26-11-2025, 04:46 PM
Observé todo el proceso sin intervenir. Apolo cerró su ojo y se mantuvo estático, confiando completamente en su Haki. Las hienas lo atacaron en oleadas. Primera mordida al costado izquierdo. Arena. Segunda a la pierna. Arena. Tercera a la muñeca. Cuarta al hombro. Todo arena fluyendo de vuelta a su cuerpo como corrientes doradas bajo el sol brutal de Mystoria. Demasiada información simultánea. Lo veía en su postura, en cómo sus músculos se tensaban intentando procesar todas las intenciones a la vez. Pero entonces algo cambio. Apolo se movió lateralmente sin pensarlo, esquivando una hiena que saltó por su espalda y causando que chocara contra otra que venía de frente. Movimiento inconsciente. Su Haki funcionando por debajo de su mente consciente. Bien. Y después, la novena hiena saltó hacia su rostro. Esta vez lo vi claramente en su expresión, percibió la intención. Su mano derecha se disparó hacia adelante, atrapando la cara del animal en el aire, sosteniéndolo completamente inmóvil a 20 centímetros de su rostro – “No bajes la guardia” – empecé a advertir, pero ya era tarde. La décima hiena, la que había estado esperando precisamente ese momento de distracción, se lanzó desde su punto ciego. Sus fauces se cerraron sobre su entrepierna. El grito de Apolo resonó por todo el anfiteatro, haciendo que algunas de las hienas en las cuevas retrocedieran instintivamente ante el volumen puro del aullido. No pude evitarlo – “Gowowo wowowo” – mi risa salió completamente incontrolada – “Hasta las hienas están hasta los cojones de nosotros.” – dije, mi mejor chiste en siglos, seguramente.
Las diez hienas retrocedieron rápidamente, reagrupándose a 25 metros de distancia. Habían cumplido su evaluación. Sabían que no éramos presas fáciles, y el riesgo de continuar atacando superaba la posible recompensa. Una por una comenzaron a retirarse hacia las cuevas en las paredes del anfiteatro, desapareciendo en las sombras. Las 15 que observaban desde las madrigueras también se retiraron, sus presencias desvaneciéndose de mi Haki gradualmente. Caminé hacia Apolo, quien probablemente seguía procesando el susto más que cualquier dolor real. El sol estaba ahora directamente sobre nosotros. El sudor empapaba completamente mi uniforme, pegándose incómodamente a mi piel – “Progreso real” – dije, mi tono volviendo al modo instructor pero con satisfacción evidente – “Percibiste una intención claramente entre múltiples amenazas simultáneas.” – señalé hacia donde las hienas habían desaparecido. Saqué mi cantimplora y bebí un largo trago. El agua estaba tibia, casi caliente, pero era líquido necesario. Se la ofrecí a Apolo – “Lo que lograste hoy fue el primer paso verdadero hacia dominar este nivel” – continué, secándome el sudor de la frente con el dorso de mi mano – “Ahora necesitas practicar hasta que puedas hacerlo consistentemente.” – el lugar estaba ahora silencioso excepto por el viento caliente que soplaba entre las formaciones rocosas. Las manchas de sangre seca en el suelo recordaban que este lugar había visto cientos de batallas antes de la nuestra – “Volvamos a la base” – dije, girándome hacia la salida del anfiteatro – “Has usado mucho Haki en poco tiempo. Necesitas descansar y dejar que tu mente procese lo aprendido” – empecé a caminar, pasando a mi Haki de Observación básico expandido a los 140 metros habituales. Me detuve brevemente, mirando hacia atrás. Ningún peligro acechaba en la zona. Contento, salí junto con Apolo del anfiteatro rumbo al cuartel.
Las diez hienas retrocedieron rápidamente, reagrupándose a 25 metros de distancia. Habían cumplido su evaluación. Sabían que no éramos presas fáciles, y el riesgo de continuar atacando superaba la posible recompensa. Una por una comenzaron a retirarse hacia las cuevas en las paredes del anfiteatro, desapareciendo en las sombras. Las 15 que observaban desde las madrigueras también se retiraron, sus presencias desvaneciéndose de mi Haki gradualmente. Caminé hacia Apolo, quien probablemente seguía procesando el susto más que cualquier dolor real. El sol estaba ahora directamente sobre nosotros. El sudor empapaba completamente mi uniforme, pegándose incómodamente a mi piel – “Progreso real” – dije, mi tono volviendo al modo instructor pero con satisfacción evidente – “Percibiste una intención claramente entre múltiples amenazas simultáneas.” – señalé hacia donde las hienas habían desaparecido. Saqué mi cantimplora y bebí un largo trago. El agua estaba tibia, casi caliente, pero era líquido necesario. Se la ofrecí a Apolo – “Lo que lograste hoy fue el primer paso verdadero hacia dominar este nivel” – continué, secándome el sudor de la frente con el dorso de mi mano – “Ahora necesitas practicar hasta que puedas hacerlo consistentemente.” – el lugar estaba ahora silencioso excepto por el viento caliente que soplaba entre las formaciones rocosas. Las manchas de sangre seca en el suelo recordaban que este lugar había visto cientos de batallas antes de la nuestra – “Volvamos a la base” – dije, girándome hacia la salida del anfiteatro – “Has usado mucho Haki en poco tiempo. Necesitas descansar y dejar que tu mente procese lo aprendido” – empecé a caminar, pasando a mi Haki de Observación básico expandido a los 140 metros habituales. Me detuve brevemente, mirando hacia atrás. Ningún peligro acechaba en la zona. Contento, salí junto con Apolo del anfiteatro rumbo al cuartel.
OFF
Haki
Karmas y Atributos

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