25-11-2025, 10:23 PM
El torso inclinado, las rodillas ligeramente flexionadas y sus dedos, con yemas crepitantes necesitadas de moverse sobre el mango de su siempre fiel daga. Preparada para pelear, preparada para cualquier acontecimiento que se quisiera presentar. El miedo no iba con ella, no en ese instante. Si le doblaban la altura o triplicaban su peso, no importaba. Era menuda, ágil y rápida, solo una neurona funcional y sería capaz de derrotarlos con un mínimo esfuerzo, no necesitaría más, ¿qué batalla podían ofrecer un par de borrachos que a duras penas lograban decir dos palabra seguidas sin que sus repugnantes lenguas tropezaran en el proceso?
Le vio acercarse, amenazante, furioso. Una amalgama de coraje y ebriedad conviviendo en un cuerpo tambaleante ahogado en alcohol. Pero si algo había aprendido en su vida en soledad era a no temer, a buscar las debilidades, los puntos flacos de quienes se veían superiores. Hundir el dedo en las heridas, añadirles sal y dejar que su propio ego y orgullo terminara de hacer el resto. No fue distinto con quien ahora lamía el suelo con hambre obligada. Ni con quien había aterrizado con sus posaderas sobre el parqué antes que él, cortesía de la defensa de Liora. Porque sí, nunca fue su intención atacarle, ella estaba tranquilamente tomando algo y se vio en la obligación de defenderse. A sí misma, a su orgullo, a su cuerpo, su propio templo... nadie lo profanaría con callosos y grasientos dedos hinchados. No.
Una sonrisa ladina se posó en sus labios. Altiva, orgullosa, digna. El pecho hinchado con aire contenido y una risa socarrona escapó para soltarlo. Demasiado patéticos, demasiado humillados. Uno hasta había evacuado en sus propios pantalones, dejando en ellos el cerco de la deshonra, de la vergüenza. ⊰ Patético ⊱, pensó. Casi se relamió los labios saboreando el dulce gusto de la victoria, el honor de ver su orgullo descender a los infiernos, tragado por la tierra.
Y su ojo lo vio, un Lunarian. Tez morena, níveos cabellos y poderosas alas. Un cuerpo musculado e inmenso que destacaba entre la multitud. Imposible pasarlo por alto, pero ella lo hizo. Al menos hasta que vio en sus ojos un destello de diversión. Contuvo una sonrisa, no tenía pruebas, ni siquiera le había visto actuar, pero estaba convencida de que él había tenido algo que ver en la humillación del segundo alcoholizado. Pero eso no le hacía estar en deuda con el Lunarian, en lo absoluto. De hecho el favor se lo había hecho a quien decidió huir sin pagar, pues si realmente se hubiese acercado a ella su destino hubiese sido mucho más oscuro, mucho más sangriento... seguramente menos vivo. Al menos podía usar sus piernas para escapar de un cruel final.
La Diosa de la fortuna había sonreído a su favor.
Satisfecha y con su orgullo enaltecido alzó el rostro. Con la frente en alto y con el ego por las nubes, volvió a sentarse. El taburete otra vez frío por la falta de contacto, de su calidez. Volvió a su bebida, mucho más tibia que antes. Había perdido el frescor, esa temperatura que invitaba a más tragos. Pero no iba a desecharla por eso. La alzó con su diestra y volvió a reposar el borde de la jarra en sus labios, tomando un largo sorbo del dorado contenido. El calor se deslizó por su garganta, calentándola por dentro, cuanto antes la acabara antes podría pedir otra.
Sus sentidos siempre apunto, sus instintos a flor de piel. No le hizo falta voltearse, ni verlo. Lo sintió, lo escuchó. El sonido de sus pasos, de su ropa rozando apenas su cuerpo por el simple hecho de andar, una fragancia que aunque diferente, era atrayente. Finalmente la sombra se sentó a su lado.
Ocultó la sonrisa bebiendo de nuevo.
—Claro, siéntate. —Invitación o no, no le iba a prohibir acomodarse a su lado. No era su salvador, al menos no lo consideraba como tal, pero compartían cierto gusto por la humillación de aquel hombre, y solo por eso ya era digno de quedarse a su lado. O quizás era el alcohol que comenzaba a correr por sus venas que la hizo más dócil, más agradable... quién sabe.
Dejó la jarra en la mesa, el regusto amargo y seco de la bebida persistía en su boca. Lo saboreó con gusto antes de voltearse a verle con el único ojo previsto de visión.
—Sabe mejor de lo que esperaba. —Guardó silencio unos segundos, no por no saber qué decir, sino por dejar que la calma reinara unos segundos entre ellos. En muchas ocasiones era más oportuno callar, observar y dejar que el simple correr del tiempo hiciera lo propio.
—¿Siempre socorres a damas en apuros, querido? —Apoyó el codo en la barra y sostuvo su cabeza con la mano, observándole con notable interés. En pocas ocasiones había tenido la oportunidad de conocer a un hombre que en un lugar de mala muerte como aquel, decidía ofrecer un brazo en lugar de sumarse a la turba.
—Le salvaste, porque juro que no iba a tener piedad con él por mucho que me besara los pies. —Su siempre puesta máscara haciendo acto de presencia, su orgullo liderando para evitar que cualquier otra emoción decidiera tomar las riendas.
Instintivamente llevó una mano a uno de sus pendientes, acariciándolos con una ternura que contrastaba con su habitual frialdad. Siempre un muro de hielo. Juraba por activa y por pasiva que era difícil de derribar, casi imposible. Se negaba a aceptar que una simple flama de calidez era suficiente para resquebrajarlo cual glaciar. Y quizás el Lunarian había logrado hacerlo con su movimiento aparentemente desinteresado.
—Si no te convence la cerveza pídete lo que quieras. A esta ronda invito yo. —O más bien una pobre alma que resultó saqueada hacía apenas unas horas. Era su manera de demostrar control, de mostrar poder. Podía ser delgada, ligera, pequeña para algunos incluso... Pero eso no la hacía débil, y muchos lo habían aprendido a las malas. Al menos él tendría la fortuna de aprenderlo siendo invitado a tomar unas copas, definitivamente no podía quejarse.
—¿Y cuál es el nombre de tan noble caballero? El mío es Liora.
Le vio acercarse, amenazante, furioso. Una amalgama de coraje y ebriedad conviviendo en un cuerpo tambaleante ahogado en alcohol. Pero si algo había aprendido en su vida en soledad era a no temer, a buscar las debilidades, los puntos flacos de quienes se veían superiores. Hundir el dedo en las heridas, añadirles sal y dejar que su propio ego y orgullo terminara de hacer el resto. No fue distinto con quien ahora lamía el suelo con hambre obligada. Ni con quien había aterrizado con sus posaderas sobre el parqué antes que él, cortesía de la defensa de Liora. Porque sí, nunca fue su intención atacarle, ella estaba tranquilamente tomando algo y se vio en la obligación de defenderse. A sí misma, a su orgullo, a su cuerpo, su propio templo... nadie lo profanaría con callosos y grasientos dedos hinchados. No.
![[Imagen: Altiva3.png]](https://i.ibb.co/0pfGwgkj/Altiva3.png)
Una sonrisa ladina se posó en sus labios. Altiva, orgullosa, digna. El pecho hinchado con aire contenido y una risa socarrona escapó para soltarlo. Demasiado patéticos, demasiado humillados. Uno hasta había evacuado en sus propios pantalones, dejando en ellos el cerco de la deshonra, de la vergüenza. ⊰ Patético ⊱, pensó. Casi se relamió los labios saboreando el dulce gusto de la victoria, el honor de ver su orgullo descender a los infiernos, tragado por la tierra.
Y su ojo lo vio, un Lunarian. Tez morena, níveos cabellos y poderosas alas. Un cuerpo musculado e inmenso que destacaba entre la multitud. Imposible pasarlo por alto, pero ella lo hizo. Al menos hasta que vio en sus ojos un destello de diversión. Contuvo una sonrisa, no tenía pruebas, ni siquiera le había visto actuar, pero estaba convencida de que él había tenido algo que ver en la humillación del segundo alcoholizado. Pero eso no le hacía estar en deuda con el Lunarian, en lo absoluto. De hecho el favor se lo había hecho a quien decidió huir sin pagar, pues si realmente se hubiese acercado a ella su destino hubiese sido mucho más oscuro, mucho más sangriento... seguramente menos vivo. Al menos podía usar sus piernas para escapar de un cruel final.
La Diosa de la fortuna había sonreído a su favor.
Satisfecha y con su orgullo enaltecido alzó el rostro. Con la frente en alto y con el ego por las nubes, volvió a sentarse. El taburete otra vez frío por la falta de contacto, de su calidez. Volvió a su bebida, mucho más tibia que antes. Había perdido el frescor, esa temperatura que invitaba a más tragos. Pero no iba a desecharla por eso. La alzó con su diestra y volvió a reposar el borde de la jarra en sus labios, tomando un largo sorbo del dorado contenido. El calor se deslizó por su garganta, calentándola por dentro, cuanto antes la acabara antes podría pedir otra.
Sus sentidos siempre apunto, sus instintos a flor de piel. No le hizo falta voltearse, ni verlo. Lo sintió, lo escuchó. El sonido de sus pasos, de su ropa rozando apenas su cuerpo por el simple hecho de andar, una fragancia que aunque diferente, era atrayente. Finalmente la sombra se sentó a su lado.
Ocultó la sonrisa bebiendo de nuevo.
![[Imagen: Seria4.png]](https://i.ibb.co/B1wZhvn/Seria4.png)
—Claro, siéntate. —Invitación o no, no le iba a prohibir acomodarse a su lado. No era su salvador, al menos no lo consideraba como tal, pero compartían cierto gusto por la humillación de aquel hombre, y solo por eso ya era digno de quedarse a su lado. O quizás era el alcohol que comenzaba a correr por sus venas que la hizo más dócil, más agradable... quién sabe.
Dejó la jarra en la mesa, el regusto amargo y seco de la bebida persistía en su boca. Lo saboreó con gusto antes de voltearse a verle con el único ojo previsto de visión.
—Sabe mejor de lo que esperaba. —Guardó silencio unos segundos, no por no saber qué decir, sino por dejar que la calma reinara unos segundos entre ellos. En muchas ocasiones era más oportuno callar, observar y dejar que el simple correr del tiempo hiciera lo propio.
—¿Siempre socorres a damas en apuros, querido? —Apoyó el codo en la barra y sostuvo su cabeza con la mano, observándole con notable interés. En pocas ocasiones había tenido la oportunidad de conocer a un hombre que en un lugar de mala muerte como aquel, decidía ofrecer un brazo en lugar de sumarse a la turba.
—Le salvaste, porque juro que no iba a tener piedad con él por mucho que me besara los pies. —Su siempre puesta máscara haciendo acto de presencia, su orgullo liderando para evitar que cualquier otra emoción decidiera tomar las riendas.
Instintivamente llevó una mano a uno de sus pendientes, acariciándolos con una ternura que contrastaba con su habitual frialdad. Siempre un muro de hielo. Juraba por activa y por pasiva que era difícil de derribar, casi imposible. Se negaba a aceptar que una simple flama de calidez era suficiente para resquebrajarlo cual glaciar. Y quizás el Lunarian había logrado hacerlo con su movimiento aparentemente desinteresado.
—Si no te convence la cerveza pídete lo que quieras. A esta ronda invito yo. —O más bien una pobre alma que resultó saqueada hacía apenas unas horas. Era su manera de demostrar control, de mostrar poder. Podía ser delgada, ligera, pequeña para algunos incluso... Pero eso no la hacía débil, y muchos lo habían aprendido a las malas. Al menos él tendría la fortuna de aprenderlo siendo invitado a tomar unas copas, definitivamente no podía quejarse.
—¿Y cuál es el nombre de tan noble caballero? El mío es Liora.
