07-12-2025, 03:53 PM
Kibai aguardaba pacientemente subido a una rama alta de uno de los árboles que componían la jungla circundante a la playa ,escudriñando entre las grandes hojas observando hacia el mar, dónde el barco de los Piratas Olvidados ya había fondeado, y sus ocupantes parecían ir disponiéndose a bajar de la embarcación. De ellos había varios que no reconocía pero el mink captó dos aromas familiares, el de la mujer cubiera de cicatrices que los había increpado en la cima de la torre y otro que reconoció con un punto de amargura: el de la joven oni que había sido atrapada con él en la arena de combate en los Cabos Gemelos.
Maldita sea, qué demonios hacía aquella chica mezclada con los piratas? Apenas si había podido hacer nada contra aquel gyojin, y ahora, al juntarse con aquella gente, se había puesto una diana en la espalda.
Sin embargo, aquel no era momento para remordimientos ni para comerse la cabeza, pues el mink captó por el rabillo del ojo como el contramaestre Stroud comenzaba su movimiento, saliendo de entre la espesura para plantarse sobre la arena húmeda de la playa. El joven humano se mantuvo con la mirada erguida y las manos a la espalda, con la gorra blanca con el símbolo de la marina protegiendo su vista del sol. Alzando la voz, pero manteniendo con su eterno tono imperturbable, el contramaestre se dirigió a los piratas:
"Alto, en nombre del Gobierno Mundial. Por los crímines que pesan sobre vosotros, quedáis sentencidos a muerte. ¡Venid y pelead! Que sea la Justicia la que os juzgue."
Sonriendo levemente ante los formalismos de su superior, Kibai decidió que ya era momento de intervenir. Extendió las garras de los pies, ahora cubiertos en parte por las protecciones que había adquirido en Whiskey Peak, clavándolos en la madera blanda a la vez que apoyaba las manos y contraía todo su cuerpo como un muelle. Con un solo movimiento, dio un gran salto, arrancado pequeñas astillas de madera con el impulso, cruzando como una exhalación el espacio que lo separaba de la arena, aterrizando con un amplio revuelo de su capa tras el contramaestre.
Incorporándose cuan alto era, el mink clavó los ojos, inmunes al brillo del sol sobre las olas, en sus nuevos objetivos de caza, mientras se quitaba distraídamente los resto de vegetación y arena de las hombreras de su abrigo de la Marina con un leve ademán, antes de dirigir la mirada de reojo hacia el contramaestre Redgrave.
"Señor, ya le decía yo que había captado que olía mal en esta dirección, pero no me imaginaba que fuese tal cantidad de escoria pirata..."
Con un amplio gesto, Kibai retrasó su pierna izquierda, golpeando la guardia de Raimei con un sono pluc para despegarla de la vaina y dejarla presta para desenvainar.
"Aunque parece que al menos voy a poder desentumecer los músculos un poco tras nuestro viaje"
No obstante, en el último momento, sus ojos se desviaron levemente hacia la joven oni que había peleado a su lado contra el Gyojin Uosan. Clavándole la mirada, Kibai le hizo un gesto de negación casi imperceptible con la cabeza. Si bajaba, el mink tendría que cumplir con su deber, y a juzgar por lo visto, no era rival para él. No deseaba derramar su sangre, pero el deber era el deber. El mink enfocó la mirada de nuevo hacia el frente, sosteniendo la vaina de Raimei con la mano izquierda, presto para apoyar al contramaestre.
Maldita sea, qué demonios hacía aquella chica mezclada con los piratas? Apenas si había podido hacer nada contra aquel gyojin, y ahora, al juntarse con aquella gente, se había puesto una diana en la espalda.
Sin embargo, aquel no era momento para remordimientos ni para comerse la cabeza, pues el mink captó por el rabillo del ojo como el contramaestre Stroud comenzaba su movimiento, saliendo de entre la espesura para plantarse sobre la arena húmeda de la playa. El joven humano se mantuvo con la mirada erguida y las manos a la espalda, con la gorra blanca con el símbolo de la marina protegiendo su vista del sol. Alzando la voz, pero manteniendo con su eterno tono imperturbable, el contramaestre se dirigió a los piratas:
"Alto, en nombre del Gobierno Mundial. Por los crímines que pesan sobre vosotros, quedáis sentencidos a muerte. ¡Venid y pelead! Que sea la Justicia la que os juzgue."
Sonriendo levemente ante los formalismos de su superior, Kibai decidió que ya era momento de intervenir. Extendió las garras de los pies, ahora cubiertos en parte por las protecciones que había adquirido en Whiskey Peak, clavándolos en la madera blanda a la vez que apoyaba las manos y contraía todo su cuerpo como un muelle. Con un solo movimiento, dio un gran salto, arrancado pequeñas astillas de madera con el impulso, cruzando como una exhalación el espacio que lo separaba de la arena, aterrizando con un amplio revuelo de su capa tras el contramaestre.
Incorporándose cuan alto era, el mink clavó los ojos, inmunes al brillo del sol sobre las olas, en sus nuevos objetivos de caza, mientras se quitaba distraídamente los resto de vegetación y arena de las hombreras de su abrigo de la Marina con un leve ademán, antes de dirigir la mirada de reojo hacia el contramaestre Redgrave.
"Señor, ya le decía yo que había captado que olía mal en esta dirección, pero no me imaginaba que fuese tal cantidad de escoria pirata..."
Con un amplio gesto, Kibai retrasó su pierna izquierda, golpeando la guardia de Raimei con un sono pluc para despegarla de la vaina y dejarla presta para desenvainar.
"Aunque parece que al menos voy a poder desentumecer los músculos un poco tras nuestro viaje"
No obstante, en el último momento, sus ojos se desviaron levemente hacia la joven oni que había peleado a su lado contra el Gyojin Uosan. Clavándole la mirada, Kibai le hizo un gesto de negación casi imperceptible con la cabeza. Si bajaba, el mink tendría que cumplir con su deber, y a juzgar por lo visto, no era rival para él. No deseaba derramar su sangre, pero el deber era el deber. El mink enfocó la mirada de nuevo hacia el frente, sosteniendo la vaina de Raimei con la mano izquierda, presto para apoyar al contramaestre.
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