05-12-2025, 09:20 AM
Me quedé mirándola un instante, sorprendido, me llevé la mano zurda a la cabeza con el pensamiento de “¡qué carajos hace esa enana!”. Quizás no esperaba que una cosa tan pequeña pudiera montar semejante escándalo… o que tuviera semejante voz cuando se enfadaba. El marinero calvo lo había dejado quieto unos segundos, a medio movimiento, con la boca entreabierta y los ojos muy abiertos, como si estuviera intentando entender qué demonios estaba pasando. El tipo parpadeó un par de veces, miró su jarra vacía, luego miró a Alana, intentó destensar sus músculos del cuerpo y la cara… y soltó una carcajada bronca, de esas que hacen temblar la mesa.
Pero yo no reí en lo absoluto.
Mis músculos que se habían tensado hacía tiempo viendo el peligro inminente y poniendo en duda que una persona tan pequeña tuviera tanta fuerza en sus manos como en sus palabras. Di un paso adelante, despacio pero con determinación, y me coloqué entre la Tontatta y el marinero, sin perder la calma, tal vez un poco suicida por mi parte la idea, pero tampoco con esa torpeza habitual.
-Oiga…- Mi voz sonó más seria de lo habitual. En momentos serios, actitudes serias. -Le ha tirado una jarra a mi amiga. Lo mínimo que podría hacer es disculparse.
El calvo me miró por encima del hombro, como si fuera otro insecto más en el bar. Chasqueó la lengua y dio un trago imaginario a la jarra vacía, con esa actitud de “no tengo tiempo para mierdas”. -¿Y qué?- Escupió el marinero, arrastrando la voz por el alcohol. -Es… enana. Ni que fuese pa’ tanto.
Respiré por la nariz, con los brazos tensándose apenas bajo la ropa. -Lo es.- Admití, sin alzar la voz. -Y por eso debería tener el doble de cuidado. Y pedir disculpas no cuesta nada.- ¿Tan difícil es soltar un "perdón, ha sido un accidente"?
El calvo bufó, quería apartarme con un empujón, pero yo me moví justo lo suficiente como para que su mano chocara con el aire. No se puso en guardia (por el momento), no levantó los puños, no hizo nada de eso… pero tampoco dio un paso atrás.
-Vamos…- Le insté a calmarse, antes de que la pelea fuese a más. Aún no había ningún golpe formal, solo provocación. -No somos nadie aquí. Solo un par de viajeros comiendo. No hace falta… hacer más grande este lío.
El calvo volvió a reír, un sonido ronco, desagradable. Resoplé con evidente cansancio. Nuestro alrededor, los espectadores, estaban en silencio, esperando a ver cómo se desarrollaba todo. El marinero, con la jarra en la mano aún, giró el brazo como si fuese a apartarme, gruñendo algo ininteligible, más cerveza que palabras intuí. Y yo no me eché para atrás: atrapé la muñeca del marinero en el aire y la retorcí contra la barra, haciendo que el hombre soltara un alarido y soltando la jarra, dejándola caer al suelo, antes de intentar encararse a golpes. El resto de su grupo se tensó, en posición de ataque, dispuestos a proteger a su amigo. "No serán tan tontos... ¿no?" pensé. -¿Estáis seguros? Aún estáis a tiempo de dar pedir disculpas y seguir con esta estupenda velada…
Pero yo no reí en lo absoluto.
Mis músculos que se habían tensado hacía tiempo viendo el peligro inminente y poniendo en duda que una persona tan pequeña tuviera tanta fuerza en sus manos como en sus palabras. Di un paso adelante, despacio pero con determinación, y me coloqué entre la Tontatta y el marinero, sin perder la calma, tal vez un poco suicida por mi parte la idea, pero tampoco con esa torpeza habitual.
-Oiga…- Mi voz sonó más seria de lo habitual. En momentos serios, actitudes serias. -Le ha tirado una jarra a mi amiga. Lo mínimo que podría hacer es disculparse.
El calvo me miró por encima del hombro, como si fuera otro insecto más en el bar. Chasqueó la lengua y dio un trago imaginario a la jarra vacía, con esa actitud de “no tengo tiempo para mierdas”. -¿Y qué?- Escupió el marinero, arrastrando la voz por el alcohol. -Es… enana. Ni que fuese pa’ tanto.
Respiré por la nariz, con los brazos tensándose apenas bajo la ropa. -Lo es.- Admití, sin alzar la voz. -Y por eso debería tener el doble de cuidado. Y pedir disculpas no cuesta nada.- ¿Tan difícil es soltar un "perdón, ha sido un accidente"?
El calvo bufó, quería apartarme con un empujón, pero yo me moví justo lo suficiente como para que su mano chocara con el aire. No se puso en guardia (por el momento), no levantó los puños, no hizo nada de eso… pero tampoco dio un paso atrás.
-Vamos…- Le insté a calmarse, antes de que la pelea fuese a más. Aún no había ningún golpe formal, solo provocación. -No somos nadie aquí. Solo un par de viajeros comiendo. No hace falta… hacer más grande este lío.
El calvo volvió a reír, un sonido ronco, desagradable. Resoplé con evidente cansancio. Nuestro alrededor, los espectadores, estaban en silencio, esperando a ver cómo se desarrollaba todo. El marinero, con la jarra en la mano aún, giró el brazo como si fuese a apartarme, gruñendo algo ininteligible, más cerveza que palabras intuí. Y yo no me eché para atrás: atrapé la muñeca del marinero en el aire y la retorcí contra la barra, haciendo que el hombre soltara un alarido y soltando la jarra, dejándola caer al suelo, antes de intentar encararse a golpes. El resto de su grupo se tensó, en posición de ataque, dispuestos a proteger a su amigo. "No serán tan tontos... ¿no?" pensé. -¿Estáis seguros? Aún estáis a tiempo de dar pedir disculpas y seguir con esta estupenda velada…
