Brasas [Priv. | Pasado]
#5
Ante el capirotazo, Bai lo miró con una mezcla rara entre resignación, ternura y desconcierto.
—No te entiendo —murmuró en su idioma, sin molestarse en levantar la voz.
Y es que, a veces, el hombre le parecía igual un hombre romántico y enamoradizo. Otras, se le antojaba como un anciano amargado y, unas pocas más, como un niño travieso que no se sabe expresar.
—No te entiendo —repitió, aún más bajo, mientras recogía los regalos que él le había dejado—. Pero sé reconocer cuando alguien… —buscó la palabra— …no quiere irse.
Lo miró en silencio con cierto grado de tristeza apreciando lo noble del gesto al tiempo que intentaba adivinar qué tipo de hombre era realmente el joven que, sin vergüenza alguna, había decidido apropiarse de su cama como si también fuera la de él.
—Y está bien —añadió con un suspiro—. Tampoco quiero que te vayas —, añadió con una sonrisa triste que demostraba cierto aprecio por su figura.

***
La sangre tardó en florecer.
Primero brotó tímida, luego creció como una rosa oscura, y al final terminó resbalando por su palma. No era mucha, claro, pero sí lo bastante como para mancharle la ropa si no se limpiaba con rapidez.
Suspiró.
¿Cómo podía ser tan poco diestra?, se preguntó mientras cerraba los dedos y recogía el abrecartas con la otra mano.
—¿Sabes? Siempre he tenido curiosidad por saber cómo funciona tu cerebro —comentó en voz alta al incorporarse, estudiando al hombre como si este fuera a responderle algo que ella pudiera entender.
Y aunque había suavizado el tono para que no sonara como una frase dicha con desdén, pese a que su voz, modulada por un lenguaje desconocido, pudiera parecer lo contrario, quiso creer que el gato no se tomaría a mal sus palabras. Ya que, para ella, una persona como Dong era uno de los misterios más profundos que podía ofrecer un ser racional.
—Lástima que no pueda preguntártelo directamente —añadió mientras cruzaba la habitación y dejaba caer el abrecartas sobre el escritorio —. Si no, hace tiempo que habríamos tenido una charla seria.
Al levantar la vista, sus ojos se posaron en los objetos que él le había regalado por segunda vez en menos de una hora. Meditabunda, pensó qué haría con ellos. En ese momento, el viento ululó y una ráfaga más fría que cálida atravesó la maltrecha habitación. El olor de la comida se expandió en el aire, y Bai sintió un escalofrío correrle por la espalda.
Sí, llevaba ropa. Pero llevar seda en una noche fresca nunca había sido una buena decisión.
Antes de volver a pelearse con el brasero —o incluso de pensar que la cena podría enfriarse—, su instinto la llevó directamente al viejo baúl donde guardaba algo más abrigado.
—Dong —lo llamó mientras se movía por la estancia—. Enciéndela —ordenó señalando el brasero al que ya le había declarado la guerra una vez.
Al fin y al cabo, él era mucho más fuerte que ella. Seguro que podía abrirlo sin esfuerzo.
Abrió el baúl y extrajo una prenda rectangular de lana, una especie de capa corta. Se la echó sobre los hombros y volvió junto a él.
—Dong —repitió, tomándole la mano y guiándola hasta la tela—. Chlamys.
Sonrió con suavidad y, con un gesto amable, le preguntó: «¿Dong, chlamys?», ofreciéndole una de las que siempre cargaba consigo.

Y por un momento, mientras sostenía su mano, se preguntó si, el algún otro momento de su vida, ella hubiera tenido ese comportamiento tan empático por otro ser que no fuera él.
No me malinterpreteis, no es que ella fuera tan fría como la geometría, sino que, por un breve instante, creyó que aquellos gestos se salían de la aritmética tan marcada que dominaba su vida.
Después, cuando el calor volvió a sus huesos, regresó al escritorio.
Una vez allí, destapó el vino con un brusco gesto que le valió un golpe a los libros -los cuales, se tambalearon amenazando con caer. Y, entre una cosa y otra, no fue hasta pasado un par de minutos que la joven pudo hacerle un gesto al moreno para indicarle que se sentara en el borde de la cama.
Sin embargo, temiendo que no hubiera quedado del todo claro, terminó palmenado el lugar un par de veces a modo de invitación.
Cogió la silla, le dio la vuelta para que ambos se quedaran mirando y, finalmente, abrió la comida en cuanto lo tuvo en frente.

—Gracias —dijo. E Hizo un gesto simple para que ambos comieran juntos.
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Brasas [Priv. | Pasado] - por Bai Mudan - 22-11-2025, 04:46 PM
RE: Brasas [Priv. | Pasado] - por Dongryong Lu Yan - 24-11-2025, 12:30 AM
RE: Brasas [Priv. | Pasado] - por Bai Mudan - 24-11-2025, 09:58 PM
RE: Brasas [Priv. | Pasado] - por Dongryong Lu Yan - 30-11-2025, 02:16 PM
RE: Brasas [Priv. | Pasado] - por Bai Mudan - 30-11-2025, 05:01 PM

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