Lelith en el País de las Pesadillas - [Aventura, T1, Presente Absoluto]
#6
El impacto del conejo contra la pared retumbó en la selva como un pequeño chasquido de justicia retrasada. El dichoso conejito blanco rebotó y quedó confundido por un instante, lo justo para que mi risa se desbordase aún más; aguda, temblorosa y empapada de esa droga que me hacía bailar o temblar, ya ni siquiera me importaba...

Llegué tan frenética que la respiración me ardía en la garganta y el corazón me martilleaba el pecho con un ritmo que parecía querer romperme las costillas desde dentro... La droga me empujaba y me zarandeaba, cantándome canciones que nadie con lucidez escucharía jamás... Cada latido se convirtió en un pensamiento cruel. El conejo está acorralado. No atrapado aún, no al alcance de mis manos, pero ya sin escapatoria. Y la selva… la selva parecía darse cuenta. Las lianas que cuelgan alrededor tiemblan, largas y húmedas, traicioneras, como si llevaran horas esperando la ocasión perfecta  para participar. Algunas parecen descender apenas un palmo más de lo que deberían, como si hubieran olido la violencia en mi risa y quisieran unirse a la fiesta. El aire, espeso y mareado, se arremolinaba a mi alrededor como si se me animase a hacer algo horrible... Maravilloso.

<< Pero... demasiado oportunas... ¿De dónde ha salido para empezar este bicho que puede hablar? ¿Antes no era mas grande? Bah que más dará, veamos que guardas bajo esa blanquita piel... >>

Levanté la katana con una energía delirante, alimentada por una mezcla de furia, risa y química. Perdí enseguida la cuenta... Las lianas se desplomaban como serpientes muertas, cayendo sobre el espacio donde el conejo intentaba moverse. Alguna golpeó el suelo a centímetros de él. Otra se dejó balancear justo frente a su ruta. Otra cayó sobre su lomo y lo hizo agitarse con torpeza, luchando por recuperar el control. Las sombras vibraron a su alrededor, como si celebraran la inminencia del desastre... como si incluso las propias alucinaciones quisieran observar como terminaba finalmente el pobre conejito.

Cada vez más atrapado entre lianas cortadas y obstáculos improvisados que lo hacían resbalar, tropezar y perder esa agilidad insultante de hace un momento, el conejito tembló. La pared del acantilado se mantuvo firme, implacable, convirtiendo la escena en una esquina sin salida. Y mi risa incontenible, afilada como un filo recién pulido, resonó por media selva.

La última liana cayó con un golpe húmedo, lo que me hizo sospechar que esta vez no era una liana. La sangre cálida que me salpicó la mejilla fue demasiado roja para ser savia. Alguna que otra serpiente se había mimetizado con ridícula dedicación... La vi caer a mis pies, partida en dos, y solté una carcajada detrás de otra.

- Quédate quieta o deja de parecerte tanto a una puta liana, ¿quieres? -no pude evitar decir entre risas, limpiándome la sangre con el dorso de la mano, extendiéndola aún más por mi mejilla torpemente-.

[Imagen: 71162eec-6f6d-4983-9ff2-c0729e37a8f3.web...9b6a6135fd]

La droga siguió cantándome en los oídos, intensificando cada color, haciendo que la selva pareciese más verde de lo posible. Demasiado verde. Ridículamente verde. Demasiado incluso para serpientes que no sabían qué demonios era el camuflaje discreto.

Pisando hojas, sangre y pedazos de serpiente me acercaba al conejo pues, casi ahogándome de la risa incontrolada.
Con cada carcajada, las venas de la frente me palpitaban... gordas, irritadas, marcando un pulso que parece gritar que iba demasiado acelerada para estar viva.

- Ven aquí, pequeño insulto con patas… Vamos a dejarte bien sujeto. Bien cómodo. No querría que te me vuelvas a escapar, ¿entiendes?

La primera vuelta era fuerte. La segunda, más fuerte aún. La tercera ya fue innecesaria. La cuarta, directamente absurda. Pero no me detendría ahí... La droga me decía que aún no era suficiente. Y el ritmo frenético de mi corazón, exigió seguir...
En algún momento perdí la cuenta. Quizá por la respiración agitada. Quizá porque las carcajadas se volvieron algo  espasmódicas. O quizá porque estaba demasiado ocupada intentando que las lianas dejasen de resbalar por estar cubiertas de sangre de las malditas serpientes... 

Cuando terminé, el resultado fue… espectacularmente ridículo. El conejo no era ya un conejo. Era un bulto desproporcionado de cuerda temblorosa, como si de una fruta demasiado madura y envuelta con cien capas de hojas ensangrentadas se tratase... Al mirarlo detenidamente, parpadeé. Incliné la cabeza con curiosidad, y estallé en la mayor risa de mi vida, tan fuerte que hice salir volando a un par de pájaros de las ramas.

- Bueeeeno… -jadeaba- Igual… igual me he pasado un poquito. Solo un poquito... Bah, da igual. Si te asfixias, gritas. Y si no gritas… también me sirve -dije de nuevo sonriendo-.

Satisfecha, me incorporé y me volví a limpiar la sangre que se había extendido no sé cómo por mas partes de mi cara... con el orgullo absurdo de quien cree haber hecho un nudo perfecto. Aunque el nudo era tan exagerado que necesitaría un manual de instrucciones para si quiera encontrar dónde empezaba...
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RE: Lelith en el País de las Pesadillas - [Aventura, T1, Presente Absoluto] - por Lelith Hesperax - 27-11-2025, 10:23 PM

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