[personajeinvalido=2623]
—¿Quieres? —Alargó la mano hacia Tezca, descubriendo en el interior de su puño un caramelo mentolado. Ella ya poseía uno entre sus fauces al cual le estaba dando vueltas sin parar desde hacía ya un buen rato, haciendo que el bulto bailara de mejilla a mejilla.
Extraño.
Era rara la ocasión en la que decidía tomarse un respiro, inspirar un poco de calma en el aire que la rodeaba, pero más raro era que decidiera compartir esos momentos con alguien más. Siempre tan esquiva, tan temerosa de formar lazos con los demás... y sin embargo ahí estaba, con aquel despampanante rubio a su lado. Era complicado para ella bajar la guardia, abrir una grieta en sus defensas. El pánico a perder aquello que le importaba era aterrador, pero de alguna manera terminaba cediendo siempre, aunque se negara a reconocerlo.
De repente su mirada se fijó en un llamativo cartel. Su orbe deslizándose a lado y lado leyendo el contenido. Esbozó una pequeña sonrisa y alzó el rostro para ver a su acompañante. Por su semblante entendió que estaba pensando lo mismo que ella. No hizo falta ningún tipo de palabra, ni siquiera un gesto. Bastó con verse para saber lo que cada uno estaba pensando y eso hizo que su sonrisa se ampliara. Nunca estaba de más tener un compañero de aventuras. Y más aún si había una jugosa recompensa de por medio.
El espacio habilitado para la batalla era amplio, abierto, no pudo evitar pensar en los coliseos. El sol les regalaba un día cálido, brillante y un clima agradable. La suave brisa zarandeó ligeramente sus cabellos mientras analizaba la situación. Diez contra dos, y luego el jefe final. Ladeó la cabeza hacia un costado, ¿tan poca fe le tenían a su superior que a toda costa tenían que enfrentarse todos ellos a la vez para evitar que llegaran a él? Exhaló un pequeño suspiro, decepcionada con la situación, esperaba a unos dignos oponentes, pero no eran nada más que unos cobardes. De alguna manera esperaba que fuesen a dar algo de batalla, pero tal parecía que no iba a correr esa suerte.
Al menos obtendrían unos berries sin demasiado esfuerzo.
—Oh... Menos mal que te tengo a ti para darle algo de emoción a esto, querido. —Una sonrisa ladina apareció en su rostro.— Acepto el trato, pero bien sabes que ganarme no va a ser sencillo, ¿verdad? Esta vez no hay un incendio de por medio. —Comentó, bromeando con su propio trauma, rememorando lo acontecido el día que se conocieron. Su labor en la batalla aquel día fue ridículo y nulo, pero esa vez iba a ser muy diferente, demostraría de lo que era capaz. No tendría filtros, ni piedad. A fin de cuentas estaban en una notable desventaja numérica. La compasión era un lujo que no les iba a otorgar. Que lo hubieran pensado antes.
Rio levemente ante las palabras de su amigo hacia el equipo contrario. No podía negar que su confianza era contagiosa a la par que divertida. Peinó su propia cabellera con los dedos, desenredándolo con suavidad antes de comenzar a trenzarlo. La melena recogida era más práctica a la hora de pelear.
Se acercó a un hombre que había decidido quedarse a ver la pelea y sin un atisbo de duda se dirigió hacia él.
—Querido, ¿te importa sostenerme esto? Prometo que no tardaré demasiado. —Se quitó la chaqueta que reposaba sobre sus hombros y se la acercó con sumo cuidado, como quien entrega lo más preciado del mundo. Le guiñó un ojo, coqueteando ligeramente con él para obtener un pequeño trato favorable.— Si cuando vuelva está impoluta, tendrás una recompensa. —Se inclinó hacia él, elevando los talones para llegar a su oído.— Y si por el contrario se ensucia o pasa cualquier cosa con ella, juro que serás el décimo segundo con el que bailaré hoy. —Una sonrisa se posó en sus labios, tierna, inocente. Como si la amenaza no hubiese sido nunca mencionada—. Y te prometo que no te gustará.
Volvió al lado de Tezca y apoyó una extremidad en su hombro derecho, inclinando la cabeza hacia él, como si nada hubiera pasado.
—Bien, querido... ¿Algún plan o prefieres que vayamos por libre? Yo me adapto a todo. —La katana que portaba escondida en su espalda, bajo el abrigo, ahora a la vista de cualquiera. Desenvainó con su diestra y con un rápido gesto hizo sisear el aire alrededor de la afilada hoja. Sonrió, amaba hacer vibrar su alrededor.
Su ojo captó a alguien que consumió su atención y alzó el brazo, apuntando hacia él con la punta de su arma. Odiaba los aires de grandeza, el ego subido y el pecho hinchado cuando no era el propio. Que alguien se creyera superior por el mero hecho de tener un poco más de altura o músculo la sacaba de quicio, y aquella expresión de narcicismo puro solo empeoraba las cosas.
—Tú serás el primero en comer tierra. —Acomodó ligeramente sus pies sobre la arena, inclinándose. Ambas manos en el mango, músculos tensos, muñecas flojas.
Estaba preparada para saltar en cualquier momento.
Extraño.
Era rara la ocasión en la que decidía tomarse un respiro, inspirar un poco de calma en el aire que la rodeaba, pero más raro era que decidiera compartir esos momentos con alguien más. Siempre tan esquiva, tan temerosa de formar lazos con los demás... y sin embargo ahí estaba, con aquel despampanante rubio a su lado. Era complicado para ella bajar la guardia, abrir una grieta en sus defensas. El pánico a perder aquello que le importaba era aterrador, pero de alguna manera terminaba cediendo siempre, aunque se negara a reconocerlo.
De repente su mirada se fijó en un llamativo cartel. Su orbe deslizándose a lado y lado leyendo el contenido. Esbozó una pequeña sonrisa y alzó el rostro para ver a su acompañante. Por su semblante entendió que estaba pensando lo mismo que ella. No hizo falta ningún tipo de palabra, ni siquiera un gesto. Bastó con verse para saber lo que cada uno estaba pensando y eso hizo que su sonrisa se ampliara. Nunca estaba de más tener un compañero de aventuras. Y más aún si había una jugosa recompensa de por medio.
El espacio habilitado para la batalla era amplio, abierto, no pudo evitar pensar en los coliseos. El sol les regalaba un día cálido, brillante y un clima agradable. La suave brisa zarandeó ligeramente sus cabellos mientras analizaba la situación. Diez contra dos, y luego el jefe final. Ladeó la cabeza hacia un costado, ¿tan poca fe le tenían a su superior que a toda costa tenían que enfrentarse todos ellos a la vez para evitar que llegaran a él? Exhaló un pequeño suspiro, decepcionada con la situación, esperaba a unos dignos oponentes, pero no eran nada más que unos cobardes. De alguna manera esperaba que fuesen a dar algo de batalla, pero tal parecía que no iba a correr esa suerte.
Al menos obtendrían unos berries sin demasiado esfuerzo.
![[Imagen: Preparada2.png]](https://i.ibb.co/Pzr8mJFB/Preparada2.png)
—Oh... Menos mal que te tengo a ti para darle algo de emoción a esto, querido. —Una sonrisa ladina apareció en su rostro.— Acepto el trato, pero bien sabes que ganarme no va a ser sencillo, ¿verdad? Esta vez no hay un incendio de por medio. —Comentó, bromeando con su propio trauma, rememorando lo acontecido el día que se conocieron. Su labor en la batalla aquel día fue ridículo y nulo, pero esa vez iba a ser muy diferente, demostraría de lo que era capaz. No tendría filtros, ni piedad. A fin de cuentas estaban en una notable desventaja numérica. La compasión era un lujo que no les iba a otorgar. Que lo hubieran pensado antes.
Rio levemente ante las palabras de su amigo hacia el equipo contrario. No podía negar que su confianza era contagiosa a la par que divertida. Peinó su propia cabellera con los dedos, desenredándolo con suavidad antes de comenzar a trenzarlo. La melena recogida era más práctica a la hora de pelear.
Se acercó a un hombre que había decidido quedarse a ver la pelea y sin un atisbo de duda se dirigió hacia él.
![[Imagen: Ajam.png]](https://i.ibb.co/DfGP6CJB/Ajam.png)
—Querido, ¿te importa sostenerme esto? Prometo que no tardaré demasiado. —Se quitó la chaqueta que reposaba sobre sus hombros y se la acercó con sumo cuidado, como quien entrega lo más preciado del mundo. Le guiñó un ojo, coqueteando ligeramente con él para obtener un pequeño trato favorable.— Si cuando vuelva está impoluta, tendrás una recompensa. —Se inclinó hacia él, elevando los talones para llegar a su oído.— Y si por el contrario se ensucia o pasa cualquier cosa con ella, juro que serás el décimo segundo con el que bailaré hoy. —Una sonrisa se posó en sus labios, tierna, inocente. Como si la amenaza no hubiese sido nunca mencionada—. Y te prometo que no te gustará.
Volvió al lado de Tezca y apoyó una extremidad en su hombro derecho, inclinando la cabeza hacia él, como si nada hubiera pasado.
—Bien, querido... ¿Algún plan o prefieres que vayamos por libre? Yo me adapto a todo. —La katana que portaba escondida en su espalda, bajo el abrigo, ahora a la vista de cualquiera. Desenvainó con su diestra y con un rápido gesto hizo sisear el aire alrededor de la afilada hoja. Sonrió, amaba hacer vibrar su alrededor.
Su ojo captó a alguien que consumió su atención y alzó el brazo, apuntando hacia él con la punta de su arma. Odiaba los aires de grandeza, el ego subido y el pecho hinchado cuando no era el propio. Que alguien se creyera superior por el mero hecho de tener un poco más de altura o músculo la sacaba de quicio, y aquella expresión de narcicismo puro solo empeoraba las cosas.
—Tú serás el primero en comer tierra. —Acomodó ligeramente sus pies sobre la arena, inclinándose. Ambas manos en el mango, músculos tensos, muñecas flojas.
Estaba preparada para saltar en cualquier momento.
— [ Outfit ] ❜ ༗
Karmas
Resumen
