12-08-2023, 06:25 PM
A pesar de las cicatrices y de la cara intimidante de aquel mink, pudo ver en su rostro que se arrepentía. Ahora se sentía incluso mal ella por haberse hecho daño. ¿Tenía eso algún tipo de sentido? Así que para salir de esta espiral de culpabilidad decidió aceptar la propuesta de su nuevo amigo. - Vale, pasémonos a ver. - Le sonrió ampliamente, no siempre pasaba que te encontrabas a personas buenas con tal nivel de dedicación, así que se dio por vencida y dejó que la ayudasen.
Cuando estuvo a punto de levantarse del suelo, otra persona más intervino en la situación, preguntándole por su estado, pero sin mirarla si quiera, pues se colocó de espaldas a ella, mirando directamente el panda con el que había chocado. - Sí, sí, de verdad, no te preocu- - Se quedó muda. Escuchaba que ambos se decían cosas, pero no prestaba atención en absoluto a sus palabras. ¿Era él de verdad? No podía comprobarlo del todo, pero aquel enorme cuerpo, el pelo blanco, joder, la voz. Por su mente pasó un huracán de emociones, ¿qué posibilidad podía haber de volver a encontrarse con él? Una entre un millón. Por eso se quedó medio conmocionada, ignorando por unos segundos lo que ocurría alrededor de ella.
Iba a levantarse. Por tercera vez. Cuando un enorme oso en el que ni si quiera se había fijado por culpa de su ensimismamiento la agarró del brazo para repentinamente darle un lametón en toda su extensión. Sintió que se le subían los colores, en cuestión de unos segundos, toda su cara se puso roja como un tomate. Dio un fuerte tirón de su brazo hacia atrás, obviamente asustada, apartandose de las zarpas de aquel monstruo horrendo. Escuchó la voz del panda, que la defendía, aunque bastante tranquilo. Cosa que ella no pudo corresponder. - ¡¿QUÉ COÑO HACES!? - Y pum, Derya le propinó un puñetazo en toda la cara con todas sus fuerzas. No pudo evitarlo, le salió desde dentro. A estas alturas, bastante gente se había ido ya de la plaza, asustados por el numerito que se estaba formando. Se levantó del suelo, esta vez sí, aunque de forma muy patosa, tropezando hacia atrás, sujetándose en una columna para no caerse de nuevo, completamente aterrorizada. Joder, es que tenía una cara espantosa, parecía el típico personaje que inventaría una madre para darle miedo a su hijo y que no saliese al bosque solo. No era el lobo feroz, era el oso caníbal. Y ahora igual se había cabreado por culpa del puñetazo.
Con una fuerza que le salió de dentro, del puro instinto de supervivencia, corrió hasta el panda, se colocó en su espalda y se aferró a él como si fuera su protector. Habría acudido a Kovashi en su lugar, si no fuera porque parecía que eran amigos. Joder, si hasta le dio las gracias a él por haberle dado un lengüetazo a ella, ¿estábamos locos? Se sintió traicionada, como si un puñal le atravesase el corazón. La pena se le podía ver reflejada en la cara, y es que la joven era, a menudo, como un libro abierto.
