[Aventura T1][Presente absoluto] Caña dulce, caña amarga
#3
En ocasiones, la fragilidad del momento es tal, que solo hace falta un pequeño gesto para que el día de un vuelco, con la facilidad con la que el aire cambia de rumbo. Ya sea saludar a un desconocido con una sonrisa o darle un caramelo a un niño que no se los puede permitir, o algún acto más valiente, todos podemos influir en cómo irá el día de los demás. Aunque hay ocasiones, en las que todo debe detenerse, un instante. No porque la música se acabe, sino para coger fuerza y cambiar de rumbo. Hasta las mejores canciones varían su ritmo, y eso era lo que parecía estar pasando en el mercado. Si bien estaba acostumbrado a mirar a otro lado, este día era diferente, hoy no escucharían el mismo estribillo repetitivo de todos los meses. No, porque hoy, había una nueva cantante en escena.

Las palabras de Trixxie llenaron la calle que formaba el mercado y, tal vez por primera vez en tiempo, hasta los mismos puestos parecían contener la respiración. ¿Cómo se atrevía alguien a plantarle cara a aquel marine? ¿Acaso no sabía de las consecuencias que eso podía traer? Poco a poco, las caras desconcertadas de los allí presentes se giraron para mirar a la revolucionaria, la cual pudo ver algún gesto desencajado, con mandíbulas que amenazaban con llegar hasta el suelo y ojos que parecían dispuestos a salir corriendo para huir de la escena. Incluso, por un segundo, y sin que sirviese de precedente, la melodía que venía de todos lados, se detuvo. Solo un segundo, como si las manos que golpeaban los metales hubiesen dudado si debían seguir con su melodía. Como si las gargantas de las mujeres que cantaban no se atrevieran a interrumpir el momento. La música siguió, como si solo se hubiese tomado una pausa para coger fuerza, aunque, a oídos de cualquiera, el son traía consigo una pequeña incertidumbre. Esa que se forman cuando el ritmo decae, la letra para e incluso el tono baja justo antes de estallar en el estribillo.

El marine giró su mirada hacia Trixxie. Despacio, su gesto se torcía a la vez que lo hacía su cabeza. No podía creerse que alguien osara a hacerle frente, a llevarle la contraria. Pese a no ser uno de los reclutas más fuertes del cuartel, había aprendido que hay otras formas de tener poder, y es por eso que se había dedicado a ser poco más que el perrito faldero de sus superiores. Llevó su mano a su cartuchera, temblorosa, dejando claro que aquello no era algo a lo que estuviera acostumbrado. Sus garras arañaron el cuero de su cartuchera mientras quitaba el cierre que mantenía el arma sujeta. Pero en ese momento, Raposo se fijó en la revolucionaria. Comenzó por mirar sus ojos, cautivadores, de un verde que combinaba con el de las cañas que los rodeaban, que reflejaban dulzura. Tras esto, llevó su atención al resto de la cara, angelical, y sintió que ella no era una amenaza. Sin embargo, no pudo detenerse ahí. Siguió bajando su mirada hasta dejarla fijada en los dos atributos generosos de la revolucionaria.

—Se... Señorita —dijo y su lengua salió de su boca por un lateral, como el perro que espera ansioso a que le lancen un hueso—. Estamos en época de recaudación. Yo vine aquí a hacer mi trabajo.

Su mirada no se despegaba del pecho de Trixxie. De haber sido posible, sus ojos habrían saltado para pegarse a su cuerpo. Entonces, el marine cayó en la cuenta del estropicio que había a su alrededor. Comenzó a frotar sus manos, sus garras, cuidadas y afiladas, mostraban el ritmo al que iba la sangre a su cabeza, en busca de alguna excusa.

—Este viejo torpe hizo caer su mercancía. Aquí no hay nada más que inútiles, vagos y maleantes. No es lugar para una señorita como usted —ofreció una mano hacia la revolucionaria—. Si quieres, puedes venir conmigo al cuartel y allí te explico cómo el sargento Aldair... No, yo mismo protejo a esta panda de vagos a cambio de... una cuota —concluyó con una sonrisa de medio lado dibujada en la cara.

El viento agitaba las cañas que daban el toque de percusión que faltaba a la melodía que ya volvía a sonar. El canto no era más que un murmullo, pero dejaba claro que la actividad del mercado retomaba su normalidad, como si cada uno de los presentes supiese cómo iba a acabar aquello. Si bien nunca habían visto a nadie llevarle la contraria a Raposo desde aquella primera y fatídica vez, todos creían que no habría manera de cambiarlo. Parecían convencidos de que la chica tendría suerte y todo aquello quedaría en un malentendido. El viejo pagaría y Raposo continuaría con su recaudación mes tras mes. Todos habían vuelto a sus tareas, pues la escena ya había terminado para ellos. ¿O tal vez no sería así?



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RE: [Aventura T1][Presente absoluto] Caña dulce, caña amarga - por Varoganchin - 06-12-2025, 03:45 PM

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