08-12-2025, 10:30 PM
La teoría es importante, no se lo podemos debatir a un hombre tan estudioso como Kiyoshi. Siempre fue un chico que vivió encerrado, y lo único que tenía para divertirse era el leer. Desde muy pequeño, esa se convirtió en una de sus aficiones. No cualquiera se convierte en un médico, menos en uno tan confiable, al menos en su nivel actual. Sabe que aún le falta mucho camino por recorrer, sobre todo cuando hablamos de la experiencia en campo. Aun así, el conocer distintos ejercicios de respiración le ayudan en este momento a calmarse, a apuntar de forma certera a cualquiera que se presente en su campo de visión. Y es que tener memoria fotográfica es muy útil. Apenas algo sea diferente a la imagen en su mente, el gatillo se presiona y la bala va directo al objetivo. No recula el si va a un punto clave o no. Solo dispara.
Lamentablemente, al no tener demasiado dónde cubrirse, porque por más que Jin intente darle indicaciones sobre cómo obtener cobertura en lo que sale del local, sus ojos solo se desvían segundos hacia los dos que podemos llamar compañeros. Les preocupa su seguridad, más aun la de Elena. Por mucho que sus padres tengan que ver en todo esto, ella no es la responsable de nada. De hecho, incluso se atrevió a hablar y entregarle información útil. Colaboró como se le pidió y, por eso mismo, lo correcto es garantizar su bienestar. — Será mejor que no me decepciones, Onizuka Jin. — Aunque tampoco quiere que él se sacrifique con tal de cumplir esa labor. Quiere que los tres sobrevivan, que los tres tengan un día más allá de este. La pregunta es si el destino estará de su lado hoy, si la Diosa de la Fortuna se pondrá de su lado para así incidir directamente en el resultado de esta miniguerra que estalló de un momento a otro.
Desafortunadamente, Kiyoshi no es alguien que crea en religiones, dioses ni nada por el estilo. Su creencia está en la ciencia, y ahora mismo no le ayuda en nada. Ya ha abatido más personas, intentando ser fuerte mentalmente para que el dolor por haber exterminado vidas no sea más grande que su confianza al disparar. Para peor, como si los ocho en total que aparecieron primero para aguar la fiesta no fueran suficientes, avista como un nuevo grupo se presenta en la escena. Algunos se quedan a disparar contra el médico, mientras que otros, tras recibir un gesto de mano de quien debería ser su líder, buscan rodear el recinto, seguramente para buscar a los dos que ya escaparon.
Kiyoshi pelea hasta el fin, pero es derribado. Un disparo en el muslo derecho, similar al que él mismo le dio a Jin días atrás, le provoca caer. Suelta su rifle al instante, pues hablamos de un hombre cuya resistencia física es muy baja. Cierra los ojos y presiona la herida con una mano, intentando aguantar y no soltar quejido de dolor alguno que le haga mostrar una imagen patética de sí mismo al resto. Sin embargo, para cuando sus orbes se separan y retoma la mirada hacia el frente, ya hay una pistola apuntando a su frente.
Kiyoshi Maeda ha sido derrotado.
— Es tonto que te resistas, como dirías tú. — Parece que alguien conoce a nuestro protagonista. — Debiste olvidarte de tus padres y seguir tu vida. Si no hubieras osado a entrometerte en todo esto, quizás te habríamos dejado vivir. Tú mismo estás cavando tu tumba. Pero no te preocupes, seremos buenos tipos y echaremos tu cuerpo en la misma tierra donde se encuentran los traidores de tus padres. Así podrás encontrártelos en el infierno y exigirles las disculpas pertinentes por involucrarte en todo esto. — Finaliza sus míseras palabras con una risita altanera, confiada. Cree que tiene el destino de todos sobre sus manos para así hacer con ello lo que quisiera.
El pelinegro se nota molesto, también frustrado. ¿Por qué es tan débil? ¿Por qué no puede atravesar desafíos por su cuenta? ¿Por qué desde siempre necesitó que alguien más lo cuide? Es horrible la sensación de no poder hacer nada por tu cuenta, de no sentirte suficiente para vivir día a día en este mundo tan cruel.
— ¿Qué se sentirá ser una persona fuerte? — Esto es lo que se pregunta ahora que ya ve abiertas las puertas de la muerte frente a él.
— Podría asesinarte en este momento, pero será más divertido hacerlo frente a los ojos de esa muchacha. Si la obligamos a presenciar tu muerte, de seguro será más divertido ver su cara cuando le volemos los sesos a ella también. ¿No estás de acuerdo con eso, doctor?
Qué tipo tan horrible, tan sanguinario, tan tonto. A Kiyoshi se le nota una vena en la frente, producto de la ira. Sin temor alguno mueve la mano libre para bajar la mascarilla que cubre su boca y así hablar con más claridad. — Eres un tonto y un imbécil. Odio a los tipos como tú, que ven la muerte y la salud de las personas con tanta simplicidad. Tal vez no sea yo, pero estoy seguro que alguien que valore la vida se encargará de darte tu merecido algún día, porque un perro asqueroso como tú es lo mínimo que se merece. — Jamás pensó que sus insultos no tendrían consecuencia, la cual llega en forma de un fuerte golpe en todo el rostro que incluso rompe su nariz, causando un sangrado inmediato, siendo el segundo tras el que tiene en su pierna. De fondo, solo se escuchan risas, no solo de este tipo, sino que también de sus secuaces.
La superioridad numérica siempre trae consigo alegría y confianza, sin importar el sufrimiento de aquellos que, soportando la frustración de no ser los libres de elegir su camino, solo les queda entregarse a lo que predican las páginas escritas por alguien más. Lo que ellos no saben es que siempre sucede algo que voltea la tortilla, que te enseña lo que es la humildad y a no confiarte aún cuando tienes la victoria servida en el más lujoso de los platos.
Transportándonos un poco a lo que es el interior del recinto, Jin está acabando con todos, sin importarle que él mismo acabe herido. El yakuza muestra por qué los que pertenecen a esta facción son tan peligrosos y tienen tantos enemigos, porque si los dejas actuar a sus anchas, cuando menos te lo esperen te enseñarán lo que es el verdadero poder. Entrenados desde niños, educados en distintos artes marciales, son el tipo de enemigo con el que no quieres involucrarte a no ser que tú también seas un experto en la materia. De hecho, debemos valorar la valentía que tuvo Kiyoshi al enfrentarlo cara a cara aquel día en la habitación. Un hombre cobarde y precavido afrontando sus miedos con tal de seguir sus sueños, aunque estos traten más que nada de una venganza.
Lamentablemente para Jin, quien está más cerca de lo que todos creen, no está avanzando tan en secreto como se piensa. El clic que suelta la pistola sin munición es el sonido necesario para ser descubierto y que, uno de estos malditos desalmados súbditos del mal, lo encuentre por la espalda. No le dispara, pero sí le da una fuerte patada en la nuca que puede ocasionarle un mareo no menor. También, para asegurarse de que no intente nada en su contra, porque sabe que bajar la guardia ante el Onizuka puede ser el peor de sus pecados, pisa violentamente sus manos, posiblemente rompiéndole varios dedos, así impidiéndole que pueda sujetar cualquier arma a no ser que desee quedarse sin esas extremidades tan valiosas.
Una vez relativamente asegurada la victoria, pega un silbido dirigido hacia el exterior. Kiyoshi escucha y concentra su capacidad auditiva. El líder hace un gesto con la cabeza a dos de los suyos y los manda hacia dentro. Una vez ahí, entre los tres toman de la ropa a Jin y lo arrastran hacia fuera, enseñándoselo a Kiyoshi. El yakuza puede seguir consiente, pues es fuerte como para aguantar la patada en la nuca, pero no está en las mejores condiciones. Al menos puede ver que Kiyoshi no tuvo mucha mejor suerte que él, si es que eso le tranquiliza un poco.
— Tonto, ¿dónde está Elena? ¿Qué le hicieron a Elena? — Pregunta un Kiyoshi desesperado. — ¿Por qué volviste? ¡Te dije que te la llevaras! — Un nuevo golpe recibe en el rostro con el único propósito de callarlo. Acto seguido, recibe una patada en el abdomen que le hace escupir y toser en reiteradas oportunidades.
Ahora, el líder se acerca al pobre Jin, manteniendo siempre esa sonrisa sobrada y tan molesta. En este momento, se siente el dueño del mundo. — ¿Te das cuenta, Jin? Siempre te dije que me vengaría de ti. ¿Es que crees que nunca me enteré de lo que hiciste, sucio bastardo? — Parece que estos tienen un pasado en común. Y es que recién Jin puede verle la cara al líder del grupo que los ataca en esta ocasión, pudiendo reconocerlo de su pasado. — Sé que te acostaste con mi mujer, hijo de puta, así que te espera la mayor tortura que has imaginado en tu vida. Y no te preocupes, porque ya estamos cerca de dar con “esa persona”. Nadie me humilla y vive tan tranquilo luego de eso, imbécil.
En total, hay cinco personas aquí afuera del bando enemigo. El líder, los tres que trajeron a Jin y uno más. Todos armados, por supuesto, con armas de fuego. Ni siquiera espadas o dagas como para arriesgarse a enfrentarse a cuerpo a cuerpo, porque estas trampas que colocan deben ser con toda la ventaja del mundo. Darle chance al error y a la derrota es inaudito, imposible de concebir.
¿Qué procederá ahora? ¿Golpearán a la dupla de los hombres con traje en lo que aparece la otra muchacha, o harán algo más?
Ni es necesario ir a buscarla, porque ella misma se encarga de venir a este terreno. Sin duda quedó muy asustada tras la amenaza/advertencia del yakuza, pero estar ahí, sola y encerrada, también le era aterrador. Además, esa mujer realmente está enamorada de Kiyoshi, y si bien no se ha involucrado del todo en este universo tan turbio en el que se involucran sus padres, sabe perfectamente lo que le puede ocurrir a su amado. Se arma de valor y decide volver, porque una mujer enamorada es capaz de todo, es capaz de enfrentar las mayores catástrofes sin detenerse en ningún momento.
Solo recordaba el camino por el cual la trajo Jin. Aunque estaba asustada durante ese trayecto, posee un intelecto bastante alto, así que fue capaz de memorizar el camino inconscientemente. Obviamente, cuando ya está cerca, no se presenta así como así, sino que primero se esconde. Ve a sus “aliados” notablemente heridos, sobre todo a Kiyoshi que tiene toda la cara cubierto por ese líquido carmesí. Debe actuar, y pronto, mas no sabe cómo.
— Dime, Jin, ¿qué te parece si te dejo ver en primera fila cómo asesino al mocoso de los Maeda y a la consentida de los Grace? Tú también eres escoria como nosotros, por lo que debe hervirte la sangre por la emoción que te causa todo eso, ¿no es así? Porque no me digas que les has vendido el cuento de que eres un buen tipo, porque tanto tú como yo sabemos que eso no es verdad.
A paso lento se acerca a Kiyoshi y lo patea una vez más en la boca del estómago, causando que ahora no escupa saliva, sino que sangre.
— ¡ELENA! Si no aparece en este momento, mataré a Kiyoshi y te haré dormir con su cadáver antes de asesinarte a ti también. — Una amenaza cruda, directa, que asustaría a cualquiera. Este tipo no tiene límites, y es feliz de ello.
Elena, dispuesta a salvar al amor de su vida, se arma con un cuchillo desde la cocina. No piensa mucho sobre cómo aparecer en escena sin que le disparen antes. Solo tiene en mente la idea de apuñalar al tipo que se cree con el derecho de quitarle la vida a Kiyoshi.
Ocurre que justo sobre el cráneo del médico, hay una ventana. No es muy amplia, pero sí lo suficiente como para que caiga una chica, considerando que es delgada y no muy alta. Armada de coraje —y un cuchillo—, se asoma, introduce medio cuerpo por el agujero y es avistada por uno de los malos. — ¡Jefe, cuidado! — Esta alerta, algo tardía, ayuda a que un movimiento de apenas unos centímetros, evite que el cuchillo se clave en su cabeza y solo lo haga en su hombro. Elena cae al piso, quejándose del dolor en sus rodillas debido al impacto. El líder, enfurecido, toma el cuchillo y se lo clava en el cuello, matándola en el acto y frente a todos. — Niña imbécil, ¿quién te crees que eres?
¡Bang!
La cabeza del hombre es atravesada por una bala disparada por el rifle que tiene Kiyoshi en sus manos. Los ojos del médico enseñan pánico, no se cree lo que acaba de ver. — ¡AHHHHHHH! — Un grito desgarrador es lo único que suelta mientras dispara una y otra vez, convirtiéndose en el autor de una matanza. Todos murieron baleados. El único a salvo es Jin, quien es el único testigo de lo que acaba de pasar. Kiyoshi, aquel hombre enfocado en salvar vidas, hoy ha quitado demasiadas.
Sus ojos se llenan de lágrimas. La adrenalina que corre por su cuerpo ayuda a que se olvide de todos los dolores físicos que experimenta y corra desesperado hasta la muchacha. La toma del rostro y la zarandea una y otra vez. — ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Despierta! No te mueras, por favor... — No nos confundamos, Kiyoshi no posee sentimientos amorosos hacia ella. Sin embargo, considera que está metida en esto porque ellos, él específicamente, la fue a buscar para obligarla a inmiscuirse en este caso. Por lo tanto, se considera culpable de su muerte.
Abatido, suelta el cuerpo y recuesta su rostro en el vientre del cadáver, continuando su llanto. Un hombre sin emociones, un hombre que parece tener hielo en las venas, ahora está roto. — Soy tan débil… No puedo salvar a nadie, ni a mí mismo… ¿Por qué todos mueren…? ¿Por qué…?
Lamentablemente, al no tener demasiado dónde cubrirse, porque por más que Jin intente darle indicaciones sobre cómo obtener cobertura en lo que sale del local, sus ojos solo se desvían segundos hacia los dos que podemos llamar compañeros. Les preocupa su seguridad, más aun la de Elena. Por mucho que sus padres tengan que ver en todo esto, ella no es la responsable de nada. De hecho, incluso se atrevió a hablar y entregarle información útil. Colaboró como se le pidió y, por eso mismo, lo correcto es garantizar su bienestar. — Será mejor que no me decepciones, Onizuka Jin. — Aunque tampoco quiere que él se sacrifique con tal de cumplir esa labor. Quiere que los tres sobrevivan, que los tres tengan un día más allá de este. La pregunta es si el destino estará de su lado hoy, si la Diosa de la Fortuna se pondrá de su lado para así incidir directamente en el resultado de esta miniguerra que estalló de un momento a otro.
Desafortunadamente, Kiyoshi no es alguien que crea en religiones, dioses ni nada por el estilo. Su creencia está en la ciencia, y ahora mismo no le ayuda en nada. Ya ha abatido más personas, intentando ser fuerte mentalmente para que el dolor por haber exterminado vidas no sea más grande que su confianza al disparar. Para peor, como si los ocho en total que aparecieron primero para aguar la fiesta no fueran suficientes, avista como un nuevo grupo se presenta en la escena. Algunos se quedan a disparar contra el médico, mientras que otros, tras recibir un gesto de mano de quien debería ser su líder, buscan rodear el recinto, seguramente para buscar a los dos que ya escaparon.
Kiyoshi pelea hasta el fin, pero es derribado. Un disparo en el muslo derecho, similar al que él mismo le dio a Jin días atrás, le provoca caer. Suelta su rifle al instante, pues hablamos de un hombre cuya resistencia física es muy baja. Cierra los ojos y presiona la herida con una mano, intentando aguantar y no soltar quejido de dolor alguno que le haga mostrar una imagen patética de sí mismo al resto. Sin embargo, para cuando sus orbes se separan y retoma la mirada hacia el frente, ya hay una pistola apuntando a su frente.
Kiyoshi Maeda ha sido derrotado.
— Es tonto que te resistas, como dirías tú. — Parece que alguien conoce a nuestro protagonista. — Debiste olvidarte de tus padres y seguir tu vida. Si no hubieras osado a entrometerte en todo esto, quizás te habríamos dejado vivir. Tú mismo estás cavando tu tumba. Pero no te preocupes, seremos buenos tipos y echaremos tu cuerpo en la misma tierra donde se encuentran los traidores de tus padres. Así podrás encontrártelos en el infierno y exigirles las disculpas pertinentes por involucrarte en todo esto. — Finaliza sus míseras palabras con una risita altanera, confiada. Cree que tiene el destino de todos sobre sus manos para así hacer con ello lo que quisiera.
El pelinegro se nota molesto, también frustrado. ¿Por qué es tan débil? ¿Por qué no puede atravesar desafíos por su cuenta? ¿Por qué desde siempre necesitó que alguien más lo cuide? Es horrible la sensación de no poder hacer nada por tu cuenta, de no sentirte suficiente para vivir día a día en este mundo tan cruel.
— ¿Qué se sentirá ser una persona fuerte? — Esto es lo que se pregunta ahora que ya ve abiertas las puertas de la muerte frente a él.
— Podría asesinarte en este momento, pero será más divertido hacerlo frente a los ojos de esa muchacha. Si la obligamos a presenciar tu muerte, de seguro será más divertido ver su cara cuando le volemos los sesos a ella también. ¿No estás de acuerdo con eso, doctor?
Qué tipo tan horrible, tan sanguinario, tan tonto. A Kiyoshi se le nota una vena en la frente, producto de la ira. Sin temor alguno mueve la mano libre para bajar la mascarilla que cubre su boca y así hablar con más claridad. — Eres un tonto y un imbécil. Odio a los tipos como tú, que ven la muerte y la salud de las personas con tanta simplicidad. Tal vez no sea yo, pero estoy seguro que alguien que valore la vida se encargará de darte tu merecido algún día, porque un perro asqueroso como tú es lo mínimo que se merece. — Jamás pensó que sus insultos no tendrían consecuencia, la cual llega en forma de un fuerte golpe en todo el rostro que incluso rompe su nariz, causando un sangrado inmediato, siendo el segundo tras el que tiene en su pierna. De fondo, solo se escuchan risas, no solo de este tipo, sino que también de sus secuaces.
La superioridad numérica siempre trae consigo alegría y confianza, sin importar el sufrimiento de aquellos que, soportando la frustración de no ser los libres de elegir su camino, solo les queda entregarse a lo que predican las páginas escritas por alguien más. Lo que ellos no saben es que siempre sucede algo que voltea la tortilla, que te enseña lo que es la humildad y a no confiarte aún cuando tienes la victoria servida en el más lujoso de los platos.
Transportándonos un poco a lo que es el interior del recinto, Jin está acabando con todos, sin importarle que él mismo acabe herido. El yakuza muestra por qué los que pertenecen a esta facción son tan peligrosos y tienen tantos enemigos, porque si los dejas actuar a sus anchas, cuando menos te lo esperen te enseñarán lo que es el verdadero poder. Entrenados desde niños, educados en distintos artes marciales, son el tipo de enemigo con el que no quieres involucrarte a no ser que tú también seas un experto en la materia. De hecho, debemos valorar la valentía que tuvo Kiyoshi al enfrentarlo cara a cara aquel día en la habitación. Un hombre cobarde y precavido afrontando sus miedos con tal de seguir sus sueños, aunque estos traten más que nada de una venganza.
Lamentablemente para Jin, quien está más cerca de lo que todos creen, no está avanzando tan en secreto como se piensa. El clic que suelta la pistola sin munición es el sonido necesario para ser descubierto y que, uno de estos malditos desalmados súbditos del mal, lo encuentre por la espalda. No le dispara, pero sí le da una fuerte patada en la nuca que puede ocasionarle un mareo no menor. También, para asegurarse de que no intente nada en su contra, porque sabe que bajar la guardia ante el Onizuka puede ser el peor de sus pecados, pisa violentamente sus manos, posiblemente rompiéndole varios dedos, así impidiéndole que pueda sujetar cualquier arma a no ser que desee quedarse sin esas extremidades tan valiosas.
Una vez relativamente asegurada la victoria, pega un silbido dirigido hacia el exterior. Kiyoshi escucha y concentra su capacidad auditiva. El líder hace un gesto con la cabeza a dos de los suyos y los manda hacia dentro. Una vez ahí, entre los tres toman de la ropa a Jin y lo arrastran hacia fuera, enseñándoselo a Kiyoshi. El yakuza puede seguir consiente, pues es fuerte como para aguantar la patada en la nuca, pero no está en las mejores condiciones. Al menos puede ver que Kiyoshi no tuvo mucha mejor suerte que él, si es que eso le tranquiliza un poco.
— Tonto, ¿dónde está Elena? ¿Qué le hicieron a Elena? — Pregunta un Kiyoshi desesperado. — ¿Por qué volviste? ¡Te dije que te la llevaras! — Un nuevo golpe recibe en el rostro con el único propósito de callarlo. Acto seguido, recibe una patada en el abdomen que le hace escupir y toser en reiteradas oportunidades.
Ahora, el líder se acerca al pobre Jin, manteniendo siempre esa sonrisa sobrada y tan molesta. En este momento, se siente el dueño del mundo. — ¿Te das cuenta, Jin? Siempre te dije que me vengaría de ti. ¿Es que crees que nunca me enteré de lo que hiciste, sucio bastardo? — Parece que estos tienen un pasado en común. Y es que recién Jin puede verle la cara al líder del grupo que los ataca en esta ocasión, pudiendo reconocerlo de su pasado. — Sé que te acostaste con mi mujer, hijo de puta, así que te espera la mayor tortura que has imaginado en tu vida. Y no te preocupes, porque ya estamos cerca de dar con “esa persona”. Nadie me humilla y vive tan tranquilo luego de eso, imbécil.
En total, hay cinco personas aquí afuera del bando enemigo. El líder, los tres que trajeron a Jin y uno más. Todos armados, por supuesto, con armas de fuego. Ni siquiera espadas o dagas como para arriesgarse a enfrentarse a cuerpo a cuerpo, porque estas trampas que colocan deben ser con toda la ventaja del mundo. Darle chance al error y a la derrota es inaudito, imposible de concebir.
¿Qué procederá ahora? ¿Golpearán a la dupla de los hombres con traje en lo que aparece la otra muchacha, o harán algo más?
Ni es necesario ir a buscarla, porque ella misma se encarga de venir a este terreno. Sin duda quedó muy asustada tras la amenaza/advertencia del yakuza, pero estar ahí, sola y encerrada, también le era aterrador. Además, esa mujer realmente está enamorada de Kiyoshi, y si bien no se ha involucrado del todo en este universo tan turbio en el que se involucran sus padres, sabe perfectamente lo que le puede ocurrir a su amado. Se arma de valor y decide volver, porque una mujer enamorada es capaz de todo, es capaz de enfrentar las mayores catástrofes sin detenerse en ningún momento.
Solo recordaba el camino por el cual la trajo Jin. Aunque estaba asustada durante ese trayecto, posee un intelecto bastante alto, así que fue capaz de memorizar el camino inconscientemente. Obviamente, cuando ya está cerca, no se presenta así como así, sino que primero se esconde. Ve a sus “aliados” notablemente heridos, sobre todo a Kiyoshi que tiene toda la cara cubierto por ese líquido carmesí. Debe actuar, y pronto, mas no sabe cómo.
— Dime, Jin, ¿qué te parece si te dejo ver en primera fila cómo asesino al mocoso de los Maeda y a la consentida de los Grace? Tú también eres escoria como nosotros, por lo que debe hervirte la sangre por la emoción que te causa todo eso, ¿no es así? Porque no me digas que les has vendido el cuento de que eres un buen tipo, porque tanto tú como yo sabemos que eso no es verdad.
A paso lento se acerca a Kiyoshi y lo patea una vez más en la boca del estómago, causando que ahora no escupa saliva, sino que sangre.
— ¡ELENA! Si no aparece en este momento, mataré a Kiyoshi y te haré dormir con su cadáver antes de asesinarte a ti también. — Una amenaza cruda, directa, que asustaría a cualquiera. Este tipo no tiene límites, y es feliz de ello.
Elena, dispuesta a salvar al amor de su vida, se arma con un cuchillo desde la cocina. No piensa mucho sobre cómo aparecer en escena sin que le disparen antes. Solo tiene en mente la idea de apuñalar al tipo que se cree con el derecho de quitarle la vida a Kiyoshi.
Ocurre que justo sobre el cráneo del médico, hay una ventana. No es muy amplia, pero sí lo suficiente como para que caiga una chica, considerando que es delgada y no muy alta. Armada de coraje —y un cuchillo—, se asoma, introduce medio cuerpo por el agujero y es avistada por uno de los malos. — ¡Jefe, cuidado! — Esta alerta, algo tardía, ayuda a que un movimiento de apenas unos centímetros, evite que el cuchillo se clave en su cabeza y solo lo haga en su hombro. Elena cae al piso, quejándose del dolor en sus rodillas debido al impacto. El líder, enfurecido, toma el cuchillo y se lo clava en el cuello, matándola en el acto y frente a todos. — Niña imbécil, ¿quién te crees que eres?
¡Bang!
La cabeza del hombre es atravesada por una bala disparada por el rifle que tiene Kiyoshi en sus manos. Los ojos del médico enseñan pánico, no se cree lo que acaba de ver. — ¡AHHHHHHH! — Un grito desgarrador es lo único que suelta mientras dispara una y otra vez, convirtiéndose en el autor de una matanza. Todos murieron baleados. El único a salvo es Jin, quien es el único testigo de lo que acaba de pasar. Kiyoshi, aquel hombre enfocado en salvar vidas, hoy ha quitado demasiadas.
Sus ojos se llenan de lágrimas. La adrenalina que corre por su cuerpo ayuda a que se olvide de todos los dolores físicos que experimenta y corra desesperado hasta la muchacha. La toma del rostro y la zarandea una y otra vez. — ¡Despierta! ¡Despierta! ¡Despierta! No te mueras, por favor... — No nos confundamos, Kiyoshi no posee sentimientos amorosos hacia ella. Sin embargo, considera que está metida en esto porque ellos, él específicamente, la fue a buscar para obligarla a inmiscuirse en este caso. Por lo tanto, se considera culpable de su muerte.
Abatido, suelta el cuerpo y recuesta su rostro en el vientre del cadáver, continuando su llanto. Un hombre sin emociones, un hombre que parece tener hielo en las venas, ahora está roto. — Soy tan débil… No puedo salvar a nadie, ni a mí mismo… ¿Por qué todos mueren…? ¿Por qué…?
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Hablo | Pienso
