07-12-2025, 08:27 PM
El aroma del alimento para animales que se dispersó en el aire se le antojó… rico, apetecible. Por un instante, Enji se detuvo, inclinó la cabeza a un costado y, con una mano en el mentón, se planteó la idea de probar eso que volvía loco a Ford, al pollo enorme de fuera y al resto de animales que se acercaban en estampida. Sí, no era el mejor momento para plantearse preguntas filosóficas como esa, pero Enji creyó que le daría tiempo. Cosa que, por supuesto, no fue así.
—¿Eh? ¡Oe, oe!
De pronto, una mano, la misma que minutos antes había chocado contra su nariz, se aferró a su brazo y tiró. Enji sintió como lo levantaba del lugar. Logró ponerse en pie, trastabilló un poco, pero logró hilvanar dos pasos y hacerse a la inercia, tomando del pellejo al pequeño Ford en el camino. El gato blanco, que de blanco ya no le quedaba nada después de verse empapado en polvo de comida y semillas, se plantaba frente a la tempestad de patas y pezuñas creyéndose el más fuerte del grupo. Enji lo salvó de ser pisoteado y aún así se llevó un chillido de reclamo, acompañado de lágrimas de cocodrilo por tener que dejar atrás toda esa comida.
Cayeron fuera, en mitad de una nube de tierra levantada por la decena de patas que habían atravesado el camino en un momento. Aterrizó de culo, lo que le valdría un buen raspón en la nalga izquierda, tosió y se dejó caer.
—Carajo…
El polvo se le pegaba al cuerpo, que notaba, como siempre, caliente. La picazón de su sofoco constante se combinó con la mugre y se volvió inaguantable. Empezó a rascarse. Se rascó la pierna, los brazos, la espalda —que luchó por alcanzar—, y los dorsos de las manos, además de la cicatriz del abdomen. Todo picaba.
Ford, en el suelo a su lado, prometía venganza a los animales que se devoraban el alimento del suelo agitando su garrita.
—¿El pie izquierdo? Creo que fue un puño lo que sentí —respondió Enji, arrastrándose por el suelo cual gusano para apaciguar la comezón. Cosa que logró, a coste de estar ahora empapado en tierra hasta las orejas.
Se tapó una fosa de la nariz y soltó aire con fuerza, sacando sangre por la otra. Un chorro que hizo charco en el suelo a su lado.
—En fin, como dicen por ahí, no hard feelings only hard nipples. —Se encogió de hombros e incorporó, sentado sobre su nalga sana—. ¿De dónde mierda sacaste esto?
Echó un vistazo a la cerveza, la inspeccionó un segundo y después, tras hacer una mueca de irrelevancia, sorbió un trago. Estaba caliente, desagradable, pero no hizo ninguna mueca de asco. Volvió a beber, en su lugar, y devolvió la botella mientras Ford se cansaba de protestar y regresaba, derrotado, a su lado. El pequeño gato de pelaje blanco y ojos celestes volvía a decepcionarse.
—¿Tu pollo qué? ¿Está ahí metido?
A comparación, el animal de Maki tenía muchas más oportunidades de sobrellevar la estampida sin problemas. Probablemente se estuviera dando el festín que Ford quiso darse.
—Soy Enji, y este desgraciado de blanco es Ford.
—¿Eh? ¡Oe, oe!
De pronto, una mano, la misma que minutos antes había chocado contra su nariz, se aferró a su brazo y tiró. Enji sintió como lo levantaba del lugar. Logró ponerse en pie, trastabilló un poco, pero logró hilvanar dos pasos y hacerse a la inercia, tomando del pellejo al pequeño Ford en el camino. El gato blanco, que de blanco ya no le quedaba nada después de verse empapado en polvo de comida y semillas, se plantaba frente a la tempestad de patas y pezuñas creyéndose el más fuerte del grupo. Enji lo salvó de ser pisoteado y aún así se llevó un chillido de reclamo, acompañado de lágrimas de cocodrilo por tener que dejar atrás toda esa comida.
Cayeron fuera, en mitad de una nube de tierra levantada por la decena de patas que habían atravesado el camino en un momento. Aterrizó de culo, lo que le valdría un buen raspón en la nalga izquierda, tosió y se dejó caer.
—Carajo…
El polvo se le pegaba al cuerpo, que notaba, como siempre, caliente. La picazón de su sofoco constante se combinó con la mugre y se volvió inaguantable. Empezó a rascarse. Se rascó la pierna, los brazos, la espalda —que luchó por alcanzar—, y los dorsos de las manos, además de la cicatriz del abdomen. Todo picaba.
Ford, en el suelo a su lado, prometía venganza a los animales que se devoraban el alimento del suelo agitando su garrita.
—¿El pie izquierdo? Creo que fue un puño lo que sentí —respondió Enji, arrastrándose por el suelo cual gusano para apaciguar la comezón. Cosa que logró, a coste de estar ahora empapado en tierra hasta las orejas.
Se tapó una fosa de la nariz y soltó aire con fuerza, sacando sangre por la otra. Un chorro que hizo charco en el suelo a su lado.
—En fin, como dicen por ahí, no hard feelings only hard nipples. —Se encogió de hombros e incorporó, sentado sobre su nalga sana—. ¿De dónde mierda sacaste esto?
Echó un vistazo a la cerveza, la inspeccionó un segundo y después, tras hacer una mueca de irrelevancia, sorbió un trago. Estaba caliente, desagradable, pero no hizo ninguna mueca de asco. Volvió a beber, en su lugar, y devolvió la botella mientras Ford se cansaba de protestar y regresaba, derrotado, a su lado. El pequeño gato de pelaje blanco y ojos celestes volvía a decepcionarse.
—¿Tu pollo qué? ¿Está ahí metido?
A comparación, el animal de Maki tenía muchas más oportunidades de sobrellevar la estampida sin problemas. Probablemente se estuviera dando el festín que Ford quiso darse.
—Soy Enji, y este desgraciado de blanco es Ford.
