07-12-2025, 07:13 PM
Solo un par de palabras bastaron para conocer un poco mejor a nuestra nueva carpintera, quien, a pesar de haber iniciado temerosa, poco a poco iba mostrándose más tranquila. Era importante intentarlo, o eso creía aquel viejo burro; aquello demostraba la fuerza que Kayseira llevaba por dentro.
Era un recuerdo curioso… Zhang y ella tenían un pasado similar y, a la vez, tan diferente, que el burro se sintió aún más intrigado por la joven, quien sonreía mientras se perdía en sus pensamientos por un instante. —Qué lindo… a mí me encantaría que algún día me enseñes de tu arte —dijo Zhang con suavidad—. Yo puedo enseñarte que sanar no necesariamente duele.
Luego imitó la pose de la chica sobre la mesa y sonrió, apenas un destello en medio de su rostro cansado.
Las palabras de Kayseira tocaron fibras que el mar había intentado borrar. El océano arrasaba recuerdos con facilidad, pero nunca los que dolían. —La vida es cruel, y el mar implacable —murmuró Zhang, sin profundizar demasiado. Había heridas que ni el tiempo ni la medicina terminaban de cerrar.
Escuchó a la muchacha con atención, y antes de darse cuenta, le respondió con esa mezcla de honestidad y torpeza suya:
—El miedo es inherente a nosotros, señorita… pero conozcamos el mundo juntos, y superemos nuestras falencias. — Cada palabra de Kayseira encendía algo cálido en él. No pasión… sino una especie de orgullo, como el de un viejo maestro que ve a alguien crecer.
—Vive tu vida, busca la felicidad. Cómete el mundo con ganas —Dijo Zhang, y luego continuo —. Eso es lo que realmente importa. — A veces la rutina y los años hacían olvidar cosas tan simples y necesarias. Y escucharla a ella fue como abrir una jaula luego de décadas.
—Sé que lo lograrás. No permitas que nadie se interponga entre tú y tu sueño. Yo te apoyaré en lo que pueda —aseguró el burro mientras tomaba suavemente la mano de la joven. El hielo de Kay no molestaba en absoluto. Zhang soltó un pequeño resoplido. —Hmmmm...— Golpeo el suelo con su pata inquieta.
Y entonces, moviendo un poco sus orejas, añadió: —Por cierto, señorita… si sigue haciendo este calor infernal, podemos ir a buscar unos sombreros decentes. O… —tocó su cabeza con cierta vergüenza— Algo grande… que tape mis orejas, o se me van a freír— Llevaba años con aquella ropa vieja, era posible tiempo de cambiar pequeñas cosas.
El burro soltó una risa torpe, a veces hablaba sin pensar.
Zhang cambio su pose, y comenzó a observar la ventana. — Pero ese deseo tuyo no será fácil, yo que llevo media vida intentando curar heridas, siempre encuentro con nuevos dolores... Pero siéntete orgullosa de todas las pequeñas cosas que logras, incluso recordarle a un viejo burro algo tan simple y tan hermoso. - El mundo se cambiaba así, con pequeños actos que poco a poco transformen personas.
—¿Has volado alguna vez?, mi poder me permite ir por los aires, algún día si quieres vamos a ver el mundo desde otro angulo — Era una de las tantas cosas que le encantaba hacer, pero como todas las cosas, seguro seria mucho mejor en compañía, habían paisajes y lugares que conocer.
Era un recuerdo curioso… Zhang y ella tenían un pasado similar y, a la vez, tan diferente, que el burro se sintió aún más intrigado por la joven, quien sonreía mientras se perdía en sus pensamientos por un instante. —Qué lindo… a mí me encantaría que algún día me enseñes de tu arte —dijo Zhang con suavidad—. Yo puedo enseñarte que sanar no necesariamente duele.
Luego imitó la pose de la chica sobre la mesa y sonrió, apenas un destello en medio de su rostro cansado.
Las palabras de Kayseira tocaron fibras que el mar había intentado borrar. El océano arrasaba recuerdos con facilidad, pero nunca los que dolían. —La vida es cruel, y el mar implacable —murmuró Zhang, sin profundizar demasiado. Había heridas que ni el tiempo ni la medicina terminaban de cerrar.
Escuchó a la muchacha con atención, y antes de darse cuenta, le respondió con esa mezcla de honestidad y torpeza suya:
—El miedo es inherente a nosotros, señorita… pero conozcamos el mundo juntos, y superemos nuestras falencias. — Cada palabra de Kayseira encendía algo cálido en él. No pasión… sino una especie de orgullo, como el de un viejo maestro que ve a alguien crecer.
—Vive tu vida, busca la felicidad. Cómete el mundo con ganas —Dijo Zhang, y luego continuo —. Eso es lo que realmente importa. — A veces la rutina y los años hacían olvidar cosas tan simples y necesarias. Y escucharla a ella fue como abrir una jaula luego de décadas.
—Sé que lo lograrás. No permitas que nadie se interponga entre tú y tu sueño. Yo te apoyaré en lo que pueda —aseguró el burro mientras tomaba suavemente la mano de la joven. El hielo de Kay no molestaba en absoluto. Zhang soltó un pequeño resoplido. —Hmmmm...— Golpeo el suelo con su pata inquieta.
Y entonces, moviendo un poco sus orejas, añadió: —Por cierto, señorita… si sigue haciendo este calor infernal, podemos ir a buscar unos sombreros decentes. O… —tocó su cabeza con cierta vergüenza— Algo grande… que tape mis orejas, o se me van a freír— Llevaba años con aquella ropa vieja, era posible tiempo de cambiar pequeñas cosas.
El burro soltó una risa torpe, a veces hablaba sin pensar.
Zhang cambio su pose, y comenzó a observar la ventana. — Pero ese deseo tuyo no será fácil, yo que llevo media vida intentando curar heridas, siempre encuentro con nuevos dolores... Pero siéntete orgullosa de todas las pequeñas cosas que logras, incluso recordarle a un viejo burro algo tan simple y tan hermoso. - El mundo se cambiaba así, con pequeños actos que poco a poco transformen personas.
—¿Has volado alguna vez?, mi poder me permite ir por los aires, algún día si quieres vamos a ver el mundo desde otro angulo — Era una de las tantas cosas que le encantaba hacer, pero como todas las cosas, seguro seria mucho mejor en compañía, habían paisajes y lugares que conocer.
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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?Nv.19 — Logia Yuki Yuki
