29-11-2025, 06:49 PM
Comencé a reír, cubriéndome el rostro con una mano al escuchar sus palabras. ¿Filosófico? Era probable, a veces me ponía a pensar en mierdas y podía dar la chapa. El alcohol me estaba friendo el cerebro, pero sabía lo que decía. El chico parecía estar de acuerdo con lo de tocarse los huevos mientras los demás hacían el trabajo. Pero en desacuerdo con que mi águila podía pescar más que él.
Me quedé en silencio escuchando, pensando que cualquiera que viera esta situación desde fuera tendría que pensar que estábamos borrachos o nos habíamos tomado algo peor. Por lo que me reiconroosé, sentándome apoyando mi espalda en una roca notablemente más alta que el resto. -Tampoco te piques va… -Solté en un tono calmado a la vez que hacía unos estiramientos de brazo. -Es cierto no creo que puedas ganar a un ser creado al milímetro para pescar, pues es así como sobrevive. -Suspiré profundamente, y le lancé una de mis capturas directa al pecho. -Toma, estás famélico capullo. La vas a necesitar más que yo, espero que la próxima vez que nos veamos tengas mejor aspecto y no parezcas un puto mendigo con lepra.
¿Estaba siendo amable? ¿Enserio? Esto no era propio de mi, pero suponía que si no podía convencerle que viniera conmigo al menos quería que estuviera bien y se cuidara. Era un chico peculiar, posiblemente de las personas más raras que me he encontrado en esta isla junto al chaval joven de la capa extraña. Le sonreí mientras el sol de medio día quemaba mi piel blanquecina, ayudándome a paliar los efectos del frío de la brisa otoñal.
Puede que fuera la última vez que viera a ese chico así que decidí darle un último consejo. -Las carpas tienen sueños. -Dije agarrando una entre mis manos, mirando los colores ya apagados de sus escamas y sus ojos sin vida. -Las carpas se juegan la vida para conseguir ser un dragón porque ese es su sueño y no se van a ayudar entre ellos para lograrlo, más bien todo lo contrario. Si pueden pisar y hundir al resto de su especie con tal de avanzar cinco centímetros hacia su destino lo harán sin miramientos. -Según hablaba iba aumentando el la fuerza del agarre, hasta que finalmente el pez que sostenía explotó manchando mi piel con su sangre y sus tripas y con la mirada más seria que le había dedicado hasta ahora me quedé en silencio unos pocos segundos que seria hicieron eternos.
-Las personas y las carpas no son tan diferentes, ten cuidado con las personas que se obsesionan con conseguir algo pues no dudarán en hundirte en la mierda más absoluta con tal de lograr lo que buscan. -Tras soltar aquello mi expresión volvió a su despreocupación natural, limpiándome la mano cubierta aún de vísceras de pescado sobre el césped. -Tan solo cuídate, quién sabe si nos volveremos a ver en un futuro, las corrientes del destino son demasiado extrañas a veces, y suerte pescando en otra parte.
Una vez ya efectuada la despedida miré a mi águila, dando vueltas en el cielo, localizando su siguiente presa. Que ganas de terminar de pescar y zarpar hacia Samba junto a mi hermano…
Me quedé en silencio escuchando, pensando que cualquiera que viera esta situación desde fuera tendría que pensar que estábamos borrachos o nos habíamos tomado algo peor. Por lo que me reiconroosé, sentándome apoyando mi espalda en una roca notablemente más alta que el resto. -Tampoco te piques va… -Solté en un tono calmado a la vez que hacía unos estiramientos de brazo. -Es cierto no creo que puedas ganar a un ser creado al milímetro para pescar, pues es así como sobrevive. -Suspiré profundamente, y le lancé una de mis capturas directa al pecho. -Toma, estás famélico capullo. La vas a necesitar más que yo, espero que la próxima vez que nos veamos tengas mejor aspecto y no parezcas un puto mendigo con lepra.
¿Estaba siendo amable? ¿Enserio? Esto no era propio de mi, pero suponía que si no podía convencerle que viniera conmigo al menos quería que estuviera bien y se cuidara. Era un chico peculiar, posiblemente de las personas más raras que me he encontrado en esta isla junto al chaval joven de la capa extraña. Le sonreí mientras el sol de medio día quemaba mi piel blanquecina, ayudándome a paliar los efectos del frío de la brisa otoñal.
Puede que fuera la última vez que viera a ese chico así que decidí darle un último consejo. -Las carpas tienen sueños. -Dije agarrando una entre mis manos, mirando los colores ya apagados de sus escamas y sus ojos sin vida. -Las carpas se juegan la vida para conseguir ser un dragón porque ese es su sueño y no se van a ayudar entre ellos para lograrlo, más bien todo lo contrario. Si pueden pisar y hundir al resto de su especie con tal de avanzar cinco centímetros hacia su destino lo harán sin miramientos. -Según hablaba iba aumentando el la fuerza del agarre, hasta que finalmente el pez que sostenía explotó manchando mi piel con su sangre y sus tripas y con la mirada más seria que le había dedicado hasta ahora me quedé en silencio unos pocos segundos que seria hicieron eternos.
-Las personas y las carpas no son tan diferentes, ten cuidado con las personas que se obsesionan con conseguir algo pues no dudarán en hundirte en la mierda más absoluta con tal de lograr lo que buscan. -Tras soltar aquello mi expresión volvió a su despreocupación natural, limpiándome la mano cubierta aún de vísceras de pescado sobre el césped. -Tan solo cuídate, quién sabe si nos volveremos a ver en un futuro, las corrientes del destino son demasiado extrañas a veces, y suerte pescando en otra parte.
Una vez ya efectuada la despedida miré a mi águila, dando vueltas en el cielo, localizando su siguiente presa. Que ganas de terminar de pescar y zarpar hacia Samba junto a mi hermano…
