06-12-2025, 11:13 PM
Pagó con el dinero que llevaba encima en ese mismo momento, una cantidad que le pareció muy elevada para un solo frasco con menta, pero que al fin de cuentas debían llevarse. - Aquí tiene -. Dijo mientras le entregaba el pago al trabajador, quien le sonrió e hizo un gesto con su cabeza, un saludo. Tal vez era una despedida, una invitación a que se marcharan luego de ver el estado en el que se encontraba su acompañante, pero Uker no hizo eso.
Volvió al lado del médico, esperando que este reaccionara. Había inhalado con fuerza el olor que provenía del frasco, tan potente que incluso él podía sentirlo desde la otra punta de la tienda mientras pagaba. - Hyakintos, ¿estás bien? -. Movió su mano frente a sus ojos, al mismo tiempo que el médico parecía recuperar la conciencia. El rostro del hombre recuperaba color lentamente, sus labios no iban a ser sanados pero no dejaba de verlo mejor que antes, incluso pudiendo hablar con algo de normalidad. - Si, soy el cocinero. ¿Te encuentras mejor? -. La disculpa y la pregunta llegaron de pronto, sorprendiéndolo, sin dudas.
Es cierto que no había sido una tarde tranquila, pero tampoco es que pudiera culpar al pelirrosa. Simplemente se pasó un poco con los tragos, y su… ¿afición? hacia la menta debía ser saciada. - ¿Puedes pararte? Ahora que conseguimos todo podemos volver al barco -. Ahí podría descansar apropiadamente, pues su búsqueda de las plantas que necesitaba no había terminado del todo bien para él.
El clima fuera de la farmacia había cambiado en cuanto salieron. El sol ya no golpeaba con la misma fuerza, pese a seguir presente, y la gente que antes vagaba por las calles parecía haber disminuido. El cocinero se hubiera dirigido directo hacia el barco, pero vio como Hyak tomaba asiento en una banca de madera fuera del local del que acababan de salir, por lo que se quedó a su lado, sin ocupar el lugar que el otro hombre le ofrecía. - ¿Hm? Supongo, si es que quieres -. No esperaba que el tipo de ojos dorados estuviera interesado en esas cosas, así que ni siquiera le había pedido formar parte de todo eso. - No tienes que ayudarme si no lo deseas -. Como siempre, tan bueno y tan solitario a la vez.
Pero entonces, la pregunta llegó. Una duda que sería suficiente para lograr que agachara la mirada.
¿Debería contarlo? Su mente dudó por un momento, tal vez más tiempo del que él mismo pudiera notar. - Perdí a mi familia, a manos de gente muy mala. Yo era demasiado joven, demasiado pequeño cuando sucedió -. Su semblante, pese a lo trágico de lo que relataba, se mantenía sereno y tranquilo. Una pequeña ráfaga de viento movió sus cabellos en el momento en el que se detuvo a pensar, como si el propio universo lo animara a no quedarse callado. - Tuve que vivir en las calles, solo, mi cerebro solo buscó algo con lo cual dejar pasar el dolor. Encontré una forma de calmarme, pensar en esas historias que mi madre me contaba, en que en algún lugar del mundo había una forma de traerlos de vuelta, o de al menos conseguir que los recuerdos de ese lugar que llamé hogar no se pierdan -.
Miró hacia otro lugar, justo hacia donde ninguna casa o construcción le tapaba la vista del horizonte. Parecía buscar algo con la mirada, querer encontrar una cosa valiosa que había perdido. - Cuando crecí me di cuenta de que no eran más que cuentos, viví mucho tiempo simplemente pensando en sobrevivir, en tener una vida pacifica y en no terminar como ellos. Honrarlos de la mejor manera que pudiera en vida -. Sus ojos no abandonaron esa aparente calma, tampoco su postura o su respiración, que seguía inflando su pecho casi imperceptiblemente. Para quien no supiera la verdad, o aquello que atormentaba su mente, diría que se trataba de alguien insensible.
- Aún así, escuché sobre las Akuma no Mi, frutas capaces de otorgar poderes asombrosos, de convertir a su portador en una bestia, en fuego puro, de llenar el mundo de oscuridad o tinieblas si una sola persona lo decidía -. Viéndolo así, parecía una exageración, pero era cierto que las frutas podían ser impresionantes, pues había visto cómo funcionaban las de Maki y Ashveil. - Supongo que debe haber alguna que me garantice eso, que sea capaz de darme la vida eterna, la capacidad de no envejecer -. Había dicho que lo había dejado atrás, pero volvía a ese sueño de la nada, acaso… ¿hay algo más? - Tal vez las investigaciones de Otto no nos lleven a una fuente mágica, pero… ¿y si ahí se encuentra esa fruta? Si pudiera obtenerla y vivir para siempre… -.
Sonrió tras decir eso, recordando a sus seres queridos. La sonrisa de su madre, la paciencia de su padre tras verlo llegar lleno de tierra y barro luego de jugar tanto tiempo en la calle, el pequeño cuerpo de su hermana y como sus manitos se agarraron con firmeza a su dedo en cuanto la vio por primera vez.
Y luego el fuego, los gritos, los carteles que antes habían estado ahí por una celebración y ahora se hallaban quemándose frente a sus ojos. Las ultimas palabras de su padre, el bote en el que cargó a su hermana, esperando sacarla con vida.
Y no lo consiguió.
Cerró los ojos y sacudió la cabeza, quitándose esos recuerdos de la mente, al menos por ahora. - Lo siento, supongo que querías una respuesta más simple -. Había hablado mucho, y aún así se guardaba gran parte para él, pues aún no confiaba del todo en aquellos que llamaba compañeros. - Solo es por eso, por cumplir un deseo infantil. Tal vez simplemente quiera saber que existe, tal vez lo tome si veo la oportunidad, tal vez no llegue a encontrarlo, quien sabe -. Se encogió de hombros, ahora sonriendo de nuevo. - ¿eso es suficiente para llamar tu atención? -.
Volvió al lado del médico, esperando que este reaccionara. Había inhalado con fuerza el olor que provenía del frasco, tan potente que incluso él podía sentirlo desde la otra punta de la tienda mientras pagaba. - Hyakintos, ¿estás bien? -. Movió su mano frente a sus ojos, al mismo tiempo que el médico parecía recuperar la conciencia. El rostro del hombre recuperaba color lentamente, sus labios no iban a ser sanados pero no dejaba de verlo mejor que antes, incluso pudiendo hablar con algo de normalidad. - Si, soy el cocinero. ¿Te encuentras mejor? -. La disculpa y la pregunta llegaron de pronto, sorprendiéndolo, sin dudas.
![[Imagen: 7tj5a1C.jpeg]](https://i.imgur.com/7tj5a1C.jpeg)
- No me debes nada, y tampoco debes disculparte -
Es cierto que no había sido una tarde tranquila, pero tampoco es que pudiera culpar al pelirrosa. Simplemente se pasó un poco con los tragos, y su… ¿afición? hacia la menta debía ser saciada. - ¿Puedes pararte? Ahora que conseguimos todo podemos volver al barco -. Ahí podría descansar apropiadamente, pues su búsqueda de las plantas que necesitaba no había terminado del todo bien para él.
El clima fuera de la farmacia había cambiado en cuanto salieron. El sol ya no golpeaba con la misma fuerza, pese a seguir presente, y la gente que antes vagaba por las calles parecía haber disminuido. El cocinero se hubiera dirigido directo hacia el barco, pero vio como Hyak tomaba asiento en una banca de madera fuera del local del que acababan de salir, por lo que se quedó a su lado, sin ocupar el lugar que el otro hombre le ofrecía. - ¿Hm? Supongo, si es que quieres -. No esperaba que el tipo de ojos dorados estuviera interesado en esas cosas, así que ni siquiera le había pedido formar parte de todo eso. - No tienes que ayudarme si no lo deseas -. Como siempre, tan bueno y tan solitario a la vez.
Pero entonces, la pregunta llegó. Una duda que sería suficiente para lograr que agachara la mirada.
![[Imagen: bUTBQj9.jpeg]](https://i.imgur.com/bUTBQj9.jpeg)
- La razón… -
¿Debería contarlo? Su mente dudó por un momento, tal vez más tiempo del que él mismo pudiera notar. - Perdí a mi familia, a manos de gente muy mala. Yo era demasiado joven, demasiado pequeño cuando sucedió -. Su semblante, pese a lo trágico de lo que relataba, se mantenía sereno y tranquilo. Una pequeña ráfaga de viento movió sus cabellos en el momento en el que se detuvo a pensar, como si el propio universo lo animara a no quedarse callado. - Tuve que vivir en las calles, solo, mi cerebro solo buscó algo con lo cual dejar pasar el dolor. Encontré una forma de calmarme, pensar en esas historias que mi madre me contaba, en que en algún lugar del mundo había una forma de traerlos de vuelta, o de al menos conseguir que los recuerdos de ese lugar que llamé hogar no se pierdan -.
![[Imagen: jvoTcXb.jpeg]](https://i.imgur.com/jvoTcXb.jpeg)
Miró hacia otro lugar, justo hacia donde ninguna casa o construcción le tapaba la vista del horizonte. Parecía buscar algo con la mirada, querer encontrar una cosa valiosa que había perdido. - Cuando crecí me di cuenta de que no eran más que cuentos, viví mucho tiempo simplemente pensando en sobrevivir, en tener una vida pacifica y en no terminar como ellos. Honrarlos de la mejor manera que pudiera en vida -. Sus ojos no abandonaron esa aparente calma, tampoco su postura o su respiración, que seguía inflando su pecho casi imperceptiblemente. Para quien no supiera la verdad, o aquello que atormentaba su mente, diría que se trataba de alguien insensible.
- Aún así, escuché sobre las Akuma no Mi, frutas capaces de otorgar poderes asombrosos, de convertir a su portador en una bestia, en fuego puro, de llenar el mundo de oscuridad o tinieblas si una sola persona lo decidía -. Viéndolo así, parecía una exageración, pero era cierto que las frutas podían ser impresionantes, pues había visto cómo funcionaban las de Maki y Ashveil. - Supongo que debe haber alguna que me garantice eso, que sea capaz de darme la vida eterna, la capacidad de no envejecer -. Había dicho que lo había dejado atrás, pero volvía a ese sueño de la nada, acaso… ¿hay algo más? - Tal vez las investigaciones de Otto no nos lleven a una fuente mágica, pero… ¿y si ahí se encuentra esa fruta? Si pudiera obtenerla y vivir para siempre… -.
- Podría llevar los recuerdos de mi familia hasta el fin de los tiempos -
Sonrió tras decir eso, recordando a sus seres queridos. La sonrisa de su madre, la paciencia de su padre tras verlo llegar lleno de tierra y barro luego de jugar tanto tiempo en la calle, el pequeño cuerpo de su hermana y como sus manitos se agarraron con firmeza a su dedo en cuanto la vio por primera vez.
Y luego el fuego, los gritos, los carteles que antes habían estado ahí por una celebración y ahora se hallaban quemándose frente a sus ojos. Las ultimas palabras de su padre, el bote en el que cargó a su hermana, esperando sacarla con vida.
Y no lo consiguió.
Cerró los ojos y sacudió la cabeza, quitándose esos recuerdos de la mente, al menos por ahora. - Lo siento, supongo que querías una respuesta más simple -. Había hablado mucho, y aún así se guardaba gran parte para él, pues aún no confiaba del todo en aquellos que llamaba compañeros. - Solo es por eso, por cumplir un deseo infantil. Tal vez simplemente quiera saber que existe, tal vez lo tome si veo la oportunidad, tal vez no llegue a encontrarlo, quien sabe -. Se encogió de hombros, ahora sonriendo de nuevo. - ¿eso es suficiente para llamar tu atención? -.
