03-12-2025, 04:40 AM
Las cosas que suceden en el mundo y en la vida cotidiana de cualquier ser, que tanto es casualidad, que tanto es destino, más que una pregunta, es casi una canción, un poema una ligera disertación. La mente de alguien que ha lidiado con cientos de seres, peleas que van más allá del plano físico, tampoco es que viva en un mundo perdido en sus pensamientos, pero Dharma, reconoce que la primera batalla sucede en la mente. Ahora bajo sus propios designios se encontraba en un peculiar escenario, el destino es sin duda un poder que aun no puede controlar, es la prueba de que algo más allá de sus ideas tiene también sus propias decisiones o elecciones, sin embargo, aun queda la parte en la que el es libre de elegir. Los rastros de una corta batalla, pero que dejaba muy claro que los seres de este mundo son capaces de despedazarse los unos a otros sin sentir remordimiento o tener su propio sentido de la vida y la muerte, no era una critica, solo una apreciación, el propio espadachín de cabellos negros era consciente de su propia oscuridad.
| Bro... no diré que no a una invitación después de tan interesante muestra de habilidad y voluntad. | Respondía con su habitual tono de voz, esa misma que le hacia destacar sin desearlo, pero tampoco era estruendoso, un tono fuerte, pero agradable, esto ante las palabras de aquel que tras ejercer una violencia exquisita, guardaba su espada como si de un instrumento musical se tratara o de algo tan común como respirar.| Excelente...| Dijo, sin titubeo alguno, como todo en el, ordenado, diligente, calculador, pero bajo una apariencia confiada, que no necesitaba estar con los dientes apretados o los puños cerrados para mantenerse concentrado, así sin más comenzó a seguir al honorable ser.
Unas horas más tarde
El camino no ha sido corto, pero no le causa ninguna molestia, la ruta fue tranquila, incluso había gente que los miraba pasar y agachaba la cabeza, tanto por el venerable guardián, como por su invitado, Dharma quizá suponiendo de más o quizá no, sentía como las mismas personas le brindaban casi el mismo respeto, no solo por su apariencia de guerrero fortalecido y sus dos espadas gemelas, era algo más como si un aura de solemnidad se extendiera por sus pasos. Pero eso no era todo, pues su caminata los dirigía hacia la zona de la catedral, Dharma ya la había observado en un par de ocasiones antes, pero no le había prestado la atención necesaria, pues él tenia su propia idea de la fe, en esta ocasión la visitaría, era más que obvio, mientras esto sucedía la noche ascendía, la luna aquella lumbrera nocturna se mostraba radiante en su totalidad, dando esos destellos especiales. Aquella edificación que se alzaba ante su vista era digna de descripción y admiración, sin embargo, el poseedor de los orbes verdes y sus ojos afilados no le tomaron demasiado a cuenta, no era alguien que se embelesaba por lo material, más bien le importaba la utilidad de lo material.
Se mostraban aquellas puertas icónicas, ahora frente a sus ojos, tan grandes como la fe que desbordaban en apariencia, al abrirse Dharma hace lo propio siguiendo el comportamiento de su guia, el clima adentro es diferente, el olor, incluso la sensación de paz, como si estuviera en otra dimensión, el espadachín observa, atento, analítico, pero también sabiendo actuar con moderación, como si no fuera la primera ni la ultima vez que entraba a un lugar envuelto en este tipo de ambiente, de una u otra forma el estaba acostumbrado, en su temporada como monje, pero ahí lo más ostentoso era un cuenco de madera. Sabia vivir en la riqueza y la pobreza, la opulencia y la dificultad. Su andar ahora surcando el gran pasillo de la iglesia, los murmullos ligeros se hacen notar, las miradas están en los recién llegados. Aquel nuevo invitado, su forma de andar es segura, confiada, su rostro observa a aquel que llama más la atención en todo ese recinto "sagrado" el que parecer ostentar el titulo de padre sin que se lo dijeran.
| Bro... no diré que no a una invitación después de tan interesante muestra de habilidad y voluntad. | Respondía con su habitual tono de voz, esa misma que le hacia destacar sin desearlo, pero tampoco era estruendoso, un tono fuerte, pero agradable, esto ante las palabras de aquel que tras ejercer una violencia exquisita, guardaba su espada como si de un instrumento musical se tratara o de algo tan común como respirar.| Excelente...| Dijo, sin titubeo alguno, como todo en el, ordenado, diligente, calculador, pero bajo una apariencia confiada, que no necesitaba estar con los dientes apretados o los puños cerrados para mantenerse concentrado, así sin más comenzó a seguir al honorable ser.
Unas horas más tarde
El camino no ha sido corto, pero no le causa ninguna molestia, la ruta fue tranquila, incluso había gente que los miraba pasar y agachaba la cabeza, tanto por el venerable guardián, como por su invitado, Dharma quizá suponiendo de más o quizá no, sentía como las mismas personas le brindaban casi el mismo respeto, no solo por su apariencia de guerrero fortalecido y sus dos espadas gemelas, era algo más como si un aura de solemnidad se extendiera por sus pasos. Pero eso no era todo, pues su caminata los dirigía hacia la zona de la catedral, Dharma ya la había observado en un par de ocasiones antes, pero no le había prestado la atención necesaria, pues él tenia su propia idea de la fe, en esta ocasión la visitaría, era más que obvio, mientras esto sucedía la noche ascendía, la luna aquella lumbrera nocturna se mostraba radiante en su totalidad, dando esos destellos especiales. Aquella edificación que se alzaba ante su vista era digna de descripción y admiración, sin embargo, el poseedor de los orbes verdes y sus ojos afilados no le tomaron demasiado a cuenta, no era alguien que se embelesaba por lo material, más bien le importaba la utilidad de lo material.
Se mostraban aquellas puertas icónicas, ahora frente a sus ojos, tan grandes como la fe que desbordaban en apariencia, al abrirse Dharma hace lo propio siguiendo el comportamiento de su guia, el clima adentro es diferente, el olor, incluso la sensación de paz, como si estuviera en otra dimensión, el espadachín observa, atento, analítico, pero también sabiendo actuar con moderación, como si no fuera la primera ni la ultima vez que entraba a un lugar envuelto en este tipo de ambiente, de una u otra forma el estaba acostumbrado, en su temporada como monje, pero ahí lo más ostentoso era un cuenco de madera. Sabia vivir en la riqueza y la pobreza, la opulencia y la dificultad. Su andar ahora surcando el gran pasillo de la iglesia, los murmullos ligeros se hacen notar, las miradas están en los recién llegados. Aquel nuevo invitado, su forma de andar es segura, confiada, su rostro observa a aquel que llama más la atención en todo ese recinto "sagrado" el que parecer ostentar el titulo de padre sin que se lo dijeran.
| El padre Holden... también deseo, que algún día los seres humanos y demás se arrojen por mi al infierno sin dudarlo... | Mencionó el pelinegro, mientras guardaba la distancia propia de unos tres metros y sentía el ligero toque de su guía. Sus palabras podrían sonar confusas o agresivas, pero si aquel titánico ser era sabio lo comprendería. | Pues eso fue lo que sucedió, pude ver a una multitud de hombres defender su orgullo y su fe ante la muerte misma... y creo que yo fui el motivo de dicho acto de fe y voluntad tan arrojada. | La postura de Dharma es tranquila, sus ojos observan a los del padre, su voz como un cantico, no titubea, no teme, no siente nervios o angustia. | Yo maté a la aberración más pequeña e instruí a que no se debe permitir dar voz a los demonios... y eso trajo consigo lo que ya mencioné. | El pirata suspiro levemente, sabia que debía contar la verdad, no por otra cosa mas que honor, además nada ganaba con exagerar y decir que el mato a tres onis cuando solo fue uno, pero por si a caso se mantenía atento, no sabia del todo de que trataba todo este lio, sus manos con calma y ternura acariciaban los costados mas violentos de su cuerpo. | ¿Mi recompensa? ¿Cuánto vale un mundo libre? |
Libre de ¿qué? de demonios, de onis, de religión, de gente ignorante que justifica su racismo, de gente cruel que decide la vida de un crio. Nadie ahí sabia la respuesta, Dharma por su parte entendía eso y claro que él la sabia, el mundo no puede ser libre, pero esa historia digna del olimpo era para otra ocasión.
Libre de ¿qué? de demonios, de onis, de religión, de gente ignorante que justifica su racismo, de gente cruel que decide la vida de un crio. Nadie ahí sabia la respuesta, Dharma por su parte entendía eso y claro que él la sabia, el mundo no puede ser libre, pero esa historia digna del olimpo era para otra ocasión.
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