29-11-2025, 10:21 PM
Ese era el tipo de reacción que anhelaba, que quería ver y expresar. Me motivaba como el hombre podría ver en el deseo de mis ojos, el mismo reflejo que los suyos. Mis ojos bajaron a su intimidad, separándome un poco para admirarlo; Era grande, supongo que un poco intimidante para algunos ¿Cuánto sería? Unos… ¿20 centímetros? Iniciando por la base, lamí toda la extensión hasta la punta para volver a mirarlo: Quería sus ojos en mí y solo para mí. Introduje la punta a mi boca tortuosamente lento, podría dejarle guiarme, la presión que sentía sobre mi caballera me daba a entender que quería pasar a más acción pero eso no sería tan divertido, ni le haría gemir tanto, el mayor placer viene de la expectativa.
Succioné húmedamente la punta, humedeciendo esta por completo con mi lengua lo que generaba que un chasquido se hiciera presente, mientras con una de mis manos sostenía su miembro apretándolo ligeramente antes de comenzar a estimularlo: arriba y abajo mientras poco a poco iba introduciéndolo por completo a mi boca, un poco después de la mitad, cuando había dejado de estimularlo para abrir un poco más sus piernas comencé a sentir arcadas, había pasado algo de tiempo desde la última vez que complací a un hombre, sobretodo uno con esas magnitudes pero claramente no me iba a detener, fui más rápido al terminar de tomar su intimidad por completo, subiendo mis manos a su cadera para apoyarme mejor, sintiéndolo profundamente hasta la garganta, entonces sentí mis ojos levemente llorosos y el rastro de saliva que bajaba hasta mi mentón; carajo, debía verme bastante patético.
Moví mi cabeza, sacándolo apenas de mi garganta antes de volver a introducir en un ritmo más rápido, mientras mi lengua generaba ligera presión sobre las sobresalientes venas que resaltaban. No pude evitar cerrar los ojos, completamente drogado en complacerlo; Mi mano derecha parecía moverse por su cuenta, mientras la izquierda intentaba levantar la cadera del hombre para que la contrario pudiera colarse a sus glúteos, masajeando uno de estos y abriendo ligeramente para- mierda, lubricante.
Abriendo los ojos saqué su delicioso miembro de mi boca en un pop, bajando la mano derecha de regreso a sostenerlo para dejar algunos húmedos besos antes de alejarme un poco y levantarme, mirando la obra de arte debajo de mí. Me moví, lentamente al sentir que mis piernas fallarían en cualquier momento, apoyándome en el mueble a un lado del sofá, mirando por encima. —¿Tienes lubricante? Necesito un poco… No sé que tanta experiencia tengas en anal y la saliva no es tan buen lubricante como dicen ¿me entiendes? — Mi voz sonaba un poco más ronca de lo usual, incluso tuve que darme una pausa para carraspear mientras husmeaba entre los cajones, abriendo el que tenía más cerca y encontrando un pequeño recipiente de lo que podía reconocer como lubricante. —Ya lo encontré.⁓ — Ronroneé, hincándome frente a él, acariciando el interior de sus muslos mientras me inclinaba a dejar un par de besos y lamidas sobre sus testículos. —Si quieres que regrese en lo que estaba tendrás que rogarme un poco… — Tomé ambas piernas para colocarlas sobre mis hombros, mirándolo con picardía mientras frotaba mi mejilla contra el muslo contrario. Cuidadosamente tomé el lubricante, vertiendo una considerable cantidad sobre mi dedo medio y anular, aprovechando que su trasero no estaba directamente sobre el sofá para acariciar circularmente su entrada, intentando provocarlo. —Todo ese traje formal en el suelo… ¿Qué hace un hombre de negocios siendo cogido por un delincuente como yo? —
Succioné húmedamente la punta, humedeciendo esta por completo con mi lengua lo que generaba que un chasquido se hiciera presente, mientras con una de mis manos sostenía su miembro apretándolo ligeramente antes de comenzar a estimularlo: arriba y abajo mientras poco a poco iba introduciéndolo por completo a mi boca, un poco después de la mitad, cuando había dejado de estimularlo para abrir un poco más sus piernas comencé a sentir arcadas, había pasado algo de tiempo desde la última vez que complací a un hombre, sobretodo uno con esas magnitudes pero claramente no me iba a detener, fui más rápido al terminar de tomar su intimidad por completo, subiendo mis manos a su cadera para apoyarme mejor, sintiéndolo profundamente hasta la garganta, entonces sentí mis ojos levemente llorosos y el rastro de saliva que bajaba hasta mi mentón; carajo, debía verme bastante patético.
Moví mi cabeza, sacándolo apenas de mi garganta antes de volver a introducir en un ritmo más rápido, mientras mi lengua generaba ligera presión sobre las sobresalientes venas que resaltaban. No pude evitar cerrar los ojos, completamente drogado en complacerlo; Mi mano derecha parecía moverse por su cuenta, mientras la izquierda intentaba levantar la cadera del hombre para que la contrario pudiera colarse a sus glúteos, masajeando uno de estos y abriendo ligeramente para- mierda, lubricante.
Abriendo los ojos saqué su delicioso miembro de mi boca en un pop, bajando la mano derecha de regreso a sostenerlo para dejar algunos húmedos besos antes de alejarme un poco y levantarme, mirando la obra de arte debajo de mí. Me moví, lentamente al sentir que mis piernas fallarían en cualquier momento, apoyándome en el mueble a un lado del sofá, mirando por encima. —¿Tienes lubricante? Necesito un poco… No sé que tanta experiencia tengas en anal y la saliva no es tan buen lubricante como dicen ¿me entiendes? — Mi voz sonaba un poco más ronca de lo usual, incluso tuve que darme una pausa para carraspear mientras husmeaba entre los cajones, abriendo el que tenía más cerca y encontrando un pequeño recipiente de lo que podía reconocer como lubricante. —Ya lo encontré.⁓ — Ronroneé, hincándome frente a él, acariciando el interior de sus muslos mientras me inclinaba a dejar un par de besos y lamidas sobre sus testículos. —Si quieres que regrese en lo que estaba tendrás que rogarme un poco… — Tomé ambas piernas para colocarlas sobre mis hombros, mirándolo con picardía mientras frotaba mi mejilla contra el muslo contrario. Cuidadosamente tomé el lubricante, vertiendo una considerable cantidad sobre mi dedo medio y anular, aprovechando que su trasero no estaba directamente sobre el sofá para acariciar circularmente su entrada, intentando provocarlo. —Todo ese traje formal en el suelo… ¿Qué hace un hombre de negocios siendo cogido por un delincuente como yo? —

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