29-11-2025, 03:47 PM
(Última modificación: 29-11-2025, 03:48 PM por Eros Focalor.)
Pese a lo nuevo que le resultaba que Gwen tantease su rostro para entender sus facciones, buscó quedarse lo más estoico posible en pos de que ésta pudiese entender la geografía de su silueta. No obstante, no pudo esconder la sonrisa tímida y una ligera risita que se escapó cuando ella pensó que era mayor. — Tengo veintiocho años, soy un poco mayor que tú me imagino —Aclaró, pues era un poco más joven que Alana pero era la más cercana a su edad en toda la tripulación. Entonces con un último trago se terminó su termo de café, y dejo el mismo en el suelo para entonces asentir.
De verdad creía posible la recuperación de la vista, o mejor dicho, la obtención de la misma pues ella nunca había visto pero... De momento, Eros sabía que no se trataría de una fruta la que lo haría capaz. Pues las frutas parecían siempre venir con pegas en el camino, detalles particulares nunca milagros sino más bien maldiciones curiosas.
— Conque frio eh... —Odiaba el frío, pero no se lo dijo porque no la odiaba a ella y pensaba en ese punto que nunca podría hacerlo. — Te voy a mostrar la mía —Con timidez tomó las manos de la joven suavemente para levantarlas a la altura del pecho de la misma, las rodeó con las propias. — Cuando yo le diga baje las manos hasta el suelo ¿Si? —Era fundamental para poder entenderlo. Entonces, se convirtió en su forma completa.
Veinticinco centímetros en frente de ella, igual de ciego que ella. Con su pelaje oscuro, y su nariz olfateando el aire que ahora podía percibir con más detalle. — Aquí estoy... Cuando me convierto tampoco puedo ver, tengo que guiarme por el olfato y el tacto —Le explicaría finalmente moviendo sus bigotes a la vez que las palabras escapaban de su trompita.
Era un topo, y no le molestaba en lo absoluto pues en parte le ayudaba a entender el mundo de la misma manera que su amiga. Ciego y con una habilidad natural para cavar, parecía que el mismo Dios al que Gwen le rezaba se había burlado de él, o quizás la fruta había resonado de alguna manera buscándolo. Lo cierto era que el destino operaba de formas graciosas.
De verdad creía posible la recuperación de la vista, o mejor dicho, la obtención de la misma pues ella nunca había visto pero... De momento, Eros sabía que no se trataría de una fruta la que lo haría capaz. Pues las frutas parecían siempre venir con pegas en el camino, detalles particulares nunca milagros sino más bien maldiciones curiosas.
— Conque frio eh... —Odiaba el frío, pero no se lo dijo porque no la odiaba a ella y pensaba en ese punto que nunca podría hacerlo. — Te voy a mostrar la mía —Con timidez tomó las manos de la joven suavemente para levantarlas a la altura del pecho de la misma, las rodeó con las propias. — Cuando yo le diga baje las manos hasta el suelo ¿Si? —Era fundamental para poder entenderlo. Entonces, se convirtió en su forma completa.
Veinticinco centímetros en frente de ella, igual de ciego que ella. Con su pelaje oscuro, y su nariz olfateando el aire que ahora podía percibir con más detalle. — Aquí estoy... Cuando me convierto tampoco puedo ver, tengo que guiarme por el olfato y el tacto —Le explicaría finalmente moviendo sus bigotes a la vez que las palabras escapaban de su trompita.
Era un topo, y no le molestaba en lo absoluto pues en parte le ayudaba a entender el mundo de la misma manera que su amiga. Ciego y con una habilidad natural para cavar, parecía que el mismo Dios al que Gwen le rezaba se había burlado de él, o quizás la fruta había resonado de alguna manera buscándolo. Lo cierto era que el destino operaba de formas graciosas.
