27-11-2025, 03:10 PM
(Última modificación: 27-11-2025, 03:27 PM por Asherah Bel-Nadin.)
Well... am I yours?
I guess what I'm tryin' to say is I need the deep end
I guess what I'm tryin' to say is I need the deep end
La hoja besando la tierra vibró apenas, como si hubiera retenido el último aliento del movimiento que la había guiado. Distinguí su espalda todavía tensa, las alas plegadas con una torpeza orgullosa, la mirada afilada intentando resolver quién era yo sin admitir que ya lo sabía.
Su voz —siempre un filo envainado en mala educación— llegó primero.
Me mordí un costado del labio para no sonreír. Qué tipo. Podía atravesar un tronco de un tajo, pero enfrentarse a un nombre dicho con cariño lo dejaba descolocado como un nene. Lo miré en silencio unos segundos, dejándole ese espacio que necesitaba para acomodarse en su propia incredulidad. Él buscaba mi rostro desde atrás de sus alas, como si estuviera espiando una memoria que no quería admitir.
— Sí — respondí al fin, con la simpleza que corta mejor que cualquier espada — Te estaba llamando. Y lo dije bien, no te hagas el dolobu. Dongryong Lü Yán.
Lo vi tensarse. No de miedo; de reconocimiento. Ese tipo de reconocimiento que se te mete por el estómago y te deja sin lugar donde poner las manos.
Él clavó más firme la barra en la tierra, cruzó las piernas, se apoyó, se sostuvo. Cada gesto suyo parecía un intento de decidir si daba un paso hacia adelante o si retrocedía al pasado donde me tenía acomodada. Lo dejé hacer. Después de todo, siempre había necesitado un poquito más de proceso que yo.
Cuando por fin habló otra vez, lo hizo con esa mezcla insoportable de humor bruto y verdad a medias que era puro él.
La risa se me escapó como un chispazo. No era dulce, no era liviana; era esa risa que sale cuando ya no duele nada.
— Hhh-heh-hhh ¿Caliente, eh…? — repetí bajito, casi saboreando la palabra, como si la estuviera pesando entre los dientes.
Mi mirada trepó por su torso, por el filo apoyado en la tierra, por la curva exacta donde su respiración hacía sombra — Mirá qué desfachatez… ¿y antes también pensabas lo mismo de mí, Lü? — pregunté con un filo suave, uno que brillaba más por sinceridad que por maldad.
Di un paso hacia él. No uno tímido: uno entero, firme, de esos que no piden permiso porque saben que el cuerpo adelante entiende el idioma sin traducciones.
Seguía sin invadirle el espacio, pero ya lo estaba tocando con otra cosa. Con intención. Con memoria.
— Porque… — seguí, ladeando apenas la cabeza, dejando que la luz me recortara el perfil — …habrán pasado algunos años, pero no fueron tantos como para que yo me haya convertido en otra persona... es todo un tema.
Lo dejé flotando un instante. Un segundo de silencio digno, como para que solito se diera cuenta sin afirmarlo yo misma, que si, que yo era esa ex a quien se había referido.
— ¿O es que sí ves cambios? — mis cejas se alzaron, curiosas, casi divertidas. — ¿O será que me estás mirando con otros ojos? No los protocolares… no los que te obligaban cuando teníamos aquel arreglo familiar colgando del cuello. — Y ahí me salió una risa cortita — Hhh-heh-hhh... Porque vos y yo… nunca fuimos protocolo. Jamás nos salió.
El brillo de la luna se filtró entre las alas negras que lo escoltaban, y lo usé: avancé un último paso, pequeño pero decidido, lo suficiente para que, si alzaba la vista, el reflejo de mis ojos celestes le llenara el campo de visión.
— Mirame, Lü. — El diminutivo salió natural, casi afectuoso, casi burlón — Si te animás — dejé caer la frase con un ritmo lento, resbaloso — …podes conocerme de verdad esta vez.
Mi ala derecha se plegó un poco saliendo totalmente del escondite entre mis ropas, obediente al instinto que siempre me delataba cuando estaba expectante. No era seducción; era naturaleza. Era la marca de mi linaje latiendo bajo la piel.
Lo observé ahí, apoyado en su filo, con esa mezcla de soberbia y desconcierto tan suya. Y una chispa se me encendió en los ojos, ligera como una brasa bien cuidada.
— Después de todo, Lū… — murmuré con humor apenas inclinado, acomodando mis pulseras sobre las muñecas, luego la tiara sobre mi frente y al final tirando los breteles de la blusa, haciendo que mi busto se meciera con cadencia sumida — …si me vas a comparar con alguien, que sea con la versión mía que nunca te dejé ver.
Honestamente… el futuro estaba oliendo a electricidad linda. Y yo no tenía ningún problema en entrarle primero.
