25-11-2025, 07:13 PM
(Última modificación: 25-11-2025, 07:18 PM por Ubbe.
Razón: indico gasto monetario
)
Ubbe intentó esconder una carcajada sin muchos resultados, cuando Sigurd y Pegasus empezaron su duelo verbal. El piano enmudecido, las luces reflejándose en las fichas volando por el aire, el crupier sudando frío… todo el espectáculo era tan exagerado que parecía escrito a propósito.
Ubbe observó la escena un instante, los brazos descansando, sintiendo cómo la atención de medio casino giraba hacia su hermano buccaneer. A su lado, Ravena se mantenía imponente, cuatro metros de semioni perfectamente tallados bajo las luces rojas y doradas del salón. Ubbe no necesitaba que ella dijera nada para notar que la escena le resultaba entretenida; la postura de sus hombros, la manera en que ladeaba ligeramente la cabeza, lo decía todo.
- GAHAHAHA… -se rió Ubbe, sacudiendo ligeramente la cabeza- Este cabrón vive pa’ liarla, baby!
Miró a Ravena de reojo, evaluando la vibra del momento. No tenía intención de meterse en la aventura loca que Sigurd estaba a punto de afrontar; aquello era territorio de su hermano, y Ubbe sabía reconocer cuándo dejar que el fuego ardiera solo.
-Si te parece… -murmuró, inclinando la barbilla hacia la zona de juegos- tengo ganas de probar la ruleta. Pero antes voy por bebida, baby. ¡Me he terminado mi ColaZero, y necesito más gasolina para seguir!
Dicho eso, se separó de Ravena con un paso firme y tranquilo, abriéndose camino entre mesas, luces y bandejas como quien atraviesa un festival. La barra seguía siendo un mundo aparte: ruido, copas chocando, gritos de victoria, susurros de derrota. Pero en uno de los taburetes, había un hombre derrotado, en completo silencio, quieto, plegado sobre sí mismo, observando el fondo de su copa como si estuviera, esperando que el reflejo le respondiera. Era un contraste brutal con el resto del Pegaso, y Ubbe se sintió arrastrado hacia él por pura intuición.
Se apoyó en la barra con un golpe seco que hizo temblar varios vasos, el barman le miró y Ubbe le enseñó los dos vasos de colazero, se giró de nuevo al hombre alicaído, y le plantó la mirada con una sonrisa enorme.
- Ey, colega… ¿Qué pasa, bro? ¿Te han desplumao o qué? -preguntó con tono alegre, casi festivo.
Ubbe estaba on fire esa noche, ver a su hermano tan motivado, y haber encontrado una mujer tan imponente como Ravena, hacían de esa, una noche memorable, y había veces, que Ubbe era más generoso de lo que parecía, asi que quería repartir su jolgorio con los demás.
GAHAHAHAHA - Se rió junto al hombre entristecido - A ver man, no me mola este rollito que me llevas, con la noche tan de puta madre que estoy teniendo, me estás cortando todo el rollo tío
Sacó 1.000 berries y los dejó delante del hombre sin pensarlo dos veces, como quien deja una ficha más en la mesa.
- Toma, baby. Pa’ que te alegres un poco. Hazte con una bebida rica y levanta ese ánimo, que la noche no acaba aquí. ¡Quiero verte brindar cuando vuelva por aquí! GAHAHAHAHA
Tras esperar un poco junto con el hombre triste, finalmente apareció el barman y le sirvió a Ubbe sus dos ColaZero
Ubbe simplemente le palmeó el hombro con suavidad (suavidad para un buccaneer, que igualmente movió al hombre dos centímetros en el taburete) y se llevó sus refrescos hacia la zona de la ruleta.
Ravena seguía allí, imponente entre el brillo del casino, como si perteneciera al Pegaso tanto como las luces y la música. Ubbe le tendió su bebida sin decir una palabra más; el gesto bastaba.
Al fondo, Sigurd ya estaba en su duelo, los cubiletes alineados como si fueran parte de un ritual antiguo. El público vibraba alrededor.
Ubbe sonrió, observó la mesa de ruleta unos metros más allá, y luego volvió la mirada hacia la semioni.
La noche todavía tenía mucha cuerda. Y Ubbe la pensaba exprimir entera, baby.
Se acercó a la ruleta y alzó un poco la voz para que todos le prestasen atención, intentando de nuevo como impresionar a ravena.
- 5.000 al Negro,baby, ¡como el menda! GAHAHAHA
Ubbe observó la escena un instante, los brazos descansando, sintiendo cómo la atención de medio casino giraba hacia su hermano buccaneer. A su lado, Ravena se mantenía imponente, cuatro metros de semioni perfectamente tallados bajo las luces rojas y doradas del salón. Ubbe no necesitaba que ella dijera nada para notar que la escena le resultaba entretenida; la postura de sus hombros, la manera en que ladeaba ligeramente la cabeza, lo decía todo.
- GAHAHAHA… -se rió Ubbe, sacudiendo ligeramente la cabeza- Este cabrón vive pa’ liarla, baby!
Miró a Ravena de reojo, evaluando la vibra del momento. No tenía intención de meterse en la aventura loca que Sigurd estaba a punto de afrontar; aquello era territorio de su hermano, y Ubbe sabía reconocer cuándo dejar que el fuego ardiera solo.
-Si te parece… -murmuró, inclinando la barbilla hacia la zona de juegos- tengo ganas de probar la ruleta. Pero antes voy por bebida, baby. ¡Me he terminado mi ColaZero, y necesito más gasolina para seguir!
Dicho eso, se separó de Ravena con un paso firme y tranquilo, abriéndose camino entre mesas, luces y bandejas como quien atraviesa un festival. La barra seguía siendo un mundo aparte: ruido, copas chocando, gritos de victoria, susurros de derrota. Pero en uno de los taburetes, había un hombre derrotado, en completo silencio, quieto, plegado sobre sí mismo, observando el fondo de su copa como si estuviera, esperando que el reflejo le respondiera. Era un contraste brutal con el resto del Pegaso, y Ubbe se sintió arrastrado hacia él por pura intuición.
Se apoyó en la barra con un golpe seco que hizo temblar varios vasos, el barman le miró y Ubbe le enseñó los dos vasos de colazero, se giró de nuevo al hombre alicaído, y le plantó la mirada con una sonrisa enorme.
- Ey, colega… ¿Qué pasa, bro? ¿Te han desplumao o qué? -preguntó con tono alegre, casi festivo.
Ubbe estaba on fire esa noche, ver a su hermano tan motivado, y haber encontrado una mujer tan imponente como Ravena, hacían de esa, una noche memorable, y había veces, que Ubbe era más generoso de lo que parecía, asi que quería repartir su jolgorio con los demás.
GAHAHAHAHA - Se rió junto al hombre entristecido - A ver man, no me mola este rollito que me llevas, con la noche tan de puta madre que estoy teniendo, me estás cortando todo el rollo tío
Sacó 1.000 berries y los dejó delante del hombre sin pensarlo dos veces, como quien deja una ficha más en la mesa.
- Toma, baby. Pa’ que te alegres un poco. Hazte con una bebida rica y levanta ese ánimo, que la noche no acaba aquí. ¡Quiero verte brindar cuando vuelva por aquí! GAHAHAHAHA
Tras esperar un poco junto con el hombre triste, finalmente apareció el barman y le sirvió a Ubbe sus dos ColaZero
Ubbe simplemente le palmeó el hombro con suavidad (suavidad para un buccaneer, que igualmente movió al hombre dos centímetros en el taburete) y se llevó sus refrescos hacia la zona de la ruleta.
Ravena seguía allí, imponente entre el brillo del casino, como si perteneciera al Pegaso tanto como las luces y la música. Ubbe le tendió su bebida sin decir una palabra más; el gesto bastaba.
Al fondo, Sigurd ya estaba en su duelo, los cubiletes alineados como si fueran parte de un ritual antiguo. El público vibraba alrededor.
Ubbe sonrió, observó la mesa de ruleta unos metros más allá, y luego volvió la mirada hacia la semioni.
La noche todavía tenía mucha cuerda. Y Ubbe la pensaba exprimir entera, baby.
Se acercó a la ruleta y alzó un poco la voz para que todos le prestasen atención, intentando de nuevo como impresionar a ravena.
- 5.000 al Negro,baby, ¡como el menda! GAHAHAHA
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