28-11-2025, 02:30 PM
A inicios me negaba a ver la verdad, indiferente ante su mirada cálida y profunda que sin distancia ni vergüenza me alcanzaba cariñosamente buscando un entendimiento intimo tan personal y del cual estaba desacostumbrado, ¿cuándo había sido la última vez que ella me observaba con tanta dulzura? era diferente, distinguible y no sabia por lo menos en principio reconocer ni su rostro ni la intención que aparecía repentina y lentamente de la nada, aunque inevitablemente sentiría aprecio bajo el peso de su mirada, por lo cual frunciría con tristeza mi entrecejo, ¿debía según la etiqueta social hacer una expresión confundida? de ser así, fui grosero, incapaz de apartarme del brillo de sus ojos que observe intrigado, melancólico, distinguiendo y aceptando el debido recuerdo a su nombre.
En principio habría esperado cualquier otra emoción, persiguiendo la comisura de sus labios sobre aquel curioso instante incierto forjado en pena por naturaleza y del cual no podía sino también acercarme buscando su rostro, ¿cuánto había pasado desde que había abandonado nuestro matrimonio? que vergüenza, pero siempre había sido un hombre descarado por lo cual incluso si había vivido una vida alegre sin mí no pude resistirme en su dulzura, disponiendo la palma de mi brazo izquierdo por debajo de su mentón mientras también introducía en las hebras de cabello en su nuca la caricia y sostén de dos de mis dedos presionando con el pulgar la comisura de sus labios.
-Dime: ¿cómo es la vida de una mujer casada? ¿él te hace feliz? ¿lo amas?- interrumpiría, habiendo aceptado esa era quien hubiera sido mi mujer y reconociendo también que habían pasado suficientes años para ser la de otro, tal vez habiendo querido preguntar sino en cambio sí estaba perdiendo mis sentidos en un delirio autoinducido en donde imaginaba todavía nuestra cercanía incluso cuando de más de jóvenes no había sido más que cortesía, entonces fruncí la comisura de mis labios hacia atrás insatisfecho, entristecido y apreciando con sorpresa haber podido ver nuevamente a esta quien seguramente para este punto de la vida había formado una hermosa familia.
No obstante, la mitad de la comisura de mis labios se alzó en una sonrisa caprichosa ante su segunda pregunta aquella que no iba a poder ignorar tan fácilmente mientras parecía regañarme por apuntar no haber cambiado, entonces asentí dos veces para ella: -Pero, aun así, primera vez que te veo vistiendo algo ajustado: luces bien.- remarque como sí hubiera sido tan sencillo y evidente que no necesitaba ser mencionado de una manera directa, evitando pronunciar su nombre bajo el mismo sentido en que ambos sabíamos ahora y obedeciendo a su orden donde solicitaba más atención, una fijación o una mirada directa, mientras ella expresaba también sus pensares.
-Mujer tonta: ¿acaso de verdad crees que nunca me sentí atraído hacia ti o que no podía ver toda tu belleza?- regañe con torpeza en un tono gentil, frunciendo la mirada con una molestia fingida mientras que rechistaba y negaba repitiendo un gentil movimiento de cabeza para hacer énfasis, porque claro que era una mujer hermosa, entonces dispuse mi mano zurda alrededor de su cintura cubriéndola con mi brazo incluso aunque imaginaba mis palabras consiguieran su molestia, su tristeza o sentimientos enterrados que vendrían de la duda por qué, porque era cierto que nunca me había explicado, -Decidi convertirme en pirata con el pesar de abandonarte: porque me gustabas pero era un compromiso no tú decisión ¿y mi decisión?, bueno, quería conocer mundo.-
Así sin más volvería a regañar a la mujer quien debía de regañarme a mi.
Disponiendo mi frente encima de la suya mientras esta iba acomodandose.
Esperando que procesara mis palabras luego de haber ignorado su oferta,
Aunque a medias, mientras no le apartaba ni le besaba ni nombraba, aún.
En principio habría esperado cualquier otra emoción, persiguiendo la comisura de sus labios sobre aquel curioso instante incierto forjado en pena por naturaleza y del cual no podía sino también acercarme buscando su rostro, ¿cuánto había pasado desde que había abandonado nuestro matrimonio? que vergüenza, pero siempre había sido un hombre descarado por lo cual incluso si había vivido una vida alegre sin mí no pude resistirme en su dulzura, disponiendo la palma de mi brazo izquierdo por debajo de su mentón mientras también introducía en las hebras de cabello en su nuca la caricia y sostén de dos de mis dedos presionando con el pulgar la comisura de sus labios.
-Dime: ¿cómo es la vida de una mujer casada? ¿él te hace feliz? ¿lo amas?- interrumpiría, habiendo aceptado esa era quien hubiera sido mi mujer y reconociendo también que habían pasado suficientes años para ser la de otro, tal vez habiendo querido preguntar sino en cambio sí estaba perdiendo mis sentidos en un delirio autoinducido en donde imaginaba todavía nuestra cercanía incluso cuando de más de jóvenes no había sido más que cortesía, entonces fruncí la comisura de mis labios hacia atrás insatisfecho, entristecido y apreciando con sorpresa haber podido ver nuevamente a esta quien seguramente para este punto de la vida había formado una hermosa familia.
No obstante, la mitad de la comisura de mis labios se alzó en una sonrisa caprichosa ante su segunda pregunta aquella que no iba a poder ignorar tan fácilmente mientras parecía regañarme por apuntar no haber cambiado, entonces asentí dos veces para ella: -Pero, aun así, primera vez que te veo vistiendo algo ajustado: luces bien.- remarque como sí hubiera sido tan sencillo y evidente que no necesitaba ser mencionado de una manera directa, evitando pronunciar su nombre bajo el mismo sentido en que ambos sabíamos ahora y obedeciendo a su orden donde solicitaba más atención, una fijación o una mirada directa, mientras ella expresaba también sus pensares.
-Mujer tonta: ¿acaso de verdad crees que nunca me sentí atraído hacia ti o que no podía ver toda tu belleza?- regañe con torpeza en un tono gentil, frunciendo la mirada con una molestia fingida mientras que rechistaba y negaba repitiendo un gentil movimiento de cabeza para hacer énfasis, porque claro que era una mujer hermosa, entonces dispuse mi mano zurda alrededor de su cintura cubriéndola con mi brazo incluso aunque imaginaba mis palabras consiguieran su molestia, su tristeza o sentimientos enterrados que vendrían de la duda por qué, porque era cierto que nunca me había explicado, -Decidi convertirme en pirata con el pesar de abandonarte: porque me gustabas pero era un compromiso no tú decisión ¿y mi decisión?, bueno, quería conocer mundo.-
Así sin más volvería a regañar a la mujer quien debía de regañarme a mi.
Disponiendo mi frente encima de la suya mientras esta iba acomodandose.
Esperando que procesara mis palabras luego de haber ignorado su oferta,
Aunque a medias, mientras no le apartaba ni le besaba ni nombraba, aún.
