Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin | +18}
#2
El restaurante estaba tan silencioso que casi podía escuchar mi propio pulso, y eso que venía caminando con paso firme desde afuera. Rojo y dorado por todos lados, como si quisieran convencerte de que la elegancia es cuestión de saturación. Yo había reservado, claro. Desde que me fui de casa prefiero asegurar cada paso en tierra ajena: la incertidumbre ya la tengo gratis adentro del pecho, no hace falta sumarla en la entrada.

La Isla del Karate me venía resultando particular. Ese olor a arroz húmedo, a incienso de entrenamiento, a lluvia que todavía no cae… Una mezcla que me dejaba inquieta, pero lúcida. Cuando tengo la cabeza a mil, comer algo bueno suele centrarme un poco. Bah, un poco nomás, porque mi ansiedad siempre corre adelante de mí.

Apenas crucé la puerta, noté el detalle molesto: los meseros quietos, rígidos, dignos de un museo. Ni una reverencia, ni un “buenas tardes”, ni un mínimo gesto. Me acomodé la capa y respiré hondo, tratando de no fruncir el ceño; es todo un tema cuando el hambre empieza a opinar por mí.

Y ahí lo vi.

Un hombre alto para los estándares del resto… pero no del mío. Yo lo superaba por más de un metro, así que lo primero que me llamó la atención no fue su tamaño, sino la naturalidad con la que llevaba las alas desplegadas, oscuras y marcando un contorno elegante. Eso, en un lugar de alta alcurnia, me resultó curioso. No todos se muestran así, tan tranquilos, tan expuestos. Su porte era cuidado, su ropa ordenada, su cabello recogido con intención. Y aún así, nadie lo atendía. Lo ignoraban como si fuera parte del mobiliario.

Me acerqué lo justo, manteniendo la distancia habitual de quien no quiere invadir ni ser invadida.

— Raro, ¿no? — dije con una calma que me costó sostener — Ni con reserva logran mover un dedo. Deben estar practicando algún saludo ancestral que les dura horas.

Una sonrisa breve, apenas un destello. Humor para no mandarlos al diablo, básicamente.

— Si querés, podés sentarte en mi mesa mientras deciden recordar su trabajo. Yo, sinceramente, tengo un hambre que me está gritando desde hace rato, y no pienso esperar a que alguno despierte de su trance zen. Es todo un tema.

Hice un leve gesto hacia la mesa preparada para mí, al fondo, donde ya habían dispuesto té caliente y una carta lacada.

El aroma del arroz, del pescado glaseado y de las especias del wok flotaba en el aire como una promesa.

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RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - por Asherah Bel-Nadin - 27-11-2025, 05:43 AM

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