pequeños encuentros [pasado][privado]
#6
Entre bocado y bocado, con el sake ya dejando entrever sus efectos y aflojándome un poco tanto la cabeza como la lengua, me encontraba sorprendentemente cómoda. No era normal en mí relajarme tanto en sitios como aquel, donde cada voz sonaba como un martillazo y cada carcajada podía confundirse con el preludio de una pelea. Pero con Han… no sé, había algo agradable en la manera en que se tomaba las cosas, casi como si no tuviera prisa por nada, con pachorra, como si la vida fuese algo que se digiere igual que aquel ramen: despacio, con gusto, disfrutando de los trocitos buenos mientras ignoras los que están demasiado duros. Y el sake… bueno. El sake ayudaba.

— ¿Viejas amistades, dices…? —repetí imitando su voz un poco, quizás demasiado—. Qué poético te pones cuando comes algo rico, ¿eh? —me reí, llevándome la palma a la mejilla, que ya la sentía un poco caliente—. Si llego a saber que eras tan simpático, en Sobert te habría pedido que me llevaras en brazos en vez de gruñirte.

Por un momento estuve tan relajada que me permitió olvidar el caos del bar. Solo éramos él, yo, y el vaho del ramen subiendo entre los dos—. La verdad es que está bien —admití, dejando caer la barbilla en el enorme cuenco—. Comer con alguien sin tener que revisar cada cinco segundos si alguien te va a pisar.

Tomé otro sorbo de sake. Me lamí los labios, respiré hondo y observé cómo el bar se iba llenando más y más. Voces elevadas. Botas golpeando. Una botella rodando por el suelo. Todo el mundo más borracho que vivo.

— Han… —sonreí con los ojos entrecerrados—. Si en algún momento empiezo a ver dos taberneros, tú me dices cuál es el real para no gritarle al imaginario, ¿vale?

Estaba contenta. Un poco mareadita, sí, pero cómoda. Tal vez demasiado porque entonces… SPLASH. El baño alcohólico me cayó encima sin previo aviso. Como si alguien hubiese decidido ver si una Tontatta flota mejor en cerveza que en agua. Mi cola pegada, mi ropa goteando, mis piernas chorreando. Todo se detuvo en mi cabeza. Han dejó de existir un segundo. El bar entero dejó de existir. Solo existía yo, ligeramente bebida, empapada, y con un temperamento que nunca necesitó mucho para saltar.

— … —parpadeé. Una. Dos veces. Ni respiraba.

La cerveza resbaló por mi nariz.

— ¿Sabes qué? —dije con una vocecita fina, a punto de quebrarse entre la risa y el homicidio—. Juro que si hoy no mato a alguien… será un milagro —y ahí comenzó lo que yo denominaría después como el milagro solo por la ironía.

Y me di la vuelta. Despacio. Muy despacio. Me giré como quien está a punto de impartir justicia divina. Localicé la torre humana responsable del derrame: el calvo, nariz roja, panza de ballena en ayunas, carcajada de ogro borracho. Ni se había dignado a mirar abajo. Ni un “uy”. Ni un “perdón”. Nada.

— ¡EH! —solté con toda la potencia que me permitía mi tamaño, que no era mucha, pero el tono era tan afilado que más de uno giró la cabeza—. ¡CALVITO! ¡SÍ, TÚ! EL DE LA BARRIGA QUE PARECE QUE TE TRAGASTE UNA BOLSA DE PAPAS ENTERA.

La mitad de la mesa del borracho dejó de reír. El calvo parpadeó, buscando la procedencia del insulto como si un duende furioso acabara de manifestarse. Al inicio encontró a Han—. ¿NO TIENES ALGO QUE DECIRME? —continué, avanzando unos pasos por la barra, empapando el madero con mis pisaditas mojadas—. ¿O TU MADRE NO TE ENSEÑÓ QUE SI LE BAÑAS A ALGUIEN EN CERVEZA, LO MÍNIMO ES PEDIR DISCULPAS? ¡AQUÍ ABAJO!

El murmullo de alrededor subió. Algún marinero soltó un “¡uhhhh!”. Otro se carcajeó. El calvo tragó saliva y se incorporó un poco, confundido, señalándose a sí mismo.

— ¡SÍ, TÚ! —insistí, abriendo los brazos empapados. Por fin me localizó, lo que le provocó un respingo un poco brusco que hizo que golpease la mesa con su propia tripa—. QUE NO ES TAN DIFÍCIL BAJAR LA CABEZA Y PEDIR PERDÓN. ¿O NECESITO SUBIR YO A PONÉRTELO MÁS A MANO? —él, que iba casi tan ebrio como yo, incluso peor, se agachó en dirección a la barra para verme mejor, hasta chocar la frente contra el borde. No pude evitar reírme mientras que él se ponía rojo de vergüenza y furia. Apretaba sus puños con fuerza pero había duda en sus acciones.

— ¡Eh, hablas muy alto pa’ lo pequeñita que eres! —escupe por fin, intentando recobrar la compostura tras el pequeño accidente, que no parecía haberle mermado la ira, más bien todo lo contrario.
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pequeños encuentros [pasado][privado] - por Han - 19-11-2025, 01:32 PM
RE: pequeños encuentros [pasado][privado] - por Han - 29-11-2025, 10:58 AM
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