Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin | +18}
#8
La reacción de Heras fue un pequeño derrumbe silencioso, uno de esos que no hacen ruido pero levantan polvo. El modo en que se encogió, en que buscó distancia física como si yo fuera un farol muy brillante para su noche… fue claro. Y aunque no me sorprendió, sí me tocó un poco esa fibra que tengo guardada para quienes no saben leer el mundo sin que los lastime.

No retiré la mirada. La dejé serena, pareja, cargada de esa firmeza que no es castigo, sino guía.

— Ey, tranquilo — murmuré, apenas un hilo de voz más blando que antes — No te estoy pegando un portazo en la cara. Te estoy diciendo por dónde caminar para que no te tropieces conmigo.

Bajé la taza y entrelacé los dedos sobre la mesa, acercándome un poco hacia él, lo justo para marcar presencia sin invadir.

— No sé si lo que hiciste es lo que solés hacer o si te salió por impulso. Pero no pensé que ibas a… desarmarte así de golpe.

Le toqué la mesa con dos dedos, un gesto paciente.

— No confundas poner límites con rechazo. No te eché. No te dije que no me interesara escucharte. Lo único que hice fue moverte de un terreno donde te ibas a lastimar solo… y de paso, me ibas a complicar a mí.

El silencio que llevaba arrastrando se sentía espeso, como si pudiera partirse con un cuchillo. Antes de poder aflojarlo, llegó el cocinero. Su intervención tuvo el timing perfecto para cortar la tensión, y lo recibí con una sonrisa educada.

— No te preocupes — le dije al chef, con un tono amable que no necesitaba ser exagerado — Quiero algo caliente. Algo que sea fácil de hacer ahora. Sopas no — agregué, porque nunca fueron lo mío — lo que tenga de carne y que salga rápido, me va bien.

Cuando él asintió y se retiró, la mesa volvió a ser nuestra, y el silencio volvió a quedarse sentado entre los dos.

Ahí lo miré otra vez a Heras, ya sin dureza, sin filo, con ese tono que uso cuando la otra persona parece más perdida que culpable.

— No me sirve que te quedes mudo — dije suave, pero decidida — porque eso también es una forma de esconderte. Y no viniste a esconderte. Viniste a acompañar.

Incliné la cabeza apenas, curiosa.

— No hace falta que seas intelectual. No te pedí eso. Te pedí claridad. Una sola pregunta sincera, una sola… la que de verdad te importe al menos en estos momentos.

Hice un gesto hacia él, como invitándolo a levantar la vista.

— No me ofendiste. No me molestaste. Solo te fuiste por un carril que no te pertenece. Y yo te frené. Eso no es tragedia. Es corrección de ruta.

Me acomodé mejor en la silla, relajando los hombros, dejando que el aire de la escena bajara un poco.

— Si querés hablar, hablá. Si querés preguntar, preguntá. Pero no te minimices. Yo no necesito verte chiquito para escucharte.

Luego añadí, con una chispa de humor rápido, apenas un destello en mi expresión:

— Y mirá que midiendo cuatro metros no me da ganas de coleccionar gente chiquita, ¿eh? No es mi hobby.

Una pausa breve, cálida:

— Así que empecemos por algo simple, pero honesto — señalé con suavidad, casi como si arropara la pregunta — ¿Qué fue exactamente lo que quisiste lograr conmigo cuando me tocaste así?

Otro segundo de aire, invitándolo a volver a la mesa.

— Dale. Tu turno.
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RE: Todo tipo de servico, todo tipo de etiquetas [Pasad | Asherah Bel-Nadin} - por Asherah Bel-Nadin - 01-12-2025, 07:56 AM

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