05-12-2025, 03:46 AM
(Última modificación: 05-12-2025, 03:47 AM por Sigurd Haakon.)
Como buena casa del señor, las puertas estan abiertas de par en par para todo aquel que quiera abrazar la fé o confesar sus pecados. Todo invita a la paz y a ser acogido, pero aún así no puedes evitar la sensación de sentirte observado por una fuerza mayor. El sentimiento de ser bienvenido, sí, pero sin hacer nada que perturbe el ambiente o te comerán vivo. Puede que sea por tantas miradas de aquellos a los que has interrumpido rezando. O tal vez el extraño aspecto del Padre Holden, con su mirada perforante y una sonrisa que hiela la sangre. Aún con esa presión en el pecho, avanzas sin titubear hasta alcanzar una distancia prudencial con el párroco, la suficiente para mantener una conversación pero sin invadir el espacio personal ni cruzar el altar. Desde ahí, superas tu timidez y le dices tu verdad al... ¿"hombre"?
Tus palabras son escuchadas no solo por el cura, sino por cada rincón de la enorme estancia, con un eco melódico que recorre cada rincón. No hay secretos en este lugar, y las paredes de piedra se encargan de ello. Aunque de primeras usas expresiones crudas, se notan sinceras y con un buen fondo que comparten todos los presentes. Muchos te miran mal, incluso aparcan sus oraciones para levantarse y querer pedirte explicaciones. Pero nadie se atreve, pues Holden escucha atento y con una templanza inamovible, congratulado por lo que en el fondo quieres expresar. Su alegría se hace más evidente cuando te toca pedir una recompensa o un "deseo". En vez de hacer como muchos otros, pedir dinero, fama o una buena posición, pides un mundo libre. Parece ensayado, pero nace desde dentro. -¿Habéis oído, hijos míos?- alza la voz, al igual que los brazos en una posición de cruz. -El señor habla a través de mí, e influye en aquellos de corazón puro como este joven.- suena amable, aunque autoritario. -¡AMÉN!- replican todos los presentes con alegría.
Una mano amiga aparece por detrás y reposa en tu hombro. Sientes un leve apretón orgulloso en el mismo, en señal de profundo respeto. Es la mano del Penitente sin Nombre, que te reconoce como un igual. Giras ligeramente el rostro y, aunque esté cubierto con el capirote, notas unos ojos felices detrás de su máscara. No habla, pero con su gesto lo dice todo. ¿Que sientes ahora mismo? Puedes responder, tanto física como verbalmente. Tal vez agradecer al Padre Holden o al Penitente. Quizás prefieras dirigirte a los feligreses con algunas palabras amables. Pero nada de eso importa, pues tras el acto afectivo del ángel, un estruendo hace temblar los cimientos de la iglesia.
Los cristales estallan de forma simultánea y varias velas se apagan. El polvo se levanta mientras un poco de arenisca cae a la vez que tiemblan las columnas que sostienen la catedral. El pánico se hace evidente ante lo desconocido y ni siquiera las palabras del Padre Holden son capaces de silenciar el caos. El Penitente agarra su espada una vez más, sin llegar a desenvainar. Observa de un lado a otro, buscando el causante de dicho acto, aunque sin éxito, pues nadie se espera lo que está por llegar.
Un segundo impacto. Tan terrible como el anterior. Con él, un rugido de bestia infernal latente que silencia todo tipo de llanto. El silencio invade el lugar mientras sabéis que aquello que viene, quiere entrar. A la tercera, va la vencida. Haciendo estallar las puertas que os protegían, entra la muerte personificada. Un titán de 10 metros de alto, forjado en el mismísimo inframundo. Piel morena, casi cobriza. Músculos de hierro curtidos en mil batallas. Un rostro tenebroso, lleno de furia e ira. Y dos cuernos. Cuernos demoníacos de una raza ancestral y maldita. -¡VOSOTROS...!- su poderosa voz aplasta la voluntad del más valiente. Grave, profunda, cargada de frustración. -¡TODOS VAIS A MORIR AQUÍ, MALDITOS ASESINOS!- amenaza y acusa, preparado para dar caza a aquellos que los han hostigado durante generaciones. Entonces te señala, haciendo de esto algo personal. -¡TÚ MATASTE A MI HIJO, SABANDIJA. PREPARATE A MORIR!- te sentencia.
No hay escapatoria, y esta enorme criatura trae muerte y desolación para todos. Ocupa el ancho de la puerta y nadie puede salir. El Penitente se prepara para luchar a tu lado dentro de la catedral. Os separan varios metros. Es momento del gran conflicto del cual no puedes huir, pues eres el principal objetivo del monstruo. Ahora o nunca. ¿Serás aquel que enfrentará al infierno y matará al mismo diablo o uno más en su lista infinita de víctimas?
Tus palabras son escuchadas no solo por el cura, sino por cada rincón de la enorme estancia, con un eco melódico que recorre cada rincón. No hay secretos en este lugar, y las paredes de piedra se encargan de ello. Aunque de primeras usas expresiones crudas, se notan sinceras y con un buen fondo que comparten todos los presentes. Muchos te miran mal, incluso aparcan sus oraciones para levantarse y querer pedirte explicaciones. Pero nadie se atreve, pues Holden escucha atento y con una templanza inamovible, congratulado por lo que en el fondo quieres expresar. Su alegría se hace más evidente cuando te toca pedir una recompensa o un "deseo". En vez de hacer como muchos otros, pedir dinero, fama o una buena posición, pides un mundo libre. Parece ensayado, pero nace desde dentro. -¿Habéis oído, hijos míos?- alza la voz, al igual que los brazos en una posición de cruz. -El señor habla a través de mí, e influye en aquellos de corazón puro como este joven.- suena amable, aunque autoritario. -¡AMÉN!- replican todos los presentes con alegría.
Una mano amiga aparece por detrás y reposa en tu hombro. Sientes un leve apretón orgulloso en el mismo, en señal de profundo respeto. Es la mano del Penitente sin Nombre, que te reconoce como un igual. Giras ligeramente el rostro y, aunque esté cubierto con el capirote, notas unos ojos felices detrás de su máscara. No habla, pero con su gesto lo dice todo. ¿Que sientes ahora mismo? Puedes responder, tanto física como verbalmente. Tal vez agradecer al Padre Holden o al Penitente. Quizás prefieras dirigirte a los feligreses con algunas palabras amables. Pero nada de eso importa, pues tras el acto afectivo del ángel, un estruendo hace temblar los cimientos de la iglesia.
Los cristales estallan de forma simultánea y varias velas se apagan. El polvo se levanta mientras un poco de arenisca cae a la vez que tiemblan las columnas que sostienen la catedral. El pánico se hace evidente ante lo desconocido y ni siquiera las palabras del Padre Holden son capaces de silenciar el caos. El Penitente agarra su espada una vez más, sin llegar a desenvainar. Observa de un lado a otro, buscando el causante de dicho acto, aunque sin éxito, pues nadie se espera lo que está por llegar.
Un segundo impacto. Tan terrible como el anterior. Con él, un rugido de bestia infernal latente que silencia todo tipo de llanto. El silencio invade el lugar mientras sabéis que aquello que viene, quiere entrar. A la tercera, va la vencida. Haciendo estallar las puertas que os protegían, entra la muerte personificada. Un titán de 10 metros de alto, forjado en el mismísimo inframundo. Piel morena, casi cobriza. Músculos de hierro curtidos en mil batallas. Un rostro tenebroso, lleno de furia e ira. Y dos cuernos. Cuernos demoníacos de una raza ancestral y maldita. -¡VOSOTROS...!- su poderosa voz aplasta la voluntad del más valiente. Grave, profunda, cargada de frustración. -¡TODOS VAIS A MORIR AQUÍ, MALDITOS ASESINOS!- amenaza y acusa, preparado para dar caza a aquellos que los han hostigado durante generaciones. Entonces te señala, haciendo de esto algo personal. -¡TÚ MATASTE A MI HIJO, SABANDIJA. PREPARATE A MORIR!- te sentencia.
El padre de los demonios aparece
No hay escapatoria, y esta enorme criatura trae muerte y desolación para todos. Ocupa el ancho de la puerta y nadie puede salir. El Penitente se prepara para luchar a tu lado dentro de la catedral. Os separan varios metros. Es momento del gran conflicto del cual no puedes huir, pues eres el principal objetivo del monstruo. Ahora o nunca. ¿Serás aquel que enfrentará al infierno y matará al mismo diablo o uno más en su lista infinita de víctimas?
En efecto, cajita feliz

![[Imagen: XWFwBYa.png]](https://i.imgur.com/XWFwBYa.png)
![[Imagen: aSfESGB.jpeg]](https://i.imgur.com/aSfESGB.jpeg)