05-12-2025, 06:17 AM
Un tono de voz muy difícil de leer, con un mensaje un tanto confuso. Solo podría dejar que ella llevara el paso doble. Alce la vista ha ella pues es lo que le pedían y encontrarse de nuevo con esos ojos angelicales. No es que me sintiera intimidado aunque eso es lo que se pudiera leer, solo. —Es complicado. — Por mucho que ella actuara bajando la guardia ahora el que le cuesta lidiar es a mi. —-Dejaste mi mente un poco en blanco.— No tengo que ocultar lo que es más que evidente.
Suspiré muy profundamente un par de veces, inhalando todos esos pensamientos negativos y exhalando lentamente para que se fueran borrando de mi cabeza. Primero esos pensamientos de rechazo, no me minimizo ante nadie. Me mido, mi mirada no titubea. —Me gustaría, más que hablar, por hablar, me gustaría escucharte. Hablame de ti. Cuentame la historia de Asherah. No la historia corta, concisa, aburrida, quiero la historia que te hizo salir de donde estabas, que hizo pasar por aquí en Karate, que te hizo salir al mundo. Yo no sé de donde eres, pero creo que hay una gran historia detrás. —
Igual y no es la mejor manera de pedirlo. Mi expresión se fue relajando luego de cada palabra que digo. —Sabes, no es porque tienes alas como las mías, pero todo tu no pareces la típica mujer, me emocioné un poco. Lo lamento.— No es como que hiciera una confesión importante. Me estaba midiendo mucho, aun cuando se fue el cocinero no pedí nada para mi. Había perdido por completo la petición de hambre que tenía hace unos momentos. Ahora en mí había otro tipo de ambición. La de conocer aquello que estaba oculto, aquello que ella aun no hablaba.
Relami mis labios estaban secos y aun después de eso siguen un poco resecos. Los meseros que ahora no hablan solo traen una jarra con agua y unas copas cristalinas con detalles escritos en algún color dorado. Sirvieron ambas y yo no esperé mucho por ella para dar un trago a la mía. Tenía algunas ruedas de limón y está fría, es refrescante aunque no tiene mucho sabor, salvo por un ligero amargo cuando la bebida pasa por tu garganta.
Mi mirada un poco perdida vuelve a la mesa, a los demás paredes, todas las miradas finalmente terminan en ti aun en lo lejos. Yo solo esperé, ciertamente mi espera no fue tan paciente cómo la primera vez. Volví a mi postura del pensador mientras la miraba fijamente. Una mirada curiosa, aunque pudiera tener una tentación atractiva que pudiera distraerme, no es lo que quiero ver ahora mismo. No pienso demasiado, ya que tengo que ir un paso a la vez.
—Quería acortar la distancia entre nosotros. Por mucho que podamos ser parecidos cualquiera se daría cuenta que, entre tu y yo hay un mundo de diferencia. Solo me emocioné y pensé que podríamos estar más cerca.— Esperaba que ella entendiera a qué me refería en más de una manera se podría notar que ese acercamiento era una ligera técnica para iniciar un cortejo. —No lo malinterpretes. Eres, bueno, lo que yo pueda decir se queda corto, pero cualquier artista debe referirse Asherah cuando hablan de una musa. Yo volé muy cerca del sol, no me puedes culpar por eso.—
No me quise excusar en su atractivo. —Mea culpa.— Fui débil. Solo regalame cuanto tiempo puedas.
Suspiré muy profundamente un par de veces, inhalando todos esos pensamientos negativos y exhalando lentamente para que se fueran borrando de mi cabeza. Primero esos pensamientos de rechazo, no me minimizo ante nadie. Me mido, mi mirada no titubea. —Me gustaría, más que hablar, por hablar, me gustaría escucharte. Hablame de ti. Cuentame la historia de Asherah. No la historia corta, concisa, aburrida, quiero la historia que te hizo salir de donde estabas, que hizo pasar por aquí en Karate, que te hizo salir al mundo. Yo no sé de donde eres, pero creo que hay una gran historia detrás. —
Igual y no es la mejor manera de pedirlo. Mi expresión se fue relajando luego de cada palabra que digo. —Sabes, no es porque tienes alas como las mías, pero todo tu no pareces la típica mujer, me emocioné un poco. Lo lamento.— No es como que hiciera una confesión importante. Me estaba midiendo mucho, aun cuando se fue el cocinero no pedí nada para mi. Había perdido por completo la petición de hambre que tenía hace unos momentos. Ahora en mí había otro tipo de ambición. La de conocer aquello que estaba oculto, aquello que ella aun no hablaba.
Relami mis labios estaban secos y aun después de eso siguen un poco resecos. Los meseros que ahora no hablan solo traen una jarra con agua y unas copas cristalinas con detalles escritos en algún color dorado. Sirvieron ambas y yo no esperé mucho por ella para dar un trago a la mía. Tenía algunas ruedas de limón y está fría, es refrescante aunque no tiene mucho sabor, salvo por un ligero amargo cuando la bebida pasa por tu garganta.
Mi mirada un poco perdida vuelve a la mesa, a los demás paredes, todas las miradas finalmente terminan en ti aun en lo lejos. Yo solo esperé, ciertamente mi espera no fue tan paciente cómo la primera vez. Volví a mi postura del pensador mientras la miraba fijamente. Una mirada curiosa, aunque pudiera tener una tentación atractiva que pudiera distraerme, no es lo que quiero ver ahora mismo. No pienso demasiado, ya que tengo que ir un paso a la vez.
—Quería acortar la distancia entre nosotros. Por mucho que podamos ser parecidos cualquiera se daría cuenta que, entre tu y yo hay un mundo de diferencia. Solo me emocioné y pensé que podríamos estar más cerca.— Esperaba que ella entendiera a qué me refería en más de una manera se podría notar que ese acercamiento era una ligera técnica para iniciar un cortejo. —No lo malinterpretes. Eres, bueno, lo que yo pueda decir se queda corto, pero cualquier artista debe referirse Asherah cuando hablan de una musa. Yo volé muy cerca del sol, no me puedes culpar por eso.—
No me quise excusar en su atractivo. —Mea culpa.— Fui débil. Solo regalame cuanto tiempo puedas.
