08-12-2025, 02:17 AM
En la vida todos nacemos desnudos, y a donde vamos nada nos llevamos pero lo que alguien nunca puede perder es su nombre, su palabra y lo que ello conlleva.
Eros escuchó la presentación del más alto de los dos en completo silencio, no interrumpió y su mirada se mantuvo serena y reflexiva a la par que las palabras se desprendían de la boca del mafioso. Asintió ligeramente con la cabeza al escuchar cómo el otro se presentaba respondiendo con igual cortesía. Su gesto fue breve, algo nervioso por su timidez pero invariablemente cortés pues no sabía otros modos; al menos de momento. Su desconfianza natural en las personas estaba presente, no por sospechar puntualmente de aquel que frente a él venía a acompañar a los muertos, sino porque la mera presencia de un desconocido lo ponía tan alerta como una bestia salvaje lista para saltar en su defensa en cualquier momento ¿Hábitos de la fruta que había devorado meses atrás? No necesariamente, sino más bien hábitos de su ostracismo. Su diestra escarbaba el espacio entre su uña del índice y el dedo, quitándose aserrín inconscientemente mientras procuraba prestarle atención al mafioso. Podía decir que éste no era hostil, al menos de momento, y eso era algo que agradecer en una isla que pertenecía al que desenfundaba más rápido.
Ladeó su mirada hasta una de las tumbas cercanas, hubo un momento leve y casi imperceptible para todo aquel que no buscaba leer los gestos del sepulturero en el cual su mirada se entornó ligeramente al ser inundado por una ligera sensación de melancolía que no solía permitirse en frente de desconocidos, más se volvió palpable cuando su padre fue mencionado. Inesperado sin duda, aunque no necesariamente tan amargo como otro tipo de ausencias que consigo portaba. Su mente trató de hilar fechas, hacer memoria para poder traer el fantasma de aquel que ya no estaba al presente. Tanto había pasado desde su partida de Baterilla que, en cierto punto, podía asegurar que había perdido noción del tiempo y las fechas. El periódico era una buena guía: El 31 de Otoño fue la última vez que lo había leído, y de eso casi un mes había pasado sino un poco más. Sopló el aserrín de su índice, y devolvió la mirada al hombre. — Mi padre murió hace... Un año y medio, aproximadamente —Replicó, más no había dolor en su tono ni duelo alguno, no parecía lamentarse ni estar triste: Solamente le informaba como tendía a hacer con todos aquellos que habían conocido a quien le dio la vida, y un oficio, una misión, una carga.
Rascó su mentón pensativo, su mirada analítica se permitió medir la distancia entre ambos y el alcance del arma que consigo portaba el mayor. — Si también viene del South Blue, ha de ser por eso que su cara me suena —Supuso con naturalidad a la par que se encogía de hombros, con una serenidad inocente. — ¿O quizás podrá ser por los carteles con su cara y nombre? ¿49 millones? Es bastante alto lo que ofrecen por su cuello, dicen que cuando alguien sale de uno de los mares cardinales con una recompensa superior a 30 millones es porque seguramente van a dar mucho de qué hablar —No estaba juzgándolo de hecho, pero así bien podría parecer entonces Eros levantando la diestra para ondearla de lado a lado cual soldado rendido que flameaba en alto la bandera blanca de la paz, buscando borrar del aire las palabras que él mismo había procurado. — Sin ánimo de ofender, claro está... Yo no tengo lealtad alguna más que los difuntos, si vamos al caso —Dejó salir de su pecho un suspiro, y despues una risita tímida antes de peinar los mechones violáceos de su fleco en un movimiento que respondía más bien a un intento de no golpearse nuevamente.
— ¿Hago bien en asumir que también cruzó por los Cabos Gemelos recientemente? Este pueblo no es precisamente amigable para los piratas y criminales —Añadió girando su mirada hasta las lápidas que con ahínco se había esmerado en cuidar. Bien sabía que más pronto que tarde, volverían a hallarse descuidadas
Entonces Eros pudo recordar que el yakuza le había preguntado qué hacía en ese lugar, y ese pensamiento fue suficiente para volver a traerlo a tierra así fuese por unos momentos. Carraspeó aclarando su garganta para recuperar el hilo de la conversación, esforzándose quizás un poco de más en esgrimir unas habilidades sociales que, verdaderamente, no venían a él naturalmente. — Ah, si, esto Pues nadie se ocupa de éste lugar, solo apilan muertos sin preocuparse por el cuidado póstumo y ya que pasaba por aquí... —Se encogió de hombros. — Nobleza obliga, supongo. Las viejas mañas, todo eso —Las personas según su padre eran animales de hábitos, y uno de los tantos del sepulturero yacían en el cuidado tanto del que vive como del que no, sin pedir a cambio porque el ejemplo de la generosidad iba a salvar el mundo un día si tan solo se replicaba como las ondas de una laguna.
Inquisitivo su rostro nuevamente viró hacia un lado con esa curiosidad digna de aquel que todo buscaba conocerlo aunque tímido para hacer las preguntas de buenas a primeras, manteniendo su mirada fija, en demasía quizás, sobre el contrario cómo si buscase un pedazo de hilo que asomase lo suficiente para empezar a desenredar el nudo de sus dudas. Elevó su mirada para contemplar el cielo, teniendo una noción aproximada de cuanto tiempo llevaba en ese cementerio rodeado de muertos sin legado. — ¿Qué hay de usted? ¿Qué lo trae por aquí? —No había tanta desconfianza cómo uno pensaría, quizás era por el hecho de que este conocía a su padre, compartir mar de origen en esa tierra hostil para ambos o quizás el respeto y decoro con el cual el mayor se dirigía hacia él. — Llevo bastantes horas aquí, diría que cinco o seis y es la primera persona que ha visitado este lugar sin contarme —O que él haya podido notar, pero seguro ya tendría un orificio en la cabeza si cualquier otra persona hubiese ido la que lo hubiese sorprendido. Muerto no estaría, eso era seguro
Onizuka Jin
Eros escuchó la presentación del más alto de los dos en completo silencio, no interrumpió y su mirada se mantuvo serena y reflexiva a la par que las palabras se desprendían de la boca del mafioso. Asintió ligeramente con la cabeza al escuchar cómo el otro se presentaba respondiendo con igual cortesía. Su gesto fue breve, algo nervioso por su timidez pero invariablemente cortés pues no sabía otros modos; al menos de momento. Su desconfianza natural en las personas estaba presente, no por sospechar puntualmente de aquel que frente a él venía a acompañar a los muertos, sino porque la mera presencia de un desconocido lo ponía tan alerta como una bestia salvaje lista para saltar en su defensa en cualquier momento ¿Hábitos de la fruta que había devorado meses atrás? No necesariamente, sino más bien hábitos de su ostracismo. Su diestra escarbaba el espacio entre su uña del índice y el dedo, quitándose aserrín inconscientemente mientras procuraba prestarle atención al mafioso. Podía decir que éste no era hostil, al menos de momento, y eso era algo que agradecer en una isla que pertenecía al que desenfundaba más rápido.
Ladeó su mirada hasta una de las tumbas cercanas, hubo un momento leve y casi imperceptible para todo aquel que no buscaba leer los gestos del sepulturero en el cual su mirada se entornó ligeramente al ser inundado por una ligera sensación de melancolía que no solía permitirse en frente de desconocidos, más se volvió palpable cuando su padre fue mencionado. Inesperado sin duda, aunque no necesariamente tan amargo como otro tipo de ausencias que consigo portaba. Su mente trató de hilar fechas, hacer memoria para poder traer el fantasma de aquel que ya no estaba al presente. Tanto había pasado desde su partida de Baterilla que, en cierto punto, podía asegurar que había perdido noción del tiempo y las fechas. El periódico era una buena guía: El 31 de Otoño fue la última vez que lo había leído, y de eso casi un mes había pasado sino un poco más. Sopló el aserrín de su índice, y devolvió la mirada al hombre. — Mi padre murió hace... Un año y medio, aproximadamente —Replicó, más no había dolor en su tono ni duelo alguno, no parecía lamentarse ni estar triste: Solamente le informaba como tendía a hacer con todos aquellos que habían conocido a quien le dio la vida, y un oficio, una misión, una carga.
Pues sería fácil ser santo, sin ser mártir.
Rascó su mentón pensativo, su mirada analítica se permitió medir la distancia entre ambos y el alcance del arma que consigo portaba el mayor. — Si también viene del South Blue, ha de ser por eso que su cara me suena —Supuso con naturalidad a la par que se encogía de hombros, con una serenidad inocente. — ¿O quizás podrá ser por los carteles con su cara y nombre? ¿49 millones? Es bastante alto lo que ofrecen por su cuello, dicen que cuando alguien sale de uno de los mares cardinales con una recompensa superior a 30 millones es porque seguramente van a dar mucho de qué hablar —No estaba juzgándolo de hecho, pero así bien podría parecer entonces Eros levantando la diestra para ondearla de lado a lado cual soldado rendido que flameaba en alto la bandera blanca de la paz, buscando borrar del aire las palabras que él mismo había procurado. — Sin ánimo de ofender, claro está... Yo no tengo lealtad alguna más que los difuntos, si vamos al caso —Dejó salir de su pecho un suspiro, y despues una risita tímida antes de peinar los mechones violáceos de su fleco en un movimiento que respondía más bien a un intento de no golpearse nuevamente.
— ¿Hago bien en asumir que también cruzó por los Cabos Gemelos recientemente? Este pueblo no es precisamente amigable para los piratas y criminales —Añadió girando su mirada hasta las lápidas que con ahínco se había esmerado en cuidar. Bien sabía que más pronto que tarde, volverían a hallarse descuidadas
Pero el olvido los persigue a todos, y no por eso se rinden
Entonces Eros pudo recordar que el yakuza le había preguntado qué hacía en ese lugar, y ese pensamiento fue suficiente para volver a traerlo a tierra así fuese por unos momentos. Carraspeó aclarando su garganta para recuperar el hilo de la conversación, esforzándose quizás un poco de más en esgrimir unas habilidades sociales que, verdaderamente, no venían a él naturalmente. — Ah, si, esto Pues nadie se ocupa de éste lugar, solo apilan muertos sin preocuparse por el cuidado póstumo y ya que pasaba por aquí... —Se encogió de hombros. — Nobleza obliga, supongo. Las viejas mañas, todo eso —Las personas según su padre eran animales de hábitos, y uno de los tantos del sepulturero yacían en el cuidado tanto del que vive como del que no, sin pedir a cambio porque el ejemplo de la generosidad iba a salvar el mundo un día si tan solo se replicaba como las ondas de una laguna.
O eso le gustaba decirse.
Inquisitivo su rostro nuevamente viró hacia un lado con esa curiosidad digna de aquel que todo buscaba conocerlo aunque tímido para hacer las preguntas de buenas a primeras, manteniendo su mirada fija, en demasía quizás, sobre el contrario cómo si buscase un pedazo de hilo que asomase lo suficiente para empezar a desenredar el nudo de sus dudas. Elevó su mirada para contemplar el cielo, teniendo una noción aproximada de cuanto tiempo llevaba en ese cementerio rodeado de muertos sin legado. — ¿Qué hay de usted? ¿Qué lo trae por aquí? —No había tanta desconfianza cómo uno pensaría, quizás era por el hecho de que este conocía a su padre, compartir mar de origen en esa tierra hostil para ambos o quizás el respeto y decoro con el cual el mayor se dirigía hacia él. — Llevo bastantes horas aquí, diría que cinco o seis y es la primera persona que ha visitado este lugar sin contarme —O que él haya podido notar, pero seguro ya tendría un orificio en la cabeza si cualquier otra persona hubiese ido la que lo hubiese sorprendido. Muerto no estaría, eso era seguro
Era un hueso duro de roer
![[Imagen: xNGUFie.png]](https://i.imgur.com/xNGUFie.png)
