25-11-2025, 07:47 AM
[personajeinvalido=2318]
Rocas.
Golpes.
Olvido.
Soledad.
No hay nadie en el barco más que él, aunque… ¿Realmente importa? Si alguien más hubiera llegado al mismo tiempo que él no lo habría notado ni aunque quisiera.
Sus dientes se clavaron con fuerza en la piel del interior de su boca y se abrazó aún más fuerte a su mochila negra. Aún el ruido de atronador de las rocas desmoronándose hacía eco en sus oídos, recordándole lo cerca que estuvo del peligro, lo cerca que estuvo de que su memoria se debilitara aún más.
Tomar grandes bocanadas de aire es lo único que podía hacer por el momento, de hecho, en ese preciso instante, en la soledad de aquel barco, es una presa fácil si alguien quisiera hacerle daño, pero la suerte se ha inclinado a su favor, pues la soledad momentánea le ha brindado un refugio que él mismo no sabía que necesitaba.
Y; sin embargo, esa soledad duró poco.
Se escucharon pasos, incluso voces.
Debería levantar la cabeza, debería prestarles atención, pero no es capaz de hacer eso, no ahora, no cuando solo quiere cerrar sus ojos y pensar en que todo ese derrumbe fue un simple sueño…un sueño…sí, tal vez es lo que necesita en ese momento: soñar…pero eso no es posible ahora.
El aire frío empieza a tranquilizarlo, no solo eso, hay algo más: una voz conocida. El sonido de unas botas pisando cerca de su sitio, luego más voces, gritos, también está el sonido de las olas, ese que hasta ahora ha decidido ignorar.
“Cherry te llamamos y nos ignoraste, ¿estás bien?”
—¿Eh? —Su mirada se mantuvo en el piso al escuchar la pregunta, solo pudo observar las botas negras de su interlocutor antes de que alguien más también llegara y, por la voz, dedujo que se trataba de una chica. Eran voces conocidas. Por fin se animó a alzar la cabeza.
Frente a él, la figura de Jensen y, más atrás, la de María Merlot, lo trajeron de regreso a la realidad. Eso no quería decir que su pulso se hubiera regulado, tampoco le quitó el color pálido del rostro ni evaporó el sudor frío, pero lo hicieron suavizar el agarre de su bolsa, siendo consciente de la presión que estaba ejerciendo con sus brazos, llegando a marcarse en su piel con el material de su propia mochila. Aflojó también los músculos tensos de su cuerpo, no demasiado, pues seguía en alerta, pero al menos no se veía tan terrible como al inicio.
—¡Jensen! ¿Qué…qué haces aquí? —No fue sorpresivo para él recordar el nombre del pistolero, pues había compartido lo suficiente con él como para hacerle un hueco en su memoria. —¡Merlot! ¡Ver tus escamas sanas y salvas hace que pueda respirar aliviado! —¿Y cómo no hacerlo? La semi-sirena, junto con Jensen y un par de miembros más de su tripulación, eran de las pocas personas a quienes podía recordar.
Alguien más se unió a la ecuación, un hombre de cabellos y esmoquin negro también mencionó su nombre, pero antes de que pudiera evaluar de quien se trataba, unas manos colosales lo alzaron de su sitio, haciéndolo sentir demasiado pequeño, como si fuera un muñeco de trapo. Ni siquiera tuvo que mirar hacia arriba para saber de quien se trataba.
Contuvo la respiración y volvió a palidecer cuando se sintió atrapado entre los brazos del gigante pelirrojo.
—Tomato —. Lo llamó por el apodo que le había dado tiempo antes. —No puedo creer que hayamos perdido a alguien de tu tamaño, verte es bueno, podré estudiarte por más tiempo, pero… ¿Podrías soltarme? No…no puedo respirar —. Algo bueno había salido del reencuentro con estas personas y es que al menos ya era capaz de formular frases y oraciones completas, aunque eso no le quitaba el dolor de cabeza que aún tenía por culpa del temor que le causó imaginarse golpeado por una de esas enormes rocas que se desmoronaron antes.
Cuando el gigante lo soltó y regresó a la cubierta del barco, sus piernas flaquearon y tuvo que apoyarse en una de las barandillas del barco para no caer, en ese instante, volvió a escuchar el eco imaginario de las rocas, algo que provocó que su mirada se volviera a perder y que su cuerpo volviera a tensarse…ni siquiera se molestó en intentar moverse hacia otro sitio del barco y apenas y prestó atención a las palabras que pronunciaban los que estaban a su alrededor.
No fue hasta sentir como los brazos de alguien más lo envolvían que pudo reaccionar de nuevo. Tomó aire…ni siquiera sabía que lo necesitaba, pues no notó cuando dejó de respirar, pero esa bocanada de aire fresco lo había hecho recobrar un poco el sentido.
—No…no…no es nada, estoy bien, Rojo —No abrazó de regreso, pues no estaba acostumbrado a ese tipo de gestos, pero le dio una palmada en la espalda al pistolero e interpuso una de sus manos para alejarse un par de pasos. —De verdad es…estoy bien…solo…debemos salir de aquí —. Al decir eso notó que alguien casi tan grande como el gigante pelirrojo entró al barco. Volvió a tensarse… ¿Quién era ese?, ¿podían confiar? Bueno, si miraba a su alrededor no es que quedaran muchas personas vivas, solo podía deducir que quizá, al igual que ellos, era un sobreviviente que deseaba que la noche terminara y, con ella, toda esta pesadilla.
Apretó sus puños. ¿Qué estaba haciendo? No podía darse el lujo de seguir temblando de miedo, no cuando se supone que debían salir de ahí. Sí, podía ser una persona que prefería sentarse en la cubierta del barco a ver las nubes, un hábito más que común en él, pero no habría nada que observar si no se ponían de acuerdo para salir de ese lugar…pero ¿Podían hacerlo solos? Estaba seguro de que faltaban personas.
Con los ojos cerrados, respiró lentamente al menos hasta que sintió su corazón tranquilizarse y, luego de ello, intentó ordenar sus pensamientos. Necesitaba ahora el mejor plan para salir de ese lugar.
—¡Tomato! —Se refería a Thrym, por supuesto. —Deberíamos hablar con el otro gigante… ¿Puedes hacer eso por nosotros? No vi como estaba el barco en el exterior, pero tal vez necesitemos ayuda para moverlo y si es así, dos gigantes serían mejor que uno —. ¿Podía confiar en el otro gigante? No lo sabía, pero debía intentarlo.
Luego de esa instrucción se acercó a la chica sobre el suelo y se sentó al lado de ella y del ser que parecía un oso de peluche… ¿Era real? ¿Podría estudiarlo? Sacudió su cabeza, no era tiempo de pensar en eso. —Merlot… ¿Estas bien? Si necesitas que te ayude a curar tus heridas, puedo hacerlo y…por cierto…—Miró ahora a Jensen y a Jin. —¿Alguno de ustedes ha visto a Ash? Y sé que alguien más viajaba con nosotros…pero…no puedo recordar quien…
No fue capaz de esperar la respuesta de alguno de los dos hombres, pues recordó que para eso tenía un den den mushi. Rebuscó entre sus cosas y encontró al caracol.
Sus manos temblaron al marcar el número, a fin de cuentas, aunque intentara mostrarse tranquilo, aun no se había recuperado del todo del tremendo susto que sufrió antes. Tomó aire de nuevo y logró marcarle a Ashveil, pero no se sentía capaz de seguir sosteniendo al pobre caracol.
—Tsk…¿Alguno podría…ayudarme? Marqué a Ashveil…si responde…deben preguntar…dó…dónde está —. Se tragó su orgullo al pedir ayuda con algo tan simple, pero no podía más, su voz empezaba a salir entrecortada de nuevo y sus brazos, los cuales extendió para pasarle a Jin o a Jensen su den den mushi, estaban demasiado temblorosos para seguir fingiendo que tenía todo bajo control.
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Karmas
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