería e impasible.
Es él quien inicia la conversación. Su tono de voz es ligero, pero afilado. Da la sensación de tener una navaja apuntando al cuello. Si no te mueves no te hará daño, pero de lo contrario la consecuencia es fatal. Aún con esas, sus palabras me llenan de satisfacción y me relajan. Es el propietario del lugar y, como tal, busca un orden para todos. Sin embargo entiende mi postura y le parece alegrar que tenga en sus mesas jugadores que buscan el verdadero desafío. Me reta. Quiere comprobar que voy en serio y está vez me ofrece un puesto en una zona exclusiva. Me es imposible ocultar una sonrisa de placer y devolver una mirada desafiante. -Señoras y señores, no suelo hacer esto, pero observen... ¡Esto es un hombre de verdad!- alzo la voz para que todos me escuchen. Doy una vuelta sobre mi mismo para captar la atención de todos y cuando vuelvo a dar con el hombre de traje rojo, lo señalo. -Un hombre que no se esconde y que entiende que las voluntades más fuertes manejan su propia suerte. Esto ya no va de ganar o perder. Esto va de desafiar al destino sin miedo a las consecuencias.- me señalo a mi mismo con el dedo pulgar de la mano izquierda mientras que con la derecha golpeo la mesa sacudiendo una vez más todo lo que hay encima. Un verdadero golpe de efecto. -¡Como máxima prueba de respeto, acepto el reto, jefe carmesí!- culmino sin vacilar.
Es el momento de poner toda la carne en el asador. Me desplazo a una mesa que no esté echa polvo a base de porrazos bucanerescos. Todo el mundo se aleja y solo quedamos él y yo en cada esquina de la mesa, frente a frente. -Bien... Hagamos que esto sea memorable.- sonrío con picardía. Hago acopio de cinco cubiletes y cinco pares de dados. Una vez cada cubilete tiene a su pareja, junto a todos en mi mano derecha. Con movimientos rápidos y perfectamente coordinados, empiezo a hacer malabares con cada cubilete, creando un circulo circense entre mis manos, en una demostración de destreza sin parangón. El dominio de juego de manos con ambas manos hábiles provoca espectáculo y expectación entre los presentes. Para finalizar el número, hago aterrizar en la mesa boca abajo cada uno de los cubiletes en una perfecta línea horizontal que divide la mesa en dos. Sin levantar nada y desvelar el resultado, invito al músico a realizar su jugada. -Tú turno, jefe. Destapemos esto al mismo tiempo y revelemos al campeón.- lo desafío, aunque con un aura y tono jugón pero amistoso. Como aquel que lanza un dado, es momento de ver cuantas caras tiene este tipo.
En efecto, cajita feliz
