Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto]
#8
Has conseguido llegar has el almacén sin que nadie te detectara, pero dentro del almacén ocurre algo que no esperas.

El almacén principal de la base naval por la noche es un lugar distinto al bullicio del día. Las lámparas de aceite, colgadas en soportes de hierro, proyectan una luz naranja débil que apenas alcanza a iluminar los pasillos formados por cajas, barriles y lonas apiladas. El silencio domina el ambiente, roto solo por el goteo insistente de una tubería en la esquina y el sonido apagado de la maquinaria lejana que mantiene la base activa.

La puerta lateral del almacén cruje al abrirse, el sonido se mezcla con el murmullo del viento nocturno que se cuela por las rendijas de las ventanas altas. Al otro lado del umbral, en un pasillo estrecho entre dos columnas de cajas, alguien está apoyado contra un barril.

Es un marine joven, quizá de veinte años, con el uniforme un tanto descuidado y el gorro ladeado. Tiene ojeras marcadas y se masajea la nuca como quien lucha contra el sueño. Una lámpara pequeña descansa sobre una mesa improvisada a su lado, iluminando un pergamino lleno de anotaciones torcidas: el registro del turno nocturno.

Al escuchar la puerta, el marine levanta la vista casi al instante. Sus ojos, cansados pero atentos por costumbre, observan la silueta que entra. La lámpara, detrás de él, crea una sombra alargada que recorre el suelo hacia el recién llegado. El joven se endereza de golpe, intentando adoptar una postura más profesional. Inspirando hondo, estira la espalda y ajusta rápidamente el cinturón del uniforme. Su expresión cambia del sueño a un alivio inmediato, como quien ve la solución a una larga noche eterna.

-Por fin llegas…- murmura, soltando un suspiro que había estado conteniendo durante horas. Su voz se mezcla con el eco suave del almacén.

El marine deja caer los hombros, cansado pero satisfecho. Da un par de pasos hacia adelante, recogiendo de la mesa un pergamino y un lápiz gastado. Su mano tiembla ligeramente por la fatiga acumulada.

-No te imaginas el día que he tenido. Pensaba que iba a tocarme quedarme otra hora más.-

Se acerca un poco más, mirando con agradecimiento al recién llegado. No parece sospechar nada. No examina demasiado el uniforme, no busca insignias ni pregunta nombres. La confianza automática de la rutina nocturna se impone: si alguien entra por esa puerta con un uniforme de la Marina… debe ser el relevo.

El joven marine se frota los ojos, dejando que el cansancio lo domine por primera vez en toda la noche. Los párpados le pesan. La voz le vibra con la mezcla de sueño y alivio.

-Te lo juro… si me hubieran hecho quedarme un minuto más, me habría desmayado encima de esas cajas.-

Señala una de las pilas de cajas del fondo, donde las sombras se alargan como dedos deformes.

Luego da un paso hacia la salida, estirando los brazos como quien se prepara para marcar el final de su jornada.

-Todo tuyo. Solo queda revisar aquel registro de allí y asegurarte de que nadie entra sin permiso.-

Mientras pasa junto al recién llegado, el marine mueve la cabeza en un gesto automático de despedida, sin sospechar que la persona a la que entrega su turno… no pertenece a la base.

Sale por el mismo corredor por el que entró, arrastrando ligeramente los pies, con la respiración pesada y el uniforme desordenado. Su silueta se pierde poco a poco en el pasillo hasta desaparecer, y el almacén queda otra vez en silencio, iluminado únicamente por la luz tenue de las lámparas.

La puerta se cierra con un suave clic.

La tranquilidad vuelve… pero ahora, alguien que no debería estar ahí tiene la noche entera por delante.

Al cerrar la puerta tras de sí, la quietud del almacén se vuelve casi palpable. El aire huele a madera húmeda, a cuerda vieja y a sal acumulada durante años en las cajas que llegan desde todos los rincones del mar. Una hilera de lámparas de aceite parpadea en lo alto, proyectando sombras temblorosas que parecen reptar entre los pasillos estrechos.

El interior está dividido en secciones improvisadas, marcadas por pizarras colgadas con clavos torcidos o por simples etiquetas de papel sujetas con cordel. A pesar de ser un almacén militar, el orden brilla por su ausencia: todo está organizado “a la manera de la Marina”, es decir, con eficiencia solo entendible por quienes llevan meses trabajando allí.

1. La Zona de Suministros Comunes

A la derecha, lo primero que destaca son los barriles apilados en torres inestables. Algunos están marcados con pinturas descoloridas:
  • AGUA POTABLE
  • GALLETAS DURAS - LOTE 7
  • RON (USO RESTRINGIDO)

El olor dulzón del ron derramado impregna el suelo. Uno de los barriles tiene la tapa medio salida, y por la hendidura se ve la superficie oscura del líquido moviéndose levemente.

Sobre una mesa cercana hay varias cajas pequeñas abiertas con provisiones: paquetes de arroz, latas de salazones, frascos de especias, aunque muchos parecen ya revendidos o intercambiados por los propios marines para “mejorar sus cenas”.

2. El Rincón del Armamento Viejo

Más al fondo, la luz se vuelve más pobre. Allí, sobre estantes de metal que han sido remendados varias veces, descansan armas antiguas y mal cuidadas:
  • Mosquetes con la madera astillada
  • Sables mellados
  • Bayonetas envueltas en trapos grasientos
  • Cajas de munición etiquetadas con años que parecen demasiado lejanos
  • Un candado pobremente colocado pretende asegurar el conjunto. La cadena que lo acompaña está oxidada y tiene eslabones que podrían romperse con un tirón serio.
  • Un registro sobre un atril indica que casi nada de ese material se usa ya, pero algunas piezas faltan… probablemente “prestadas” por marineros con pocas ganas de pedir permiso.

3. Material Logístico y Herramientas

En el centro del almacén hay un caos de herramientas navales:
  • Juegos de cuerdas nuevas junto a otras completamente deshilachadas
  • Poleas gigantescas apoyadas en el suelo
  • Redes para pesca militar
  • Martillos, sierras y llaves enormes repartidas sin demasiado cuidado
Un olor a aceite de maquinaria domina esta zona. Las sombras aquí son más densas, y el eco de cualquier movimiento parece multiplicarse.

4. El Área Restringida

En el lado opuesto, una sección está separada del resto por una simple barandilla de madera y una cuerda roja. Sobre una pizarra se lee:

“ACCESO SOLO A PERSONAL AUTORIZADO – INVENTARIO DE VALORES Y DOCUMENTOS”

Dentro, aunque pequeño, el espacio contiene:
  • Dos cofres cerrados con doble candado, marcado con el numero 17.
  • Un escritorio con papeles sellados
  • Mapas marítimos enrollados
  • Una carpeta con el símbolo del Gobierno Mundial en la portada
  • La lámpara de esa zona está casi apagada, lo que hace que el área parezca más misteriosa de lo que seguramente es.

5. El Espacio del Relevo Nocturno

Cerca de la entrada hay una pequeña mesa donde el marine anterior estaba sentado. Allí se encuentran:
  • El registro de turno, lleno de anotaciones torpes y borrosas
  • Un plato vacío con restos de galleta dura
  • Una taza de café frío
  • Una pequeña llave marcada con el número 17
  • Una silla coja que protesta con cada movimiento
Al lado, apoyado en la pared, hay un perchero con una capa de lluvia de repuesto, todavía húmeda.

6. Una Puerta Trasera Sospechosa

Al fondo del todo, casi escondida detrás de un montón de cajas, hay una puerta de servicio con un cartel:

“NO UTILIZAR — DAÑADA”

Sin embargo, está entreabierta.
Una corriente fría entra desde allí, moviendo las sombras y el polvo del suelo.
Parece llevar a una a la parte de atrás del almacén, con un poco de fuerza se podría abrir lo suficiente para que escapara una persona.

Contenido de los Cofres


Documentos del área Restringida


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RE: Marea de Secretos en Sorbet [Aventura T1 Presente Absoluto] - por Moja - 08-12-2025, 03:13 PM

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