01-12-2025, 04:02 AM
—No me digas esas cosas que te las creo — le respondí cuando Jensen dijo que mi voz era la más armoniosa que había escuchado. Ese chico tenía un aire de romeo desde el primer momento, y para ser honesta me gustaba más de lo que debería. Su forma de hablar era tan directa y dulce que me hacía sonreír sin querer, como si llevara el don de desarmar a cualquiera con solo abrir la boca.
De repente, como si no fuera suficiente con los halagos, comenzó a rebuscar entre sus cosas. Pensé que sacaría un arma, un mapa o algo importante, pero no. Sacó frutas. Frutas hermosas, frescas, brillantes, como si las hubiera escogido con cuidado solo para mí y me las ofreció sin decir mucho, así, con esa naturalidad encantadora que lo hacía todavía más irresistible. —¿Para mí? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta. Y él solo sonrió, qué peligro tienen algunos hombres, una se descuida tantito, y ya está sonriendo como una boba con un puñado de frutas y un corazón latiendo más rápido de lo necesario.
Se despidió diciendo que tenía que terminar de ayudar a una señora del mercadillo, y lo dijo con esa voz tranquila que hace difícil negarle algo, pero antes de irse, me pidió muy amablemente, casi con un toque tímido que lo esperara para hacer un picnic en algún sitio de la isla. Un lugar que yo no conocía en absoluto, pero que él sí y como una completa tonta, simplemente suspiré y le dije que sí, sin pensarlo demasiado, como si la idea misma me hubiera dejado sin defensas.
Cuando se marchó, me quedé allí un momento, sintiendo cómo el corazón me hacía un sonido extraño, como si quisiera escaparse. Terminé sentándome en un pequeño local a tomar café, intentando parecer tranquila mientras esperaba que Jensen volviera por mí. Era una sensación extraña, casi incómoda, yo no solía hacer este tipo de cosas. No solía aceptar invitaciones, ni esperar a ningún hombre, ni dejar que alguien me revolviera el pecho con un par de sonrisas bonitas, pero este chico, este romeo improvisado, me ponía más rápida que un tren bala y por primera vez en mucho tiempo, no me molestaba en absoluto.
De repente, como si no fuera suficiente con los halagos, comenzó a rebuscar entre sus cosas. Pensé que sacaría un arma, un mapa o algo importante, pero no. Sacó frutas. Frutas hermosas, frescas, brillantes, como si las hubiera escogido con cuidado solo para mí y me las ofreció sin decir mucho, así, con esa naturalidad encantadora que lo hacía todavía más irresistible. —¿Para mí? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta. Y él solo sonrió, qué peligro tienen algunos hombres, una se descuida tantito, y ya está sonriendo como una boba con un puñado de frutas y un corazón latiendo más rápido de lo necesario.
Se despidió diciendo que tenía que terminar de ayudar a una señora del mercadillo, y lo dijo con esa voz tranquila que hace difícil negarle algo, pero antes de irse, me pidió muy amablemente, casi con un toque tímido que lo esperara para hacer un picnic en algún sitio de la isla. Un lugar que yo no conocía en absoluto, pero que él sí y como una completa tonta, simplemente suspiré y le dije que sí, sin pensarlo demasiado, como si la idea misma me hubiera dejado sin defensas.
Cuando se marchó, me quedé allí un momento, sintiendo cómo el corazón me hacía un sonido extraño, como si quisiera escaparse. Terminé sentándome en un pequeño local a tomar café, intentando parecer tranquila mientras esperaba que Jensen volviera por mí. Era una sensación extraña, casi incómoda, yo no solía hacer este tipo de cosas. No solía aceptar invitaciones, ni esperar a ningún hombre, ni dejar que alguien me revolviera el pecho con un par de sonrisas bonitas, pero este chico, este romeo improvisado, me ponía más rápida que un tren bala y por primera vez en mucho tiempo, no me molestaba en absoluto.
