03-12-2025, 01:00 AM
(Última modificación: 03-12-2025, 12:12 PM por Akira Raito.)
La carta de aquel revolucionario era clara, “Firma: D.C.”, “LEALES SIEMPRE… TRAIDORES NUNCA”, “si hay que matar, se mata”, “bar Armando ‘El Pelón’”… El gran trabajo que habían hecho los tres marines y aquella cazadora había sido excelente. Habían logrado que cesaran los alborotos en el puerto, derrotando a aquel grupo de agitadores, por no llamarlos terroristas. Y habían conseguido la información que les acercaría, un poco más, al cabecilla de la operación.
¿Llegarían a la raíz? ¿Al núcleo más profundo de aquella trama? ¿O simplemente se acercarían un paso más a un cabecilla escondido entre las sombras? Un revolucionario que no mostraba su cara, que movía todo con hilos desde su escondite y que evitaba la primera línea de acción, no era un revolucionario, sino un agitador cobarde con delirios de profeta. Y una cara invisible capaz de provocar caos era algo muy peligroso.
Era de noche, rondaban las diez, casi once, y la luna no parecía querer que la vieran en el cielo. Apenas había luz más allá de las farolas. La gente ya estaba en sus casas descansando, la gente trabajadora, quizá alguno tomando algo o dando un paseo nocturno. Pero sus principales objetivos ahora mismo eran los encapuchados.
Juan y Akira esta vez se encontraban solos, aquella cazadora había desaparecido de la noche a la mañana, y su compañero Develio… Para desgracia de todos… Había fallecido. Algo que había provocado sentimientos de vacío y tristeza en Akira, y lo más probable que también en Juan. Acababan de completar una misión, de haber entrenado juntos y de haber puesto sus cartas sobre la mesa con la intención de formar una división… Y todo eso, de un día para otro, se había esfumado. Ahora solo quedaba el divertido binomio de alegres inconscientes. Y con toda la buena energía puesta en este nuevo reto, se dirigieron al bar Armando “El Pelón” buscando aquella célula terrorista.
Estaban prácticamente a un par de calles, y el peso del brazo del crustáceo sobre su hombro hacía que anduvieran balanceándose de un lado a otro. Ninguno conseguía medir el equilibrio del compañero, y era perfecto para que cualquiera que los viera no sospechara nada del camino que estaban siguiendo, en dirección al bar—. Suena a que te matan si no haces lo que quieren… Quizá es su lema… Aunque bueno el significado sería el mismo… ¡Te amenazo de la misma manera Juan! ¡Leales siempre, traidores nunca! —respondió a su compañero con energía y una mirada desafiante.
—Pff… No creo que sean tan débiles, acuérdate que el Andulfo ese dijo que con su jefe “no se jodía” —hizo el gesto de las comillas con los dedos de ambas manos, seguido de una carcajada al acordarse de aquel maravilloso nombre del agitador: Andulfo. No lo había escuchado nunca, sabía que no estaba bien hacer burla por un nombre, pero no podía evitar que le hiciera gracia cada vez que lo escuchaba. ¿Cómo se llamaría el “jefe? ¿Tendría otro nombre así de curioso?
Por suerte o por desgracia, una vez se acercaron a la plaza más próxima al bar, se encontraron con tres caminos. En un principio, la mentalidad de Akira fue que no se separaran. No sabían a qué amenaza se enfrentaban, y el hecho de ir solo era más peligroso que ir acompañado, pero la decisión de su compañero y lo confiado que podía llegar a ser el rubio acabaron dándole la razón al cangrejo—. Bien, pues entonces yo iré al de la izquierda, pero antes debemos tener una señal. Grita como un indio, tengo buen oído, si te pasa algo lo sabré. Yo también gritaré, y sino podemos gritar, hacemos mucho, mucho ruido, pero siguiendo un ritmo, que podamos diferenciar que somos nosotros… Ah y antes de irnos… —cogió varias verjas de metal que habían apartadas a un lado de la entrada del primer camino, entre este y el tercero, y las apiló en este último cortando el paso de manera fácil. Si alguien intentaba escapar corriendo por allí, con la oscuridad de la noche se tragaría todas las verjas. Eso no solo haría ruido sin ritmo, sino que además haría tropezar a cualquiera. Una persona que no huye de nada, se fijaría dado que andaría con calma. Solo alguien que temiera ser descubierto o atacado escaparía corriendo de aquel bar.
—Nos vemos en la entrada del bar, te estaré esperando con un par de cervezas frías, tchakikikikiyah.
Una vez en aquel camino, y pudiendo diferenciar los quiebros que hacía cambiando de dirección, se llevo la mano a la frente. Había escogido el camino más largo, pero eso no hacía que dejara de ser el menos divertido. Las casas de aquella calle contaban con amplios balcones llenos de plantas, así que de un salto y una veloz dominada, su mente inquieta pensó que lo mejor sería avanzar de balcón en balcón. No porque buscara esconderse, sino para tener un rango de visión más amplio y desde las alturas. Aunque le descubrieran y se pensaran de él algo malo, el terreno elevado siempre daba una ventaja importante, ya lo decía Sun Tzu.
¿Llegarían a la raíz? ¿Al núcleo más profundo de aquella trama? ¿O simplemente se acercarían un paso más a un cabecilla escondido entre las sombras? Un revolucionario que no mostraba su cara, que movía todo con hilos desde su escondite y que evitaba la primera línea de acción, no era un revolucionario, sino un agitador cobarde con delirios de profeta. Y una cara invisible capaz de provocar caos era algo muy peligroso.
Era de noche, rondaban las diez, casi once, y la luna no parecía querer que la vieran en el cielo. Apenas había luz más allá de las farolas. La gente ya estaba en sus casas descansando, la gente trabajadora, quizá alguno tomando algo o dando un paseo nocturno. Pero sus principales objetivos ahora mismo eran los encapuchados.
Juan y Akira esta vez se encontraban solos, aquella cazadora había desaparecido de la noche a la mañana, y su compañero Develio… Para desgracia de todos… Había fallecido. Algo que había provocado sentimientos de vacío y tristeza en Akira, y lo más probable que también en Juan. Acababan de completar una misión, de haber entrenado juntos y de haber puesto sus cartas sobre la mesa con la intención de formar una división… Y todo eso, de un día para otro, se había esfumado. Ahora solo quedaba el divertido binomio de alegres inconscientes. Y con toda la buena energía puesta en este nuevo reto, se dirigieron al bar Armando “El Pelón” buscando aquella célula terrorista.
Estaban prácticamente a un par de calles, y el peso del brazo del crustáceo sobre su hombro hacía que anduvieran balanceándose de un lado a otro. Ninguno conseguía medir el equilibrio del compañero, y era perfecto para que cualquiera que los viera no sospechara nada del camino que estaban siguiendo, en dirección al bar—. Suena a que te matan si no haces lo que quieren… Quizá es su lema… Aunque bueno el significado sería el mismo… ¡Te amenazo de la misma manera Juan! ¡Leales siempre, traidores nunca! —respondió a su compañero con energía y una mirada desafiante.
—Pff… No creo que sean tan débiles, acuérdate que el Andulfo ese dijo que con su jefe “no se jodía” —hizo el gesto de las comillas con los dedos de ambas manos, seguido de una carcajada al acordarse de aquel maravilloso nombre del agitador: Andulfo. No lo había escuchado nunca, sabía que no estaba bien hacer burla por un nombre, pero no podía evitar que le hiciera gracia cada vez que lo escuchaba. ¿Cómo se llamaría el “jefe? ¿Tendría otro nombre así de curioso?
Por suerte o por desgracia, una vez se acercaron a la plaza más próxima al bar, se encontraron con tres caminos. En un principio, la mentalidad de Akira fue que no se separaran. No sabían a qué amenaza se enfrentaban, y el hecho de ir solo era más peligroso que ir acompañado, pero la decisión de su compañero y lo confiado que podía llegar a ser el rubio acabaron dándole la razón al cangrejo—. Bien, pues entonces yo iré al de la izquierda, pero antes debemos tener una señal. Grita como un indio, tengo buen oído, si te pasa algo lo sabré. Yo también gritaré, y sino podemos gritar, hacemos mucho, mucho ruido, pero siguiendo un ritmo, que podamos diferenciar que somos nosotros… Ah y antes de irnos… —cogió varias verjas de metal que habían apartadas a un lado de la entrada del primer camino, entre este y el tercero, y las apiló en este último cortando el paso de manera fácil. Si alguien intentaba escapar corriendo por allí, con la oscuridad de la noche se tragaría todas las verjas. Eso no solo haría ruido sin ritmo, sino que además haría tropezar a cualquiera. Una persona que no huye de nada, se fijaría dado que andaría con calma. Solo alguien que temiera ser descubierto o atacado escaparía corriendo de aquel bar.
—Nos vemos en la entrada del bar, te estaré esperando con un par de cervezas frías, tchakikikikiyah.
Una vez en aquel camino, y pudiendo diferenciar los quiebros que hacía cambiando de dirección, se llevo la mano a la frente. Había escogido el camino más largo, pero eso no hacía que dejara de ser el menos divertido. Las casas de aquella calle contaban con amplios balcones llenos de plantas, así que de un salto y una veloz dominada, su mente inquieta pensó que lo mejor sería avanzar de balcón en balcón. No porque buscara esconderse, sino para tener un rango de visión más amplio y desde las alturas. Aunque le descubrieran y se pensaran de él algo malo, el terreno elevado siempre daba una ventaja importante, ya lo decía Sun Tzu.
Resumen
Karmas

