06-12-2025, 05:03 AM
No hay ni habrá basura inútil que reflexionar. Mi ser, simple y directo, tras obrar sobre completo por capricho y aportando con sincero desinterés a la iglesia no pensó ni busco excusas por las que perderse entre aquella gente, porque no importaba fueran verdaderos feligreses ni tampoco buscaba perseguir a la aprobación o los cumplidos que empezaban a llegar hasta transformarse en suficiente motivo como para blasfemar en su gratitud y regocijo, avanzando sin necesidad o deseo de escuchar la vida de otros, apartando bruscamente todo lo que cruzaba sobre mi camino hasta que una pequeña niña de 4 o 7 años detuvo mi avance ofreciéndome una flor silvestre del patio.
Lo sabia claro porque era una flor pequeña incluso entre sus dedos de infante pero la sinceridad de su gesto seria suficiente como que tomara la decisión de cesar, observando su figura como sí ella mereciera algo de apreciación, tal vez deseando una oportunidad de nunca olvidar su manera de pacificar, pero sea cualquiera el caso le acepte y disponiendo mis rodillas lo suficientemente agachadas busque con mi índice y pulgar tomar de este simbolismo, porque no era la flor valiosa por sí sino la mirada ilusionada en el pequeño rostro que aportaba esperanza sobre una vida de dificultades dispuestas por complejidades económicas, problemas familiares o quien sabe que tanto.
A manera que, luego de tomar la flor que resultaba todavía más pequeña en mi inmenso cuerpo simplemente di una sonrisa y asentir que en conjunto parecían un ademan con el cual educadamente me despedía de la pequeña, rodeándole para no estorbarle, porque reconocía su valor y por muy dulce que fuera igual estaba decidido sobre marcharme por la enorme puerta de iglesia, anticuada y de 10 o más metros, pero como fuera igual me largue, disponiendo un pequeño gesto para colocar la pequeña flor en una cartera de cuero mientras que rebuscaba en mis bolsillos algún aperitivo que me hubiera quedado, entonces lo encontré una pequeña bolsa de maní salado.
Me gustaba el maní por lo que empecé a tomar de esté una pieza a la vez procurando un autocontrol que desde incluso comenzar debo de admitir que no estaba seguro poder cumplir, simplemente busque disfrutar mi lugar, apreciando el paisaje alrededor de la iglesia, observando alguno que otra figura arbolada mientras intentaba en mi propio tiempo disfrutar un camino que se alejaba cada vez más… pero entonces notaria un olor singular.
-Ugh que rayos ¿quién mierda huele a culo sucio?- reclame, frunciendo el entrecejo y buscando apartar la vista sobre este aroma que no sabia si era de quemado o de melaza pero sencillamente me había entrado de sorpresa en la nariz
Lo sabia claro porque era una flor pequeña incluso entre sus dedos de infante pero la sinceridad de su gesto seria suficiente como que tomara la decisión de cesar, observando su figura como sí ella mereciera algo de apreciación, tal vez deseando una oportunidad de nunca olvidar su manera de pacificar, pero sea cualquiera el caso le acepte y disponiendo mis rodillas lo suficientemente agachadas busque con mi índice y pulgar tomar de este simbolismo, porque no era la flor valiosa por sí sino la mirada ilusionada en el pequeño rostro que aportaba esperanza sobre una vida de dificultades dispuestas por complejidades económicas, problemas familiares o quien sabe que tanto.
A manera que, luego de tomar la flor que resultaba todavía más pequeña en mi inmenso cuerpo simplemente di una sonrisa y asentir que en conjunto parecían un ademan con el cual educadamente me despedía de la pequeña, rodeándole para no estorbarle, porque reconocía su valor y por muy dulce que fuera igual estaba decidido sobre marcharme por la enorme puerta de iglesia, anticuada y de 10 o más metros, pero como fuera igual me largue, disponiendo un pequeño gesto para colocar la pequeña flor en una cartera de cuero mientras que rebuscaba en mis bolsillos algún aperitivo que me hubiera quedado, entonces lo encontré una pequeña bolsa de maní salado.
Me gustaba el maní por lo que empecé a tomar de esté una pieza a la vez procurando un autocontrol que desde incluso comenzar debo de admitir que no estaba seguro poder cumplir, simplemente busque disfrutar mi lugar, apreciando el paisaje alrededor de la iglesia, observando alguno que otra figura arbolada mientras intentaba en mi propio tiempo disfrutar un camino que se alejaba cada vez más… pero entonces notaria un olor singular.
-Ugh que rayos ¿quién mierda huele a culo sucio?- reclame, frunciendo el entrecejo y buscando apartar la vista sobre este aroma que no sabia si era de quemado o de melaza pero sencillamente me había entrado de sorpresa en la nariz
