30-11-2025, 08:48 AM
Ese beso.
Ese maldito beso.
Me olvidé de la cerveza, de la gente, de mis pensamientos, de mi completa exposición a ella. ¿Era un beso lo que ella necesitaba para derretirme? ¿Tanto poder tenía sobre mí con solo una vez que nos habíamos acostado? Imposible, pero mi cuerpo reaccionaba por si solo correspondiendo a aquel beso con ferocidad, expresando cuanto la extrañaba desde esa vez, me separé por ella: Nada más y nada menos ella.
Escuché sus palabras claramente ante la cercanía, el murmullo exterior siendo poco importante con cierta confusión, bueno, era cierto que tenía mala memoria… pero ¿tanto así? Si había algo que detestaba era ser uno más… Aunque ser llamado un dios… podría dejarlo pasar esta vez. Sus palabras era dulces, me suavizaban, aunque intentaba lo contrario, cerré los ojos al sentir el calor de sus labios sobre mi cuello, al borde de rendirme ante ella, pero no, menos en público.
Tomé su mentón, acariciando su mejilla suavemente mientras la miraba, sin sonreír, solamente quería verla y dios, que era hermosa, desde el primer momento me había encantado: Ardía como el fuego, tan pasional que no me importaría su violencia porque estaría llena de amor. — No repito las cosas dos veces…— Murmuré suavemente, no le diría mi nombre, por supuesto que no y esperaba que lo recordara pronto. —Estamos en público, mi hermosa Maki…— Era más crudo de lo usual ¿Qué mierda me pasaba? Y entonces, una lenta canción, suave y hermosa como las olas. Era una buena oportunidad.
La jalé a mis brazos, abrazando su cintura mientras la guiaba para bailar, tarareando levemente la melodía mientras le sonreía. —Bueno, bueno… Ahora me pregunto ¿Qué haces aquí otra vez? La honesta verdad. Si estás haciendo negocios… Me gustaría ser invitado. — Reí suavemente, andando al centro del espacio, mientras tomaba su brazo para formalizar la postura y andar con elegancia, acercándome a su oído. — Me gusta eso… un dios… contigo aquí sin duda me siento como uno. — Quería llevarla lejos, abrazarla, besarla y amarla… Pero la noche era joven y la luna todavía no terminaba de alzarse, además que.. aquella punzada todavía me causaba molestia.
Ese maldito beso.
Me olvidé de la cerveza, de la gente, de mis pensamientos, de mi completa exposición a ella. ¿Era un beso lo que ella necesitaba para derretirme? ¿Tanto poder tenía sobre mí con solo una vez que nos habíamos acostado? Imposible, pero mi cuerpo reaccionaba por si solo correspondiendo a aquel beso con ferocidad, expresando cuanto la extrañaba desde esa vez, me separé por ella: Nada más y nada menos ella.
Escuché sus palabras claramente ante la cercanía, el murmullo exterior siendo poco importante con cierta confusión, bueno, era cierto que tenía mala memoria… pero ¿tanto así? Si había algo que detestaba era ser uno más… Aunque ser llamado un dios… podría dejarlo pasar esta vez. Sus palabras era dulces, me suavizaban, aunque intentaba lo contrario, cerré los ojos al sentir el calor de sus labios sobre mi cuello, al borde de rendirme ante ella, pero no, menos en público.
Tomé su mentón, acariciando su mejilla suavemente mientras la miraba, sin sonreír, solamente quería verla y dios, que era hermosa, desde el primer momento me había encantado: Ardía como el fuego, tan pasional que no me importaría su violencia porque estaría llena de amor. — No repito las cosas dos veces…— Murmuré suavemente, no le diría mi nombre, por supuesto que no y esperaba que lo recordara pronto. —Estamos en público, mi hermosa Maki…— Era más crudo de lo usual ¿Qué mierda me pasaba? Y entonces, una lenta canción, suave y hermosa como las olas. Era una buena oportunidad.
La jalé a mis brazos, abrazando su cintura mientras la guiaba para bailar, tarareando levemente la melodía mientras le sonreía. —Bueno, bueno… Ahora me pregunto ¿Qué haces aquí otra vez? La honesta verdad. Si estás haciendo negocios… Me gustaría ser invitado. — Reí suavemente, andando al centro del espacio, mientras tomaba su brazo para formalizar la postura y andar con elegancia, acercándome a su oído. — Me gusta eso… un dios… contigo aquí sin duda me siento como uno. — Quería llevarla lejos, abrazarla, besarla y amarla… Pero la noche era joven y la luna todavía no terminaba de alzarse, además que.. aquella punzada todavía me causaba molestia.

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