06-12-2025, 07:09 AM
Gemí sobre sus labios, ni siquiera sabía porque me sentía así: No era la primera que me estimulaban de esta forma, por mucho menos mi primera vez con un hombre, pero no podía evitar sentir que era el fuego mismo, electricidad: Cada acción suya provocaba de inmediato una reacción mía de la forma más salvaje que podía. Su lengua era tan hábil que apenas podía seguir su ritmo y no era una falta de habilidad, sin embargo, la desesperación misma de querer sentir aún más profundo sin saber cómo. El vacío que había dejado en mi en cuanto retiró sus dedos fue molesto, mirándolo con el ceño ligeramente fruncido, un tanto confundido ante esa invasión a mi boca, un hilo de saliva haciéndose visible como aquel último vestigio de que ese beso había existido.
Lo observé con atención, como quien mira una pintura de arte intentando descifrarla y sus palabras hicieron mi intimidad palpitar: Mierda, sentía como mi cuerpo mismo se doblegaba ante el. —Tiemblas y luces tan seguro como el carajo que me parece una contradicción ¿me entiendes? … ¿Tanto me deseas? — Irónico. No quedaba ni un ligero atisbo del orgullo; mi voz, usualmente juguetona solamente parecía cruda, tal que ni parecía poder reconocerla ¿sumisión? Tal vez, por el, era lo más seguro ¿Deseo? Desde el primer momento que lo vi, un deseo que no se apagaba ni hundiéndome en el más frio de los océanos.
No lo olvidaría, tampoco quería hacerlo: Era la primera vez que me sentía tan atrapado que lograba entender porque las mujeres y sumisos con los que me acostaba preferían ser mandados; No quería pensar, solo sentir: Que mi piel ardiera mucho más hasta no poder más: No solo quería terminar, sino que el continuara aún cuando yo ya no tuviera más que derramar. Estaba desesperado, había logrado lo que quería: Pero no era el único triunfante.
Sus labios se volvieron a posar sobre los míos y los recibí de inmediato sin dudar, como si sus besos me hicieran falta para respirar, sostuve con fuerza la corbata y entonces lo sentí dentro de mi; Ahogando mis gemidos entre sus labios mientras arqueaba la espalda y mis piernas intentaban cerrarse por inercia. Mierda, no había sentido nada tan grande dentro de mi: No solo sentía que me llenaba por completo, pero que incluso me rompería. Sentí la sangre de su mordida, la mía: combinada con nuestras salivas y solo pude cerrar los ojos en completo extasis, ni siquiera podía esperar: Ante la presión jalé con fuerza la corbata, esperando ahorcarlo con esta: Una inusual forma de comunicarle mi profunda excitación.
Derramando un par de lágrimas me separé del beso, mirándolo a los ojos mientras el agarre se volvía menos agresivo, poco a poco me acostumbraba a él, a su tamaño, relajando los músculos para poder comenzar a mover la cadera, intentando sentirlo aún más, limpié los restos de saliva de mis labios, dando un fuerte jalón a la corbata para alcanzar sin quitarle la mirada de encima. — Jin… Estoy cerca… demasiado… duele…. — Y me encantaba ese dolor tan… placentero. Me obligaba a resistir por él, mis palabras cada vez más incoherentes mientras comenzaba a murmurar algunas cosas sin sentido sobre lo bien que se sentía y gemidos que interrumpían palabras. —Más rápido…— Exigí, apretando nuevamente la corbata con fuerza.
Lo observé con atención, como quien mira una pintura de arte intentando descifrarla y sus palabras hicieron mi intimidad palpitar: Mierda, sentía como mi cuerpo mismo se doblegaba ante el. —Tiemblas y luces tan seguro como el carajo que me parece una contradicción ¿me entiendes? … ¿Tanto me deseas? — Irónico. No quedaba ni un ligero atisbo del orgullo; mi voz, usualmente juguetona solamente parecía cruda, tal que ni parecía poder reconocerla ¿sumisión? Tal vez, por el, era lo más seguro ¿Deseo? Desde el primer momento que lo vi, un deseo que no se apagaba ni hundiéndome en el más frio de los océanos.
No lo olvidaría, tampoco quería hacerlo: Era la primera vez que me sentía tan atrapado que lograba entender porque las mujeres y sumisos con los que me acostaba preferían ser mandados; No quería pensar, solo sentir: Que mi piel ardiera mucho más hasta no poder más: No solo quería terminar, sino que el continuara aún cuando yo ya no tuviera más que derramar. Estaba desesperado, había logrado lo que quería: Pero no era el único triunfante.
Sus labios se volvieron a posar sobre los míos y los recibí de inmediato sin dudar, como si sus besos me hicieran falta para respirar, sostuve con fuerza la corbata y entonces lo sentí dentro de mi; Ahogando mis gemidos entre sus labios mientras arqueaba la espalda y mis piernas intentaban cerrarse por inercia. Mierda, no había sentido nada tan grande dentro de mi: No solo sentía que me llenaba por completo, pero que incluso me rompería. Sentí la sangre de su mordida, la mía: combinada con nuestras salivas y solo pude cerrar los ojos en completo extasis, ni siquiera podía esperar: Ante la presión jalé con fuerza la corbata, esperando ahorcarlo con esta: Una inusual forma de comunicarle mi profunda excitación.
Derramando un par de lágrimas me separé del beso, mirándolo a los ojos mientras el agarre se volvía menos agresivo, poco a poco me acostumbraba a él, a su tamaño, relajando los músculos para poder comenzar a mover la cadera, intentando sentirlo aún más, limpié los restos de saliva de mis labios, dando un fuerte jalón a la corbata para alcanzar sin quitarle la mirada de encima. — Jin… Estoy cerca… demasiado… duele…. — Y me encantaba ese dolor tan… placentero. Me obligaba a resistir por él, mis palabras cada vez más incoherentes mientras comenzaba a murmurar algunas cosas sin sentido sobre lo bien que se sentía y gemidos que interrumpían palabras. —Más rápido…— Exigí, apretando nuevamente la corbata con fuerza.
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