[EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros
#5
Yo no soy yo, soy este
Que va a mi lado sin yo verlo
Que a veces voy a ver y a veces olvido
El que calla sereno cuando hablo
El que perdona dulce cuando odio
El que pasea por donde no estoy
El que quedará en pie cuando yo muera....

El tiempo no espera. La vida no para. El momento llega y la paciencia premia a los más longevos. 
La madera de blancos tonos reposaba bajo mis rodillas en mi postura arrodillada. Mi pecho retumbaba ritmos de guerra, retumbaba al son de la percusión de mis latidos, me sentía... Enfocado. 

- Churrita - 

Una sola palabra bastaba para derruir minutos de concentración, a veces el esfuerzo de unos se convierte en la diversión de destrucción de otros, sé de lo que hablo, iba a hacer eso mismo en escasos minutos. 

- ¿Qué quieres? - respondo de manera cortante y borde. 

- Nada, si yo es por tocarte los huevos, chulo. RAh RAh - 

Suspiro mientras mis palmas golpean las maderas de mi habitación y me levanto rompiendo mi postura, lo hago con calma, la misma que Nicolás me obliga a perder poco a poco. 

- Esto no ha servido para nada - digo refiriéndome a la meditación

- Nada de lo que haces - 

- Deja de inflarme los huevos - 

- Me necesitas - 

- Lo mismo que un mordisco en los cojones - 

La conversación se da mientras muevo por mi cuarto, hacia el lado izquierdo de la instancia, dónde, en unos maderas reposa mi arsenal, presente y listo. Un recordatorio de lo que fui, soy y seré. 

Enumero y busco lo quiero portar en esta ocasión, mis ojos se deslizan entre los filos de mi armas. La espada para gigantes, descartada por ser demasiado grande para este momento, necesito ser diestro, no destructor, todo lo que rompa tendré que volverlo a construir una vez este lugar sea mío. El palo de la enseñanza es inútil, hoy no he venido a predicar, he venido a someter, un arma didáctica sería una perdida de tiempo. El hacha.... Mmm dudo por un instante, es divertida, alocada... Pero no es mi estilo. Observo el escudo y medito, sin duda podría ser útil pero... Un arma para defenderse ¿a caso eso es un arma? No... Hoy la victoria debe ser total, no debe haber dudas sobre nuestro poder, no ofenderé a las vidas que segaré con algo impropio de mi. También la descarto. Entonces... Ya sé lo voy a necesitar. 

- La daña-almirantes - digo mientras agarro de su soporte a la katana normal y corriente con la que en su día, a falta de mi amada espada, conseguí herir a esa mierda andante de Yugu Dimipalo, almirante de mis santos cojones humeantes. La agarró a mi cintura enfundada, la dejo lista para su uso, Plan B también habría sido un bueno nombre, pero la daña-almirantes acojona mucho más. 

- Cuchillo - mis ojos se mueven rápidos hacia el tanto que compre junto a la espada de gigantes y el hacha. Lo agarro y lo acoplo en mi espalda, encintado por debajo de las lumbares.

- El dial - digo mientras beso ese extraño aparato y bajo mis manos mientras las meto en mi gabardina, recontando todos los artilugios y artefactos que he comprado en las islas que hemos parado de camino, en una de esas perdí a Ben. 

- Ben, Zarek, Kenjo, Kazuya, Gaeru... Eaa - La lista de todos los Mushokus que perdí por el camino, más de los que quedamos, he tenido que sacrificar mucho para llegar hasta aquí, incluso me he sacrificado a mi mismo.

Y para el final...

- Tú - Mi voz tiembla mientras la espada me llama. La Hoja del Luto, su filo cada día se ve más frío, trae cantos de otros mundos, mundos alejados, dónde los vivos no tienen poder, desde los cuales su gélido susurro me insta a seguir sumando las vidas que robo, su filo ahora es frío como el hielo, sus voces ahora son mucho más poderosas, su negro cada día es más oscuro, se alimenta de mi, por eso la enterré y ahora... - Tú y yo, Lily - digo mientras pronuncio ese nombre, que sale agrietado por mi garganta, que rasca mi lengua y baila entre los recuerdos para perderse entre el humo que me conforma. Agarro a mi fiel espada por su empuñadura, desenfundada, mellada, amenazante. Siento como conectamos una vez más, como sus deseos y los míos se sincronizan.  

- Estoy listo - 
Salgo de mi camarote mientras empiezo a escuchar los cañonazos. 
- Fuegos artificisticos, Churrita ¡ESTÁN CELEBRANDO NUESTRA LLEGADA! ¡ESTÁN CELEBRANDO EL NACIMIENTO DE SU NUEVO REY! Sir Nicolás "The little" Primero de su nombre, la perdición de los comunistas - 
Se me escapa un suspiro que rápidamente se transforma en un tímida carcajada. Ese puto coco parlante no sabe lo que nos espera, puto imbécil. No sé como no he sido capaz de deshacerme de él. 
Mientras salgo de la zona de camarotes hacia cubierta noto como el barco empieza a virar, en mi último paso veo como al pequeño navegante, esquivando las bolas como si el mar fuera suyo. 
No digo nada. 
Acto seguido escuché a Quetzalli, sin ningún tipo de orden vociferó el número de enemigos, que eran suyos. Mis ojos le perdieron y pude escuchar al viento susurrar su nombre. 
No digo nada. 
Camino por cubierta acercándome a la baranda mientras observo la enorme isla que se levanta frente a nosotros, esperando que rapax aparezca, su fuerza hoy me vendría bien. Lleva en cama desde que decidimos esto, creo que le quedan pocas horas uno más que he perdido por el camino. 
Aun que siento rabia, no digo nada. 
Oigo a Artur desde el cielo, el chico sigue con nosotros, demasiado perdido entre sus libros y sus ideas, seguramente igual que perdido que sus ropas, igual hoy no debía bajar con nosotros, pero una vez más... 
No digo nada. 
Como si fuera un resorte, el sonido del ancla hundiendo su pesado metal en el agua de la orilla del puerto liberó de mi pecho todo lo que tenía guardado. 
El humo siseó entre la comisura de mis labios y bailó ascendiendo hacia el cielo, generando una enorme humareda que se escapaba por mi boca, como si en mi interior hubiera un incendio. 
Ordené al humo, como siempre lo había comandado y formó para mi. Sobre el niebla de guerra se generó una gigantesca calavera de humo con dos cuernos, intenté que se pareciera a la que Rapax había dibujado para nosotros, era una señal. La calavera observó la isla con sus cuencas hundidas, amenazante.
Salté sobre la barandilla y me dejé caer como un peso muerto sobre el puerto. Mi peso hizo rechinar la madera. Mis pies por primera vez tocaron lo que tanto ansiaba, mi paraíso pirata, la piedra angular sobre la edificaría mi reino de pena y ruina. El lugar desde dónde empezaría mi verdadera historia, el lugar desde dónde comandaría uno de los mayores ejércitos que el mundo hubiera conocido. El lugar en el que me coronaría como el Rey de todas las cosas. Hachinosu, mi mayor tesoro. Pero yo... 
No dije nada. 
Por qué no tenía nada que decir.
Los actos hablaban por si solos.
Los Mushoku habían llegado a Hachinosu.
Resumen

Bélico

Inventario

Contenido Oculto
[Imagen: 51pnN8x.png]
  Responder


Mensajes en este tema
RE: [EVENTO LOCAL - MUSHOKU] Una jauría de perros - por Ashura - 27-11-2025, 08:33 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)