Caminaba por la calles de Samba… sus pies le mataban y sus zapatos no parecían ayudarle. Meras sandalias a medio coser y recocer, medio rotos y medio viejos, la sed le mataba, el hambre le acuciaba y mantenía algo entre sus brazos… algo peludo que se movía con una especie de espasmos. Maki como nunca caminaba rápidamente, tanto como se lo permitían sus cansados y hechos pedazos pies.
Cada carruaje que pasaba ella se volteaba y levantaba el dedo pulgar… necesitaba con gran urgencia ir al siguiente lugar donde tuvieran alguna veterinaria o algo así, era una pirata ciertamente, pero se dice que todos los piratas tienen conexiones con algo más terrenal suele ser un objeto, una esposa, un marido, un niño o una mascota, en este caso ella sentía la necesidad de cuidar y no hacer la vista gorda con los animales o los niños. Esta vez era un perrito, era extraño, rechoncho, negro y de ojos rojos. Se retorcía y parecía moverse entre dolores de algún tipo… no tenía heridas aparentes, quizás un hueso roto, no tenía ni puta idea de la estructura de una animalejo aunque los cuidaba como si fuera su madre pero, no era una maldita ingeniera agrónoma ni veterinaria.
Un nuevo par de caballos y nuevamente su dedo se alzó… no se detuvo —Egoístas hijos de puta solo quiero un aventón no matarlos!!! Pero ahora si los encuentro de nuevo los mataré!!— Gritó frustrada al par de caballos que se alejaba. La criaturita acurrucada nuevamente se removió en sus dolores y la chica quemada lo había encontrado a un costado de la carretera herido y sollozante… su habilidad de primeros auxilios sano gran parte de sus heridas, pero aun así seguía quejándose como si tuviera un puñal entre las tripas y ella no era de las que mantenía una cantidad extensa de artículos para sanación.
El calor era tremendo, no recordaba que hiciera tanto calor en esta isla, pero no era otra cosa que el dolor en su cabeza que le producía una desesperación inusual y el caminar era tan duro que estaba a punto de quitarse la mierda de zapatos e ir a pie descalza por la orilla del camino… su mente estaba completamente volcada en el bienestar del pequeñín seguro los malditos ni siquiera se detuvieron a ver si estaba vivo o por lo menos acabar con su sufrimiento si no podían sanarlo en su bolsillo llevaba un pedazo de plástico negro, quizás parte del carruaje de los idiotas. Ya los buscaría… pero por ahora. Veterinario o un alma caritativa que los lleve al siguiente asentamiento quizás.
Cada carruaje que pasaba ella se volteaba y levantaba el dedo pulgar… necesitaba con gran urgencia ir al siguiente lugar donde tuvieran alguna veterinaria o algo así, era una pirata ciertamente, pero se dice que todos los piratas tienen conexiones con algo más terrenal suele ser un objeto, una esposa, un marido, un niño o una mascota, en este caso ella sentía la necesidad de cuidar y no hacer la vista gorda con los animales o los niños. Esta vez era un perrito, era extraño, rechoncho, negro y de ojos rojos. Se retorcía y parecía moverse entre dolores de algún tipo… no tenía heridas aparentes, quizás un hueso roto, no tenía ni puta idea de la estructura de una animalejo aunque los cuidaba como si fuera su madre pero, no era una maldita ingeniera agrónoma ni veterinaria.
Un nuevo par de caballos y nuevamente su dedo se alzó… no se detuvo —Egoístas hijos de puta solo quiero un aventón no matarlos!!! Pero ahora si los encuentro de nuevo los mataré!!— Gritó frustrada al par de caballos que se alejaba. La criaturita acurrucada nuevamente se removió en sus dolores y la chica quemada lo había encontrado a un costado de la carretera herido y sollozante… su habilidad de primeros auxilios sano gran parte de sus heridas, pero aun así seguía quejándose como si tuviera un puñal entre las tripas y ella no era de las que mantenía una cantidad extensa de artículos para sanación.
El calor era tremendo, no recordaba que hiciera tanto calor en esta isla, pero no era otra cosa que el dolor en su cabeza que le producía una desesperación inusual y el caminar era tan duro que estaba a punto de quitarse la mierda de zapatos e ir a pie descalza por la orilla del camino… su mente estaba completamente volcada en el bienestar del pequeñín seguro los malditos ni siquiera se detuvieron a ver si estaba vivo o por lo menos acabar con su sufrimiento si no podían sanarlo en su bolsillo llevaba un pedazo de plástico negro, quizás parte del carruaje de los idiotas. Ya los buscaría… pero por ahora. Veterinario o un alma caritativa que los lleve al siguiente asentamiento quizás.
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