07-12-2025, 06:08 PM
Outfit ---- Sigurd de Drum
La honestidad es algo que me caracteriza. Solo los débiles de espíritu utilizan el engaño y la estafa para salir beneficiados. Y sobretodo detesto que me mientan a mí. ¿Qué necesidad? ¿En qué momento se te ocurre hacer esto a un tipo como yo? Todo el respeto que se ha podido ganar el señor Pegasus durante la noche, se acaba de esfumar en un suspiro. Toda esa fachada de jugador honrado y desafiar al destino, se han quedado en nada.
Como era de esperar, bajo mi acusación publica, el jefe carmesí tiene ya su respuesta preparada y bien el hilada. El muy sinvergüenza, con su tonillo de voz pasivo y relajado, está en control total de la situación. Habla sobre la estadística, la probabilidad y la mística sobre "un resultado tan improbable". El hijo de puta no se corta un pelo y destapa sus cubiletes con la certeza de que va a ganar. Y así es. No solo gana, sino que humilla. Con suerte y para no ser descarado, me regala una victoria, pero si se cree que puede irse de rositas, está muy equivocado. Ingenuo de mi, que he ido a enfrentar a un tío que debe de pasar por acusaciones similares a diario. La zona VIP sigue siendo un imposible para mí. Tonto de él que no sabe que a Sigurd Haakon, orgulloso Bucanero, nada le frena.
Antes de que pueda hacer nada y responder, algo sucede que se roba el show por completo. Un hombre sale de una sala arrastrando a otros dos como vulgares perros. Está completamente ido, gritando por todas partes y orgulloso de si mismo a pesar del espantoso ridículo que está haciendo. Aún así, nadie lo detiene, al contrario. Parecen disfrutar del espectáculo. Llega a escalar tanto la situación, que la locura se apodera de Pegasus, que parece hipnotizado por completo. Ha perdido ese estatus analítico y se ha dejado llevar por el momento, con fuertes carcajadas y discursos que abocan al caos. En otra situación me habría unido a él, sin embargo, mi cara dibuja un semblante seco, inexpresivo. No hay sonrisa de disfrute ni muecas de frustración, tan solo un ceño ligeramente fruncido y sombreado.
Sus palabras accionan el mecanismo de la depravación de la gente, que dejan de lado el sentido común y se convierten en animales inconscientes. El sexo, el alcohol y la avaricia se ponen a la orden del día y todos pierden los estribos. Aún así, falta algo en esa "fiesta". Algo que no voy a dejar pasar, pues tengo un objetivo bien claro. El gran propietario quiere adelantarse para ponerle banda sonora a esta velada, como si los gemidos, los vidrios rotos y las fichas volando no fueran suficiente. Pero no se me va a escapar.
Mientras camina hacia su piano de vuelta, lanzo rápidamente mi mano izquierda abierta hacia él, por la espalda. La palma lo toca, y como si fuera un resorte trampa, mis dedos se cierra a su alrededor comprimiendo su tórax y sus brazos con una fuerza abrumadora. No hay dinero que pueda pagar la deshonra de las trampas, así que como no tiene ojos en la nuca, le ataco por la espalda como la rata que es él y lo agarro con firmeza, cortando su flujo de aire y asfixiándolo. Lo levanto del suelo sin dificultad mientras lo acerco a mi cara para verle ahogarse, pues solo su cabeza y sus pies escapan de mi mano. -No sabes a quien has engañado, chaval...- mi mirada se cruza con la suya, fría, impasible. -Podrás haber organizado este desmadre. Pero en mitad del caos... Yo soy el rey.- Ahora sí. Mi rostro demuestran los verdaderos sentimientos que llevo dentro. Todo el dolor que le pienso causar a este tipo. Una sonrisa malévola y unos ojos que solo buscan sangre ajena.
Mirada asesina de Sigurd
-¡¡¡UBBE, NOS LARGAMOS!!!-
Grito con furia. El rugido suena por encima del desorden general, pero tampoco lo frena, solo se mimetiza con él. Todos están demasiado enfrascados en sus propios pecados como para buscar problemas conmigo. Me mantengo alerta, buscando a mi compañero de lado a lado, a ver si aparece, mientras en una mano se muere el estafador y en la otra, la derecha, me hago con uno de los martillos gemelos. La guerra está servida, y como alguien venga a tocarme los huevos, le voy a polimerizar mi martillo en la cara de la tremenda ostia que le pienso dar.
En efecto, cajita feliz

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