pequeños encuentros [pasado][privado]
#4
En cuanto escuché mi nombre, o más bien, la manera tan peculiar en que lo pronunció, levanté la vista del borde del taburete como si me hubiesen tirado de las orejas. Parecía casi tan sorprendido como si me hubiera materializado ahí de golpe. Una parte de mí creía que se habría olvidado de mi existencia (no le culparía por ello) aunque ¿cómo olvidarse de alguien de mi estatura? Si no has conocido a algún Tontatta antes de mí. Por supuesto.

— ¿Yo, familiarizada? —bufé, moviendo la cola con un pequeño latigazo—. Lo único con lo que estoy familiarizada es con goteras asesinas y gente gritándome “ladrona” en iglesias —chisté a modo de broma; una sonrisa de oreja a oreja apareció en mi rostro al mentar el recuerdo, aquel primer encuentro—. Sí, llevo ya un tiempo en Samba con unos amigos —por no decir las palabras pirata y tripulación.

Aun así, me dejé acomodar en el sillín, porque oye, una cosa no quita la otra: que él fuese un desastre social no significaba que yo rechazara un taburete bien puesto. Subí las piernas cruzándolas encima, apoyé los codos en la barra y respiré el olor del sitio. Aceite, madera vieja, sake barato, sudor de marinero… sí, tenía ese encanto desagradable que, por algún motivo, siempre me gustaba en los bares de Samba. Hasta que el tabernero apareció como un bloque de cemento con brazos, un hombre con cara de pocos amigos y muchas menos dotes de gente que el propio Han.

— Pues cómprese un reloj y gestione bien su tiempo...—susurré entre dientes, pero bajito, por si acaso acababa yo metida en un cuenco hirviendo. Por el momento le tengo cierto aprecio a mi vida.

Han pidió su ramen, su sake, su todo, con la aparente alegría de quien no ha descubierto aún que los camareros malhumorados pueden lanzar cosas; yo lo aprendí a las malas y al grito de "¡una rata!". Cuando el hombre se marchó, Han se inclinó hacia mí con esa complicidad suya medio adorable, medio torpe.

— ¿Con un pie tan solo? Con los dos, diría yo —respondí igual de bajito—. Tiene la misma energía que una puerta cerrándose con mala leche.

El ambiente empezó a llenarse. Gente entrando, risas de borracho, vasos chocando, conversaciones que parecían peleas y peleas que parecían conversaciones. Todo muy del estilo marinero promedio. Yo me giré un poco, observando desde mi altura de minúsculo ser un mundo entero de piernas, botas enfangadas, espadas colgantes y chaquetas empapadas. Tan normal para ellos. Tan incómodo para mí.

— Sí, animado… —murmuré—. El tipo de animado del que luego alguien sale volando por una ventana. O por la puerta. O por los dos lados a la vez.

Pero no estaba de mal humor… bueno, no demasiado. Algo en aquella situación tenía su encanto. El ruido, el movimiento, la promesa de comida caliente… después del desastre en Sobert, un cuenco de ramen casi parecía un abrazo. El tabernero volvió sin alma ni ganas de vivir, dejó los cuencos con un ruido seco y los palillos chocaron al caer. El aroma subió rápido, fuerte, reconfortante. Noté la barriga haciéndome un ruido absolutamente indecoroso.

— Vale, esto huele increíble —admití, acercándome al borde del cuenco que era casi del tamaño de una bañera para mí. Ni siquiera una petición tan sencilla como algo de mi tamaño era capaz de cumplir. Por lo menos cumplía con el requisito de ser apetitoso—. Si me caigo dentro, Han, no me saques. Déjame morir en paz entre fideos.

Me coloqué al borde del cuenco, cogí unos enormes palillos que a duras penas podía manejar y acerqué un fideo con precisión. El sabor me explotó en la boca—. Uff… —cerré los ojos un segundo—. Esto está buenísimo. ¡Come, come! ¡Y sirve sake!

— Y oye, Han… —lo miré de lado, como si la confesión me picara por dentro—. Me alegra encontrarte por aquí. No me esperaba compañía… y menos una que no me dé ganas de tirarle el cuenco a la cabeza.

En referencia al camarero; aunque en medio de todo el caos de Samba era complicado encontrar a gente que fuese de mi agrado. Ver una cara conocida siempre era un plato de buen gusto, aunque no tanto como el ramen. Por ahora, tenía comida. Tenía sake. Y tenía compañía.
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pequeños encuentros [pasado][privado] - por Han - 19-11-2025, 01:32 PM
RE: pequeños encuentros [pasado][privado] - por Han - 29-11-2025, 10:58 AM
RE: pequeños encuentros [pasado][privado] - por Alana Sahiba - 30-11-2025, 12:45 PM
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