04-12-2025, 11:42 PM
Miré a Uker. Su voz sonaba como fuerte , aunque no por eso dejaba de ser firme. Había algo en él que llamaba la atención: un chico guapo, de rasgos definidos, aunque ligeramente pequeño en comparación con mi tamaño. Aquello me hizo reír para mis adentros. Sin decir nada más, seguí la orden que había salido de sus labios apenas unos segundos antes no quería enfadar a nadie .Tomé las amarras y empecé a colocarlas en su sitio, ajustándolas con cuidado, intentando que todo quedara exactamente como debía.
Por fin habíamos terminado aquel pequeño calvario. Sentía el cansancio acumulado en cada músculo, pero aun así me sorprendí a mí misma sonriendo. Me alegraba haber vuelto a ver caras conocidas; después de tanto tiempo lejos, reencontrarme con ellos me daba una calidez. Hablando de calor… hacia demasiado. Me desabotoné el kimono y me lo quité, quedándome con el mono ajustado y corto que llevaba debajo. Al menos así podía moverme mejor y no sentir que me derretía.
Respiré hondo y observé cómo los demás terminaban sus tareas. No tenía prisa. Había algo raro en aquel momento: verlos trabajar, escuchar el murmullo tranquilo de las voces, sentir el barco mecerse de una manera que sinceramente me gustaría que fuese más tranquila. La paciencia me volvió al cuerpo poco a poco, como si por fin pudiera soltar toda la tensión que venía cargando.
Sabía que llegaríamos dentro de muy poco a nuestro nuevo destino, y esa idea me llenaba de una calma extraña, como si el simple hecho de avanzar me diera un motivo para mantenerme firme. No tenía del todo claro qué nos esperaba, pero por primera vez en días, sentí que estaba preparada.
Por fin habíamos terminado aquel pequeño calvario. Sentía el cansancio acumulado en cada músculo, pero aun así me sorprendí a mí misma sonriendo. Me alegraba haber vuelto a ver caras conocidas; después de tanto tiempo lejos, reencontrarme con ellos me daba una calidez. Hablando de calor… hacia demasiado. Me desabotoné el kimono y me lo quité, quedándome con el mono ajustado y corto que llevaba debajo. Al menos así podía moverme mejor y no sentir que me derretía.
Respiré hondo y observé cómo los demás terminaban sus tareas. No tenía prisa. Había algo raro en aquel momento: verlos trabajar, escuchar el murmullo tranquilo de las voces, sentir el barco mecerse de una manera que sinceramente me gustaría que fuese más tranquila. La paciencia me volvió al cuerpo poco a poco, como si por fin pudiera soltar toda la tensión que venía cargando.
Sabía que llegaríamos dentro de muy poco a nuestro nuevo destino, y esa idea me llenaba de una calma extraña, como si el simple hecho de avanzar me diera un motivo para mantenerme firme. No tenía del todo claro qué nos esperaba, pero por primera vez en días, sentí que estaba preparada.
