[Pasado] Fantasmas en karate | Social
#6
La temperatura descendió, de golpe, sin siquiera pedir permiso. La frialdad acariciaba su piel descubierta y en un intento de hallar algo más de calidez se aproximó a quien estaba a su lado, apretó ligeramente el agarre de su mano y rozó más de lo esperado su cuerpo con el contrario. Una corriente se deslizó por su espina dorsal hasta su nuca, erizando ligeramente sus cabellos en esta. Pese a que le agradaban los climas frescos era bastante sensible a ellos.

[Imagen: Altiva3.png]

Escuchó al castaño y soltó una ligera risa ante su evidente temor—. Oh... —Le observó de reojo, altiva, rostro y mentón elevados—. Así que tienes miedo... —Eliminó cualquier mínimo espacio que pudiese habitar entre ellos, acercando peligrosamente su rostro al ajeno, elevando los talones del suelo para alcanzarlo—. ¿Te imaginas que hubiese una araña gigante? El final boss esperando a un noble caballero dispuesto a enfrentarla. —Alzó su zurda y con sus uñas, trepó por el brazo del contrario aprovechando que lo tenía apresado, dio ligeros pasitos con ellas, simulando el andar de los arácnidos hasta terminar en su cuello. Era tan divertido asustarle y ponerle nervioso.

Ella estaba acostumbrada a explorar espacios abandonados, corroídos por las termitas, devorados por el óxido, casi casi se podría decir que era su hábitat natural. Y pese a que no eran santo de su devoción no le asustaban los insectos, ni los arácnidos, ni ningún pequeño ser que pudiera hallarse en esos lares. Quizás por eso le parecía tan divertido jugar con él, un tira y afloja con sus nervios.

Tras ese momento que alivió la tensión de su cuerpo decidió tomar la delantera. Sabía cómo y dónde moverse para evitar que el suelo se abriera bajo sus pies, si existía o no dicho jefe final prefería evitar descubrirlo. Temía más al miedo de una fractura o rotura por una caída que un simple insecto.

—Pisa donde yo lo haga. —Colocó su propia mano en la espalda baja, apoyando el dorso en sí misma sin soltar la extremidad ajena. Se deslizó hacia un lateral, siguiendo la pared. Siempre era mejor evitar los espacios demasiados amplios, podrían ceder fácil bajo el peso. Las esquinas siempre eran más sólidas, más consistentes—. Y procura no tocar nada. —Advirtió. Quién sabía el tiempo que aquel lugar llevaba sin limpiarse. Un simple gancho suelto, un hierro saliente... Cualquier cosa podía resultar en una herida aparentemente inofensiva y que podía acarrear un destino cruel.


[Imagen: Explicando.png]

—¿Qué tan grande es este lugar...? —susurró con apenas un hilo de voz. Más como un pensamiento fugado que como un diálogo que esperaba respuesta. Había algo en el ambiente que crispaba sus nervios. No sabía identificar qué era exactamente. Quizás la oscuridad, el crujir de la endeble madera ante cada un de las pisadas, la falta de corriente, la baja temperatura... O quizás el cúmulo de todas ellas.

Y entonces lo escuchó. Un lamento. Lejano, frío, espectral, lo sintió rebotar en su cerebro desde todas las direcciones.

Sus músculos tensándose por completo, dedos aferrándose más a la mano ajena, piel erizada, vello en punta. Detuvo su andar y sintió cómo el contrario se golpeaba contra su espalda, apresando el enlace en el que estaban sus extremidades. Alzó el rostro, lo volteó. Inspeccionó todo su alrededor, intentando hallar el origen de tal sonido.

—Oh vamos... ¿Ahora crees en eso? —Rodó los ojos, tenía que haber un motivo lógico tras ese sonido, se negaba a creer en entes del mas allá, en seres que habían quedado atrapados entre planos, entre dos mundos. Eso no sucedía en la vida real—. Sigamos. Creo que vino desde ahí. —Con su mano libre señaló una de las puertas. Sucia, vieja, corroída por el pasar del tiempo y sin embargo, era la que mejor aspecto tenía. No podía ser casualidad.

En esa ocasión quien se adelantó fue Ryota y por primera vez desde que las juntaron, soltó su mano. Se inclinó, aprovechando la pequeña ranura que había creado su amigo para poder observar el interior con su único ojo capaz de ver.

Su rostro palideció. Una corriente eléctrica se deslizó por su columna, estremeciéndola por completo.


[Imagen: Trauma.png]

—N-no... Claro que no, no puede... —De repente su boca se secó, desprovista de saliva tragó con dificultad. Alzó el rostro, buscando la mirada del castaño—. Esto no es cierto, ¿verdad? —Su voz tembló. La valentía y orgullo que habían regentado su andar desde que se habían adentrado en el dojo empezaba a caer como una pirámide de naipes. Se hizo a un costado y se irguió—. Tiene que haber una explicación, los fantasmas no... —Antes de que pudiera terminar de hablar, el grito a su lado la hizo dar un brinco.

Inmediatamente cubrió los labios ajenos con su mano, evitando así que hiciera más escándalo y le chistó—. ¡Ssshh! —Dirigió la mirada al pequeño ser que había ocasionado tal escándalo. Si por eso la figura tomaba algún tipo de represalia contra ellos, Liora se convertiría en su siguiente pesadilla.

Esperó un segundo, dos... Completamente tensa, sus dedos rígido sobre los labios ajenos, su respiración agitada, rápidos golpes en el pecho, su orbe clavado en la figura, inmóvil, impasible. Lentamente deslizó la mano hasta bajarla y tomó el arácnido con la misma.

—No vuelvas a acercarte, pequeño demonio. —Se alejó un poco y la encerró en una sala colindante con la esperanza de que se quedara ahí y no volviera a acercarse a Ryota, quien parecía haber quedado en un estado de shock. Mientras se acercaba a él, exhaló un suspiro.

Le ayudó a sentarse, apoyándole la espalda contra la puerta corredera, aún entreabierta. Se acuclilló frente a él y comenzó a abanicarle con la mano, agitándola suavemente frente a él para darle un poco de aire. Su otra extremidad la reposó en sus propias rodillas, ¿en qué momento había acabado así?

—Respira tranquilo, querido, ya se fue... —Susurró con casi dulzura. Sabía bien lo que era encontrarte el terror de cara y aunque antes hubiese bromeado con la situación, era consciente de cuánto podía llegar a afectar. Por ello sus sentidos estaban todos enfocados en ayudar a su amigo a recuperar el aliento. Abrió el bolso, descolgándolo primero de su hombro y sacó de este una botella de agua pequeña. La desenroscó y se la ofreció—. Ten, bebe un poco. —Tan centrada estaba que su alrededor se esfumó, se difuminó como bruma.

O al menos, así era hasta que sonó.


¡PUM!

Un golpe seco que la hizo levantarse de golpe. Su diestra se deslizó por su muslo, subiendo su falda para sacar la daga que se sujetaba con la ayuda de un liguero. Desenvainó por instinto. La oscuridad se aferraba a ella y aunque su ojo se había acostumbrado ya, sentía las sombras danzar a su alrededor. Chasqueó la lengua y miró de nuevo a través de la rendija al no sentir nada cerca de ellos.

La figura que regentaba la sala, ahora un bulto deshecho en el suelo. Llevó la mano libre a la puerta contraria en la que estaba Ryota. Dudó y le lanzó una mirada rápida a su amigo antes de abrir de golpe. El mango sostenido y la hoja deslizándose a la altura de su muñeca. Alzó el brazo frente a su pecho y se acercó a la figura que permanecía en el suelo.

Su corazón golpeaba veloz, furioso. Un tambor de guerra que amenazaba con destrozarle la caja torácica. A medida que se iba acercando la figura comenzaba a tomar forma. Tragó saliva.

No era un fantasma, ni siquiera un juego de luces, ni una ilusión óptica. Era real, tan vivo como Ryota o ella misma. Tragó saliva y se arrodilló. Aún no guardó el arma, por seguridad, por precaución. Hasta que lo sintió. Una mano que se aferró a una de sus piernas, acto seguido notó los dientes abrirse paso en su carne.


[Imagen: Jhmm.png]

Ahogó un grito en su garganta y contuvo clavarle la daga en la espalda. Le apartó el rostro con un movimiento ágil y seco para que la soltara. Aquel ser la observó, la mirada perdida, con un deje lastimero... y ella se fijó en su tez. Pálida, completamente. Manchas oscuras sosteniendo sus ojos. Pómulos marcados, mejillas hundidas. Se mordió el labio inferior y guardó el arma. Aquel hombre necesitaba ayuda, estaba evidentemente desnutrido, famélico. La carne, escasa. Era, mayormente, una amalgama de músculos y huesos. Quizás hasta estaba en un delirio en el que ella era una apetecible comida.

Rápidamente agarró la extremidad que sostenía su pierna y buscó su pulso. Aunque débil, era constante, insistente. No moriría, no si podía evitarlo. Con facilidad le ayudó a incorporarse, aquel hombre no pesaba demasiado, estaba débil, delgado, e incluso alguien como ella, con su fuerza, podía manejarlo cómodamente.

Se dirigió de vuelta al bolso, junto a Ryota y tras escudriñar en él, sacó varias casi esferas de papel de plata para volver al centro de la sala. No tenía tiempo para hacerle preguntas, eso podía esperar. Desenvolvió la primera, revelando una bola de arroz con una lámina de alga. Sí, en el restaurante se había guardado algunas pieza de comida, nunca se sabe cuándo puede darte hambre entre horas, y le salieron gratis.

Se la acercó con ambas manos.


[Imagen: Secuestro.png]

—Come, tengo algunas más. No es mucho, pero algo hará. —Su voz suave, contenida. No quería asustarlo, no quería reprocharle. Pese a haber sido mordida quería ayudarle, aunque no podía evitar darse cuenta de lo surrealista de la situación. Un desconocido hambriento pretendiendo devorarla -literalmente-, un amigo paniqueado por un pequeño arácnido... y ella teniendo que cuidar de ambos.

Y pensar que solo quería unos pocos berries...
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RE: [Pasado] Fantasmas en karate | Social - por Liora - 27-11-2025, 03:50 AM

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