La leyenda comienza [PRESENTE RELATIVO]
#1
Unos fuertes y potentes ronquidos retumbaban en aquel barco, impidiendo el descanso de cualquier otro ser allí. Se podía escuchar algún que otro grito, increpando a aquella mole que se callara y dejara descansar a los demás, pero la mole que roncaba profundamente era yo, Daisen Rengoku, y no lo escuchaba bajo ningún tipo de concepto. Y aunque los escuchara, tampoco podía hacer nada. ¿Que podía hacer un tipo como yo para no roncar? Pues no dormir, pero eso ni se lo planteaba. Algo se le ocurriría para compensar, pero de momento, dormía profundamente en la quietud de la noche. 

A la mañana siguiente, me desperté totalmente renovado y lleno de energía. Me incorporé lentamente hasta poder moverme y apoyar mi espalda en la pared de aquella bodega en el barco. Parpadeé un par de veces para poder enfocar con claridad y bostecé emitiendo un leve rugido que seguramente escucharían arriba. -Buenos días, mundo. Gracias por regalarme este magnífico día.- Dije, como todos los días desde que empecé mi camino. Me rasqué enérgicamente la panza como si fuera un perro rascándome la oreja, y acto seguido, me atusé un poco la barba. Me sentía un poco incómodo por el simple hecho de que llevaba un par de días sin bañarme. Y es que era normal, la última vez que me duche con agua del barco, casi les dejo sin provisiones de agua, y claro, entendía la consecuencia de no dejarme bañar.

Notaba cierta crispación con los del barco, pues parecían estar incómodos con mi presencia. Aquel barco mercantil, me acogieron simplemente por el hecho de mi altura y dimensiones, pensando que si algún pirata atacaba, yo iba defenderles, pero nada más lejos de la realidad. Seguramente si viniera un grupo de piratas, iba a tratar de hablar con ellos, hacerles entrar en razón y que siguieran su propio camino, y ya si insistían en atacar, en ese caso, les iba a dar hasta en el cielo de la boca. Pero claro, en ese trayecto, no hubo ningún problema, por lo que se rumoreaba que me iban a dejar en la primera isla que pudieran. Yo, estaría encantado. Les agradecía el haberme acogido, y si mi destino era separarme de ellos, lo aceptaría con ganas y amor.

Me levanté tan calmadamente como pude. Estaba seguro que con mi peso si hacía movimientos bruscos, podría mover aquel barco con cierta facilidad, por lo que intentaba minimizar los movimientos. Agarré mi túnica blanca y salí a la cubierta, y tras dedicarles a todos una de las más amables sonrisas y les dediqué unas palabras. -Muy buenos días tengan, mis amigos. ¿Cómo han descansado? ¡Yo genial!- Dije con mi tono grave de voz, mientras me ponía la túnica por encima de los hombros, sin meter los brazos. -¿En que puedo ayudaros este magnífico día, mis amigos? ¿Necesitais que haga algo?- Continué, mirando a todos, haciendo un barrido de izquierda a derecha. Una de la tripulación, que era la que parecía estar en un estado alto de ira, se dirigió a mí. -¡Necesitamos que te marches! No puedes estar más aquí. ¡Comes mucho mas que los demás, bebes mucho más que los demás y no nos dejas dormir con tus ronquidos!- Arqueé las cejas con sorpresa. -¡Pero vosotros me dejasteis que me uniera!- Gruñí levemente, ligeramente dolido porque no me quisieran allí, mientras agachaba la cabeza. Luego me crucé los brazos y le volví a mirar, esta vez con una amplia sonrisa. -Muchas gracias por ayudarme. Necesitaba salir del East Blue y me acogisteis. Como compensación, me bajaré en la siguiente isla que sea, y no probaré bocado ni beberé hasta que lleguemos. Eso si, no creo que pueda hacer nada con los ronquidos... ¡WUAYAYAYAYAYAYA!- Hice una leve reverencia, pidiendo perdón, y me senté en el suelo, apoyándome en el mástil principal. -Estaré aquí, si necesitáis algo, pedid. Estaré dispuesto a ayudar.- 

Pasaron dos días en los que no comí ni bebí nada. No sabéis lo duro que es estar haciendo ayuno de agua y comida. Mi barriga gruñía incluso más alto que mis ronquidos, y mi boca estaba más seca que la arena. Sin embargo, no me moví del mástil, cumpliendo mi promesa. Llegamos a una isla, la cual me dijeron el nombre, pero tenía tanta hambre y sed, que solo estaba pensando en el barril de agua que me iba a beber nada mas encontrar una taberna o algo parecido. Salí del barco, y me dí la vuelta para dirigirme a todos los que fueron mis compañeros. -¡MUCHAS GRACIAS POR TODO! ¡He aprendido mucho de todos ustedes! Espero que podáis encontrar lo que sea que buscáis. ¡Yo seguiré buscando el bien en el mundo! ¡CUIDAOS!- Y dicho aquello, me di la vuelta y comencé a andar hacia donde sea que me dieran agua y pan. Aunque de momento, con el agua iba bien servido.
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La leyenda comienza [PRESENTE RELATIVO] - por Daisen Rengoku - 24-10-2023, 11:58 PM

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