[Aventura T2][Presente absoluto] (+18) Romper un engranaje estropea la máquina
#6
Nadé unos metros más, dejando que el terreno húmedo guiara mi avance. A estas alturas, moverme por la tierra como si fuese agua ya no me resultaba extraño; mi Akuma no Mi me había convertido en algo que ni los de arriba ni los de abajo terminaban de entender, pero para mí era simple: sentir vibrar el mundo y avanzar a través de él. Esa vibración, justamente, fue la que me detuvo.

Alguien interrumpió mi nado y entonces salí a la superficie con un impulso seco, dejando que la humedad resbalara de mis brazos mientras mis ojos se acostumbraban a la luz. Frente a mí, plantado como si la miseria misma le hubiese aplastado el lomo, había un gyojin tiburón, grande, hecho para el combate, pero con la mirada rota, como si la vida le hubiera mordido más veces de las que él alcanzó a devolver. Me quedé quieto, midiendo su respiración, su postura, esa mezcla de miedo y súplica que nunca debería verse en un hermano del mar. Algo en él hizo que mis manos dejaran de tensarse, no me había detenido el camino, me había detenido él y por la expresión que llevaba encima, tenía un motivo de peso. 

Su postura no era violenta, nada que ver. De hecho, lo primero que noté fue lo contrario, los brazos extendidos al frente, las manos abiertas, los dedos temblando apenas. Esa no era una posición de pelea, era una petición, tiempo, aire o incluso una última oportunidad para no romperse por completo y cuando habló, maldita sea, cuando habló lo hizo como alguien que ya había gastado toda su fuerza mucho antes de mi llegada hasta aquí. 

Su voz, maldita sea, su voz estaba hecha pedazos, era el sonido de un gyojin que había peleado contra todo lo que tenía y aun así había perdido más de lo que podía cargar, sentí el pecho tensarse un segundo, casi imperceptible, pero suficiente para saber que lo que viniera después no sería mentira. Había demasiado cansancio en sus palabras, demasiada verdad en la forma en que me miraba, como si yo fuera la última muralla antes del desastre y aunque no quería admitirlo, algo dentro de mí se preparó para escuchar, porque un hermano del mar pidiendo así, no lo hace por cualquier cosa.

Cuando dijo que si yo mataba al proxeneta, su hija secuestrada moriría, algo dentro de mí se quebró. No fue un gran estruendo, no fue un derrumbe lento, fue un chasquido, breve, preciso, letal, en el instante en que sus palabras tocaron mis oídos, mis recuerdos me golpearon con una fuerza que ningún espadazo, bala o dentellada habría podido igualar. La imagen de mi hija apareció tan vívida que sentí el mundo hacerse más pesado alrededor, sus risas mientras corría por la costa, la forma en que se aferraba a mi brazo cuando tenía miedo, los almuerzos torpes que compartíamos, los trabajos escolares donde hacía más dibujos que letras, incluso sus pequeñas jugarretas, esas que me sacaban de quicio pero que ahora daría todo por volver a ver.

Todo eso pasó por mí en un segundo y me destrozó, sin avisar, sin compasión, fue un dolor seco, profundo, el tipo de dolor que no se llora ni se grita, el que simplemente te parte por dentro y te deja respirando como si el aire de repente se hubiese vuelto demasiado pesado para un solo pecho, porque entendí, con la claridad cruel de un arpón entrando al hueso, que ese gyojin estaba viviendo un infierno que yo ya conocía demasiado bien y ese infierno, es el único del que no se vuelve igual. Mi pecho empezó a apretarse de una forma que no recordaba desde hacía semanas. Era un dolor hueco, como si alguien me exprimiera el corazón desde dentro, el aire se me volvió escaso, hiperventilé sin darme cuenta. No podía, ni iba a permitir que un hermano gyojin cargara con el mismo infierno que me arrancó a mi hija y tampoco iba a cargar con la muerte de una niña, no otra vez, no más niños.

Perdí a mi propia hija, y vivir sabiendo que, por mis decisiones, otra pequeña, encima una gyojin, moriría dejándole a su padre el mismo vacío que me consume era algo que yo no podría perdonarme ni en mil vidas. Mis piernas cedieron y caí de rodillas, no me importó la postura, lo único que sentía era ese dolor antiguo, ese que no sana. —Hermano —logré decir, con la voz hecha pedazos, las palabras se me atoraban en la garganta como si fueran espinas. —Sé perfectamente lo que estás viviendo — Y cuando lo dije, las lágrimas simplemente salieron, no quise, no debía, pero no pude contenerlas. Era la misma sensación que me hundía cuando era un esclavo, ese peso frío, sofocante, que te recuerda que el mundo puede romperte sin tocarte. No lloraba por debilidad, lloraba porque entendí su dolor y porque reconocerlo me abrió de nuevo la cicatriz más profunda que tengo.

Dogeza


De rodillas, el cuerpo me cedió solo. Me incliné hasta tocar el suelo con ambas manos, hundiendo los dedos en la tierra como si necesitara aferrarme a algo para no quebrarme por completo, era una postura de dogeza, sí, pero no por vergüenza, era una súplica nacida desde un vacío que conozco demasiado bien. —Hermano, te lo ruego. —Mi voz salió grave, áspera, como si arrastrara años de sal y luto. — Déjame rescatar a tu hija. Permíteme ayudar a uno de los nuestros. — Los gyojin solemos cargar con el orgullo como si fuera armadura, pero aquel momento no tenía espacio para máscaras. Lo que pesaba en mi pecho no era dignidad herida, sino los recuerdos de mi niña, su risa, sus pequeñas manos, la forma en que corría hacia mí como si el mundo fuera un lugar seguro. Todo eso se mezcló con el rostro desesperado del gyojin tiburón que tenía enfrente.

—Sé que es difícil, sé que es un infierno—continué, manteniendo la frente contra el suelo. — Yo también fui un esclavo, también perdí lo que más amaba, pero puedo ayudarte. — Respiré hondo, sintiendo cómo la melancolía se clavaba en cada palabra. —No quiero que otro padre conozca el mismo vacío que yo. No dejes que tu hija tenga mi mismo destino. Déjame traerla de vuelta. Te lo juro por la mía, que no fallaré. — No sabia como lo haria, no tenia idea de como lo lograria, pero con un poco de información del paradero de su hija me moveria, conseguiria rescatarla y una vez resuelto, acabaria con el proxeneta. 

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RE: [Aventura T2][Presente absoluto] (+18) Romper un engranaje estropea la máquina - por Tensui Marlin - 02-12-2025, 03:09 AM

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