08-12-2025, 05:15 PM
Día 31 de verano, año 13
Arena dentro de las grebas y sofocante calor. Eoghan no era alguien demasiado nostálgico aunque echaba de menos la calidez de la densa calima. No podía recordar cuánto tiempo llevaba a bordo: los calendarios no eran más que material combustible para acampar las frías noches en Drum Island y los relojes de pared un bien sumamente invaluable para coleccionistas del South Blue. Dicho sentimiento de morriña se desvaneció al empujar desde dentro la trampilla que llevaba a los cañones pues la luz deslumbró a los piratas que debían empezar la ronda, quienes recién comenzaban el día con vigor renovado.
Arena dentro de las grebas y sofocante calor. Eoghan no era alguien demasiado nostálgico aunque echaba de menos la calidez de la densa calima. No podía recordar cuánto tiempo llevaba a bordo: los calendarios no eran más que material combustible para acampar las frías noches en Drum Island y los relojes de pared un bien sumamente invaluable para coleccionistas del South Blue. Dicho sentimiento de morriña se desvaneció al empujar desde dentro la trampilla que llevaba a los cañones pues la luz deslumbró a los piratas que debían empezar la ronda, quienes recién comenzaban el día con vigor renovado.
—¡Tú! ¡Idiota! ¿¡Te das prisa o qué!? —Un grumete esperaba con ansias el ascender a cubierta. Sin embargo, Eoghan se encontraba aún escalando la parte superior de las escaleras intentando ajustarse al resplandor del Sol. Acostumbrados a la penumbra de la bodega se empujaban entre sí, manos que intentaban agarrar cualquier superfície para ascender primero.— ¡Como empecemos tarde, el capitán nos fulmina! ¡Aparta!
Su compañero agarró una hendidura en la deteriorada capa y lo lanzó al suelo desde la altura. Era un caos total aunque lograron subir uno a uno para empezar su trabajo. Todos menos Eoghan, quién se encontraba abandonado y confuso aún bajo la cubierta del barco. Sin embargo lo tenía normalizado. El mundo para él era así: entró como el novato y sigue siendo el novato pese al paso del tiempo y los recientes reclutas que ya se situaban encima suyo en la jerarquía. Escapó de un destino para terminar siendo esclavo de otro. Finalmente logró levantarse y desempolvar los harapos que tenía por ropa. El hombro le dolía un poco debido a la caída aunque se forzó a cumplir con su rol en la tripulación.
Una voz gritaba desde proa a través del pozo de luz que era la trampilla.
—¡¡¡Atención!!! ¡¡¡Asaltaremos Baterilla!!! ¡¡¡Preparáos, camaradas!!!
Eoghan trepó rápidamente. Se encontraban a escasos metros de la costa y eso significaba una cosa: conflicto con la Marina. Los principios de la tripulación eran crueles aunque eficaces. Cuerdas descendieron del barco y a lo largo de ellas se deslizaron los piratas que junto a sus sables cargaron chapoteando en la playa. Llegando al pueblo empezaron a tomar rehenes, frutas y tesoros para sí mismos aprovechando que la Marina aún estaba desplegando las defensas.
Pese a la invasión exitosa la retirada se complicaría mucho más; los marines terminaron de posicionarse estratégicamente para que los piratas no pudieran huir con todo lo que habían saqueado. Cientos de mosquetes apuntaban intencionadamente a cada uno de los grumetes. Algunos se escondían mientras que otros usaban a personas como rehén. El capitán demostraba incomparecencia pese a que era el único que podía salvar a la tripulación del peligro en el que se encontraban.
—¡FUEGO!
Fogonazos, petardeo y explosiones inundaron las calles de Baterilla pintando los edificiós de hollín, sangre y terror. Los sables que se hendían en unos pocos marines a costa de multitud de vidas terminaron en vano. Eoghan, por otro lado, se encontraba escondido y bañado en un ataque de pánico. No, no podía morir así. Se transformaría en águila y emprendería el vuelo, abandonando la tripulación a su suerte.
A lo largo de la costa voló. El lejano humo señalaba conflicto. No terminaba de entender el motivo por el cuál terminó en ese lugar y en ese momento, ni la lógica de las decisiones tomadas. Quería ser pirata, ansiaba la libertad, cumplir su sueño. Pero no a ese precio, al de arrebatársela a los demás.
Viento y nubes golpeaban su cara al surcar los cielos alrededor de la isla, observando en plano cenital todo lo que sucedía. Su tripulación había perdido y el capitán terminó entre rejas. Desvió un poco la mirada hacia una playa en el este. Reconoció a uno de sus compañeros escapando en esa dirección junto a una chica secuestrada. Ya no estaba obligado a ceder ante los piratas de su banda aunque tampoco podía ver un futuro como cazarrecompensas, marine o mucho menos civil. Viviría como vagabundo el resto de sus días, otra vez en el punto de partida. Cayó en picado contra su antiguo compañero, cortándole el paso.
—¿¡Eoghan!? ¿¡Pero tú no estás muerto!? ¡Lo sabía! ¡Eres un traidor! —Navaja en mano apuntando al cuello de la joven— ¡Acércate y la mato!
Blackwater sonrió ante la amenaza del asesino. La cara de la chica era de terror completo mientras la punta del filo empezaba a troquelar el cuello.
—Estás herido, te vas a morir igual. —Llevaba su espada colgando en la espalda y no parecía mostrar ningún tipo de intención de detenerlo— Piensa lo que quieras. ¿Crees que me importa lo que le hagas a esa cría? —Sabía que no podía salvarla, pues, de reaccionar, la degollaría al instante— Los marine llegarán en un momento u otro y no tendrán la decencia de intentar hablar contigo. Anda, déjala estar.
El pulso del pirata tembló en rabia, impotencia y adrenalina.
—¡Novato! ¿¡Que no crees que soy capaz!? ¡Te voy a enseñar, tarugo! ¡Que me lleve el diablo!
Dedos jugando con la empuñadura y sudor frío que bajaba por la frente del asesino. Eoghan desde la distancia presenció cómo su antiguo compañero arrebataba la vida de la joven, volteándose impactado para desviar la vista. ¿Realmente él había sido uno de ellos? Había despreciado el trato, la crueldad, la sed de sangre todo este tiempo.
—Te desangras, tienes la marina detrás y eres capaz de degollar a alguien. Y te derrumbarás y pretenderás que te ayude. Lo tienes claro. Prefiero vivir el resto de mi vida solo que tener a abusones como tú a mi lado. —Eoghan se dio la vuelta y se despidió de su "compañero".— Sí. Que te lleve el diablo.
Lo último lo soltaría justo antes de marcharse volando.
Día 46 de invierno, año 16
Eoghan ya era un viejo conocido del pueblo. Le llamaban el "águila de la playa", un hombre arisco que parecía haberse rendido en la vida. Se limitaba a asustar a los niños que se escapaban del pueblo para que no se perdieran o se hicieran daño y rebuscar entre los restos de comida cuando no pescaba. Usó sus conocimientos de supervivencia que aprendió como explorador de joven en Arabasta para no desfallecer mientras esperaba otro milagro, un milagro que le permitiera cambiar el rumbo de su destino de nuevo.
