29-11-2025, 10:58 AM
En el tiempo que el tabernero llegaba comencé a oír una voz que no sabía de donde provenía, sin embargo me resultaba harto familiar "Esta voz me recuerda a..." Por desgracia mi memoria no era la mejor, no lograba recordar donde la había escuchado. Miré a los lados curioso hasta que entendí que ese sonido no venía de arriba a de alguien a mi altura, pues al llegar, el barman miró al asiendo de al lado, Cuando observé con atención pude apreciar en el mullido sillín del taburete a una pequeña persona con cola y afilada nariz. -Diantres Alana, no esperaba verte por aquí.- Al ver su rostro la reconocí al instante, era esa pequeña mujer a la que ayudé tan gentilmente en Sobert, parecía interesada por hablar conmigo mientras comíamos. -La verdad es que es la primera vez que visito estos parajes. Tu pareces familiarizada con el entorno de Samba.- Le dije algo curioso mientras me agachaba para subirle el sillín y pudiese estar a la altura de la barra.
El tabernero, alto, ancho de espaldas, calvo y con una cicatriz en su mejilla derecha se cruzó de brazos, impaciente porque pidiésemos una comanda. -Bueno ¿Qué va a ser? No tengo todo el día.- Su voz era áspera y maltratada por el tiempo y la vida no era demasiado simpática, parecía molesto, o tal vez él era así. Lo miré algo apurado y puse mis manos en la barra.-Disculpe caballero. Quería probar un buen tazón de ramen de pato gambas. Además, me gustaría beber algo de sake, por favor tráiganos una botella a mi amiguita y a mi.- El hombre hizo un mal gesto con el rostro y masculló algo mientras se daba la vuelta e iba a dar la comanda a la cocina. Yo acerqué mi rostro hacia la pequeña acompañante y con un tono de susurro le hable. -Alguien se levantó con el pie izquierdo.- Le dije en tono cómplice mientras el señor estaba de espaldas.
Mientras tanto la gente comenzaba a animarse a medida se adentraba la noche en el cielo, entrando mas marineros de aguas lejanas, creando ruido y algo de griterío, los camareros empezaban a moverse con mayor velocidad, aquella noche sería movidita para ellos y, aunque aún no lo sabíamos, también lo sería para Alana y para mi. -Vaya, parece que la cosa empieza a animarse, ¿no crees?.- Pregunté mientras me erguía de nuevo y miraba a nuestro alrededor. La verdad es que no parecían las mejores compañías, pero no era algo que me preocupase, no era mi intención meterme en problemas, mucho menos con tanta gente implicada, no era especialmente un buen luchador.
Al poco tiempo el tabernero volvió con nuestro pedido, casi dejándolo caer a la barra con desgana y dejando unos palillos al lado de cada cuenco, que eran de distinto tamaño. Miré el plato, que, si bien su presentación no era la mejor, su olor era una sinfonía placentera en la nariz. -Hhmm... Huele que alimenta.- Cogí los palillos y con soltura los volteé entre mis dedos hasta colocarlos en la postura adecuada. -Al ataque.- Sin miramientos di el primer bocado, masticando con parsimonia mientras me deleitaba con los sabores en mi paladar mientras el guardián de la barra ponía dos pequeños vasos y una botella de sake para ambos.
El tabernero, alto, ancho de espaldas, calvo y con una cicatriz en su mejilla derecha se cruzó de brazos, impaciente porque pidiésemos una comanda. -Bueno ¿Qué va a ser? No tengo todo el día.- Su voz era áspera y maltratada por el tiempo y la vida no era demasiado simpática, parecía molesto, o tal vez él era así. Lo miré algo apurado y puse mis manos en la barra.-Disculpe caballero. Quería probar un buen tazón de ramen de pato gambas. Además, me gustaría beber algo de sake, por favor tráiganos una botella a mi amiguita y a mi.- El hombre hizo un mal gesto con el rostro y masculló algo mientras se daba la vuelta e iba a dar la comanda a la cocina. Yo acerqué mi rostro hacia la pequeña acompañante y con un tono de susurro le hable. -Alguien se levantó con el pie izquierdo.- Le dije en tono cómplice mientras el señor estaba de espaldas.
Mientras tanto la gente comenzaba a animarse a medida se adentraba la noche en el cielo, entrando mas marineros de aguas lejanas, creando ruido y algo de griterío, los camareros empezaban a moverse con mayor velocidad, aquella noche sería movidita para ellos y, aunque aún no lo sabíamos, también lo sería para Alana y para mi. -Vaya, parece que la cosa empieza a animarse, ¿no crees?.- Pregunté mientras me erguía de nuevo y miraba a nuestro alrededor. La verdad es que no parecían las mejores compañías, pero no era algo que me preocupase, no era mi intención meterme en problemas, mucho menos con tanta gente implicada, no era especialmente un buen luchador.
Al poco tiempo el tabernero volvió con nuestro pedido, casi dejándolo caer a la barra con desgana y dejando unos palillos al lado de cada cuenco, que eran de distinto tamaño. Miré el plato, que, si bien su presentación no era la mejor, su olor era una sinfonía placentera en la nariz. -Hhmm... Huele que alimenta.- Cogí los palillos y con soltura los volteé entre mis dedos hasta colocarlos en la postura adecuada. -Al ataque.- Sin miramientos di el primer bocado, masticando con parsimonia mientras me deleitaba con los sabores en mi paladar mientras el guardián de la barra ponía dos pequeños vasos y una botella de sake para ambos.
