30-11-2025, 08:32 PM
Una nueva página, una nueva historia. Una ola sacudió el casco del barco. Como de costumbre, hojeaba mis libros una y otra vez. Tal vez en busca de información que me acercase al paradero de mis padres, tal vez, con la intención de encontrar inspiración para mi estilo de combate. Tras nuestro paso por Whisky Peak, mi determinación de volverme más fuerte no se había visto si no aumentada. Cada paso que diéramos en este nuevo mar iba a suponer un gran reto añadido, una nueva montaña que escalar, una nueva página que escribir en nuestras historias. Siempre había preferido pasar desapercibido, pero tras ver cómo mi cara aparecía en todos los periódicos, tomé la decisión de convertir esa fama en el mejor de mis escudos.
Pasé nuevamente de hoja para leer algo acerca de una criatura con forma de serpiente y cresta de gallo, una bestia que de manera premonitoria, pasaría a formar parte de mi día a día. Noté otra fuerte sacudida, esta vez mucho mayor que la anterior. Tan fuerte que me hizo plegar mi libro y dejarlo en mi petate temiendo lo peor. Nuestra desdichada travesía para huir de Samba me había dejado un sinfín de lecciones, entre las que se encontraba tener todas mis pertenencias listas para posibles imprevistos.
Tomé mi mochila, en la que guardaba mis libros, dinero, algunos objetos útiles y en general, mis cosas de valor. Todas a excepción de mi collar, ese nunca se separaba de mi cuello. Salí de la biblioteca del barco pensando qué podría estar pasando, cuando todo mi cuerpo se tensó y se puso en marcha antes de que mi cabeza pudiera procesarlo. Eros gritaba, todos debíamos subir a cubierta. Eso solo podía significar una cosa; problemas.
Corrí a toda prisa con mi mochila en un hombro y mis rifles al otro. Subí las escaleras hasta que pude notar el aire fresco golpeando mi cara. El crujir de la madera llenaba todo el espacio. Miré a uno y otro lado, en busca de lo que podría estar causando ese sonido, pero concluí que no había un único culpable. El barco entero parecía estar quejándose con los gemidos de un héroe que da todo de sí para llevar a sus amigos a un lugar a salvo, pese a que aquello le costara la vida
Como una exhalación, nuestro carpintero salió a cubierta y en un rápido movimiento derribó los mástiles del barco y los arrojó al agua. No entendí muy bien sus acciones, pero si la seriedad de su tono cuando nos exhortó a lanzarnos a los bote salvavidas. No sabía qué estaba pasando, ni siquiera dónde estaban algunos de nuestros compañeros. Sin embargo no pude esperar por ellos, si el barco se hundía, de poca ayuda les iba a servir. Me acerqué hasta la borda. Comprobé la distancia hasta los botes; no podía fallar. Pasé mis piernas por encima y tomé aire una última vez antes de saltar, como si pretendiese llenarme del valor que en muchas otras ocasiones me había faltado. Varios segundos de inhalación. Un salto. Una nueva aventura nos espera.
Pasé nuevamente de hoja para leer algo acerca de una criatura con forma de serpiente y cresta de gallo, una bestia que de manera premonitoria, pasaría a formar parte de mi día a día. Noté otra fuerte sacudida, esta vez mucho mayor que la anterior. Tan fuerte que me hizo plegar mi libro y dejarlo en mi petate temiendo lo peor. Nuestra desdichada travesía para huir de Samba me había dejado un sinfín de lecciones, entre las que se encontraba tener todas mis pertenencias listas para posibles imprevistos.
Tomé mi mochila, en la que guardaba mis libros, dinero, algunos objetos útiles y en general, mis cosas de valor. Todas a excepción de mi collar, ese nunca se separaba de mi cuello. Salí de la biblioteca del barco pensando qué podría estar pasando, cuando todo mi cuerpo se tensó y se puso en marcha antes de que mi cabeza pudiera procesarlo. Eros gritaba, todos debíamos subir a cubierta. Eso solo podía significar una cosa; problemas.
Corrí a toda prisa con mi mochila en un hombro y mis rifles al otro. Subí las escaleras hasta que pude notar el aire fresco golpeando mi cara. El crujir de la madera llenaba todo el espacio. Miré a uno y otro lado, en busca de lo que podría estar causando ese sonido, pero concluí que no había un único culpable. El barco entero parecía estar quejándose con los gemidos de un héroe que da todo de sí para llevar a sus amigos a un lugar a salvo, pese a que aquello le costara la vida
Como una exhalación, nuestro carpintero salió a cubierta y en un rápido movimiento derribó los mástiles del barco y los arrojó al agua. No entendí muy bien sus acciones, pero si la seriedad de su tono cuando nos exhortó a lanzarnos a los bote salvavidas. No sabía qué estaba pasando, ni siquiera dónde estaban algunos de nuestros compañeros. Sin embargo no pude esperar por ellos, si el barco se hundía, de poca ayuda les iba a servir. Me acerqué hasta la borda. Comprobé la distancia hasta los botes; no podía fallar. Pasé mis piernas por encima y tomé aire una última vez antes de saltar, como si pretendiese llenarme del valor que en muchas otras ocasiones me había faltado. Varios segundos de inhalación. Un salto. Una nueva aventura nos espera.
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