01-12-2025, 01:26 AM
El viejo Karlson era un viejo que parchaba melodías cuando no había en realidad alguien que quisiera tocar en este bar de mala muerte, Maki no era tremenda ni mucho menos pero su apariencia de delincuente limitaba demasiado los lugares donde podría presentarse. Este. El ultimo que le quedaba el anterior le partió el espinazo a un tipo que se propaso con palabras y manos. Aunque aún no se arrepentía de esto, pues darle lecciones a los imbéciles era una de sus aficiones predilectas.
Cuando dejo el escenario algunas personas se acercaron a darle la mano, pero algunos descubrieron que efectivamente sus tatuajes no eran tal, sino que de verdad estaba hecha mierda su pie, sus movimientos, aunque fluidos mientras cantaba denotaban una pequeña inseguridad danzando a su alrededor, como cuervos que acechaban para darle caza, siguiendo aquello que su mente no podía negar… era una artista horrenda. Su semblante se apagó cuando vio dos rostros de viejas arrugadas como pasas acompañadas de sus maridos sonrientes. Caras de asco, de desprecio. Caras que hace mucho tiempo no veía...
La algarabía pronto se calmó y bueno, la gente que conocía a la artista igualmente le felicito e incluso le puso un par de billetes en la barra donde había una especie de compartimento especial para las propinas, Maki al final del día se sentía plena, tenía relativamente éxito así que solo olvidaba a la burguesía que no apreciaba al artista en su conjunto.
Se acomodo en la barra para contar los billetes, para pedir algo, una seña para el barman era suficiente, vodka naranja, aquello que podía lanzar su mente a un olvido, donde componía una y mil melodías, saco su cuadernillo, y comenzó a escribir o eso pretendió pues mientras se rascaba la cabeza con el lápiz se acercó un sonriente señor. Era un poco más alto que ella pero sentada no lo notaba, ella se giro sobre la silla con cara de pocos amigos o mas bien con cara de una absoluta hija de puta harta de todo… pero se dio cuenta que no era alguien para increparla… o eso creía… un cumplido de un desconocido … —Vaya… un admirador?... gracias… bueno… es un secreto que me gustaría conservar así… pero puedo decirte que esta guitarra contiene todos mis recuerdos, los nuevos, los viejos y los rotos y con ella soy capaz de hacer que la percusión con ella resuene con la armonía que requiera. Es… algo…— De pronto se detuvo como si su mente se congelara en ese preciso momento, su sonrisa lentamente se torció hacia abajo y comenzó a embargarle la melancolía, su hermana le había regalado esta guitarra, el esfuerzo de muchos artesanos alrededor de varios países involucrados en su espada y su guitarra. Una espada poderosa que ahora yacía rota en el interior de su instrumento, uno que le daba inmensa alegría pero que con cada nota cada rasgueo le dotaba de una inmensa tristeza. Misión de ella era cada día, cada noche y cada segundo balancear aquellos recuerdos para no perder la cordura. —…Mágico— Termino diciendo después de unos segundos volviendo a la galaxia después de un pequeño viaje astral…
Para nada se consideraba una artista, solo creadora de la letra, un poco de ingenio y algunos trucos, pero la melodía salía prácticamente sola, eso era algo que siempre tuvo, incluso cuando estaba en la marina, causante de problemas puesto que su padre deseaba una persona centrada en ser un marinero o marinera de gran renombre. Pero ahora los odiaba, pues era el lugar que fue el causante de todo aquello que arruino para siempre lo que era. El apretón de manos… sintió algo… extraño. —Tu… eres musico?... puedo suponer…— Era un tanto rara, era un fiasco para los nombres, no ponía atención a las caras, pero en las acciones si que no se le escapaba nada. seguro era musico, su tamborileo era su canción, aquella que había escuchado una sola vez y ella lo noto. Tenia, lo que ella llamaba el oído. y con el podria replicar una tonada tan fugaz como la de ella.
—Si mira… no estoy interesada en un representante y no… no me cubriré las cicatrices con maquillaje ni esas mierdas… lo siento… estas cicatrices son parte de mí, representan mi odio y mi amor al mismo tiempo y si no te gustan para ganar unos berris pues piérdete… — Le devolvió la sonrisa igual de amable. Pero falsa. Siempre se le acercaba gente para tratar de aprovecharse de ella, que cantase gratis o para robarle algo y no soportaba a esos buitres…
-Mak… amor, porfa, puedes revisar la gotera de la cocina. Otra vez esta del asco- Salió solo la cabeza del dueño asomándose por la puerta de la cocina, se notaba estaba ocupado preparando platillos junto al chef… entonces Maki se levantó, le hizo un movimiento con la cabeza al hombre… Jan?... da igual, seguro no lo vería jamás. —Si me disculpas, tengo cosas que ahcer... debo... ya sabes... comer... — Salió por la parte de atrás y se agacho para buscar unas pocas maderas un martillo y algunos clavos. Bien… por donde se subiría al techo.
Cuando dejo el escenario algunas personas se acercaron a darle la mano, pero algunos descubrieron que efectivamente sus tatuajes no eran tal, sino que de verdad estaba hecha mierda su pie, sus movimientos, aunque fluidos mientras cantaba denotaban una pequeña inseguridad danzando a su alrededor, como cuervos que acechaban para darle caza, siguiendo aquello que su mente no podía negar… era una artista horrenda. Su semblante se apagó cuando vio dos rostros de viejas arrugadas como pasas acompañadas de sus maridos sonrientes. Caras de asco, de desprecio. Caras que hace mucho tiempo no veía...
La algarabía pronto se calmó y bueno, la gente que conocía a la artista igualmente le felicito e incluso le puso un par de billetes en la barra donde había una especie de compartimento especial para las propinas, Maki al final del día se sentía plena, tenía relativamente éxito así que solo olvidaba a la burguesía que no apreciaba al artista en su conjunto.
Se acomodo en la barra para contar los billetes, para pedir algo, una seña para el barman era suficiente, vodka naranja, aquello que podía lanzar su mente a un olvido, donde componía una y mil melodías, saco su cuadernillo, y comenzó a escribir o eso pretendió pues mientras se rascaba la cabeza con el lápiz se acercó un sonriente señor. Era un poco más alto que ella pero sentada no lo notaba, ella se giro sobre la silla con cara de pocos amigos o mas bien con cara de una absoluta hija de puta harta de todo… pero se dio cuenta que no era alguien para increparla… o eso creía… un cumplido de un desconocido … —Vaya… un admirador?... gracias… bueno… es un secreto que me gustaría conservar así… pero puedo decirte que esta guitarra contiene todos mis recuerdos, los nuevos, los viejos y los rotos y con ella soy capaz de hacer que la percusión con ella resuene con la armonía que requiera. Es… algo…— De pronto se detuvo como si su mente se congelara en ese preciso momento, su sonrisa lentamente se torció hacia abajo y comenzó a embargarle la melancolía, su hermana le había regalado esta guitarra, el esfuerzo de muchos artesanos alrededor de varios países involucrados en su espada y su guitarra. Una espada poderosa que ahora yacía rota en el interior de su instrumento, uno que le daba inmensa alegría pero que con cada nota cada rasgueo le dotaba de una inmensa tristeza. Misión de ella era cada día, cada noche y cada segundo balancear aquellos recuerdos para no perder la cordura. —…Mágico— Termino diciendo después de unos segundos volviendo a la galaxia después de un pequeño viaje astral…
Para nada se consideraba una artista, solo creadora de la letra, un poco de ingenio y algunos trucos, pero la melodía salía prácticamente sola, eso era algo que siempre tuvo, incluso cuando estaba en la marina, causante de problemas puesto que su padre deseaba una persona centrada en ser un marinero o marinera de gran renombre. Pero ahora los odiaba, pues era el lugar que fue el causante de todo aquello que arruino para siempre lo que era. El apretón de manos… sintió algo… extraño. —Tu… eres musico?... puedo suponer…— Era un tanto rara, era un fiasco para los nombres, no ponía atención a las caras, pero en las acciones si que no se le escapaba nada. seguro era musico, su tamborileo era su canción, aquella que había escuchado una sola vez y ella lo noto. Tenia, lo que ella llamaba el oído. y con el podria replicar una tonada tan fugaz como la de ella.
—Si mira… no estoy interesada en un representante y no… no me cubriré las cicatrices con maquillaje ni esas mierdas… lo siento… estas cicatrices son parte de mí, representan mi odio y mi amor al mismo tiempo y si no te gustan para ganar unos berris pues piérdete… — Le devolvió la sonrisa igual de amable. Pero falsa. Siempre se le acercaba gente para tratar de aprovecharse de ella, que cantase gratis o para robarle algo y no soportaba a esos buitres…
-Mak… amor, porfa, puedes revisar la gotera de la cocina. Otra vez esta del asco- Salió solo la cabeza del dueño asomándose por la puerta de la cocina, se notaba estaba ocupado preparando platillos junto al chef… entonces Maki se levantó, le hizo un movimiento con la cabeza al hombre… Jan?... da igual, seguro no lo vería jamás. —Si me disculpas, tengo cosas que ahcer... debo... ya sabes... comer... — Salió por la parte de atrás y se agacho para buscar unas pocas maderas un martillo y algunos clavos. Bien… por donde se subiría al techo.

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