25-11-2025, 08:08 AM
(Última modificación: 25-11-2025, 08:27 AM por Ryota Miyamoto.)
“Al menos, no podrás decir que soy un chico aburrido, ¿No?” Contesto a Runin con un dejo de picardía mientras avanzamos por aquel bosque de bambú.
A cada paso, los altos tallos se elevan hacia el cielo, formando un pasillo angosto que había sido marcado por las decenas de estudiantes que alguna vez pasaron por allí. En cualquier otro día, la cercanía con su compañera habría sido motivo de coqueteo, pero esta vez el silencio se mantuvo firme entre ambos hasta llegar al final del sendero. Allí, en frente del dojo, una punzada de inquietud recorrió el cuerpo del varón.
Los ojos de Ryota inspeccionaron el lugar con suma atención mientras inflaba una burbuja de chicle frente a sus labios. Con rapidez captó indicios de un forcejeo: objetos fuera de lugar, marcas en la puerta… señales que bien podrían haber sido provocadas por los familiares de aquella pobre mujer que lloraba junto al pozo del poblado.
(POP) La burbuja estalló.
“No alcanzo a escuchar nada desde aquí… será mejor que entremos y echemos un vis…” Antes de terminar la frase o de acercarse con sus pasos hacia el dojo, un agudo silbido cortó el aire, seguido del golpe seco del metal contra el suelo. Tres shurikens quedaron clavados frente a la pareja, advirtiéndoles con claridad que dar un paso más sería un error.
De inmediato, una figura emergió de entre los bambús del flanco derecho. Su velocidad y la manera en que había logrado mantenerse oculto hicieron que, al principio, Ryota apenas pudiera distinguirlo. No fue sino hasta que se plantó frente a ellos, sobre el porche del dojo con una soltura digna de elogio, que su presencia se reveló del todo como un posible enemigo.
Un hombre de edad avanzada, postura firme y entrenada, apareció frente a ellos. Portaba un bo y algunos shurikens, presentándose como un maestro que, por su apariencia y expresión, parecía haber perdido el rumbo… o quizá incluso el propósito de su propio camino marcial.
Ryota guardó silencio escuchando las palabras del anciano, por lo que expresaba parecía tener en gran estima al hijo de la mujer. En realidad, tanta era la estima u obsesión que, tras un amenazante impacto de su arma contra el suelo, lo denominaba un genio, uno capaz de ganar peleas clandestinas para sacarlo a él y a su dojo de la miseria.
![[Imagen: 2JRjwRn.jpeg]](https://i.imgur.com/2JRjwRn.jpeg)
“¿Peleas clandestinas? ¿Sacar de la miseria? ¿Dinero?”
Pensó con rapidez.
La situación se mostraba caótica, era un anciano cuya cordura había quedado en sus mejores años e incluso confesaba haberle hecho “entrar en razón” o algo así al padre del chico. Sin lugar a dudas era quien tenía cautivos a esos dos y sería de quien ambos tenían que encargarse para conseguir liberarlos.
A no ser…
![[Imagen: 9qy7ohB.jpeg]](https://i.imgur.com/9qy7ohB.jpeg)
“Oye bro, ¿de cuánto dinero estamos hablando en esas peleas clandestinas? ¿es mucho?”
El interés del castaño quedó atrapado por aquellas palabras. “¿Se puede apostar en esas peleas?” preguntó con curiosidad. No había olvidado al chico que debían rescatar para llevarlo con su madre, pero desconocía por completo ese mundillo de combates en la Isla Karate, y la revelación había conseguido despertar por completo su atención porque hasta el momento creía que eran solo unos aburridos que entrenaban o plantaban arroz.
![[Imagen: Azlwaat.png]](https://i.imgur.com/Azlwaat.png)
“Oiga bro, que le parece si deja ir a ese niño y a su padre, tengo un amigo que mide como tres metros, tiene alas y es más fuerte que un foking oso de la montaña.”
El espíritu de negociador y más importante de avaricia de Ryota había conseguido ser despierto por las inquietantes palabras del anciano. Podía ser un viejo loco, pero tenía la cordura suficiente para querer llevar al chico a dichas peleas después de quizás algunos entrenamientos, por lo tanto, su capacidad de negociación podría seguir intacta en su psique.
“Es también un prodigio y no tiene que entrenarlo, de hecho, no tendría que esperar a que crezca, podemos inscribirlo a las peleas de inmediato kekeke, ¿Qué me dice? ¿quiere que seamos socios?” Su espíritu de la avaricia y adicción a las apuestas era el que estaba hablando. Si quería regresarle al chico a su madre, pero primero quiso tratar un asunto más importante, al menos para su bolsillo y haría gala de su pico de oro para conseguirlo.
“Incluso si el grandote no quiere pelear, yo soy mucho más fuerte que un niño kekeke” Reía con confianza al verse superior a un infante, al menos en esa etapa de su vida. “Inscríbame en esas peleas y ganemos un buen dinero. Solo debe dejar ir al chico y nos vamos a donde se hagan esas peleas, le apuesto diez mil berrys a que cumpliré mi palabra Kekeke.” Terminó con una expresión risueña y ambiciosa, no tenía ninguna mala intención, realmente le estaba proponiendo aquel descabellado plan al viejo loco.
Aunque aquel anciano pudiera resultar un tirano, Ryota no tenía ningún interés en jugar al héroe. Su objetivo seguía siendo rescatar al chico… pero si, de paso, podía ganarse un socio que lo introdujera a esas “peleas callejeras”, no pensaba desaprovechar la oportunidad. Al fin y al cabo, siendo un apostador compulsivo, ese tipo de negocio le resultaba demasiado tentador como para dejarlo pasar.
Off Rol
