08-12-2025, 10:37 PM
Cuando quedé saciado de golpear el cuerpo ya inerte de Rigoberto, el cual estaba ensangrentado y hecho polvo en el suelo, pero vivo, respirando con dificultad, me dirigí de nuevo a la barra dando pequeños saltitos de felicidad. La salté de golpe, situándome al lado de mi nueva amiga. -Déjame espacio perra. -Le di un azote en el culo para que se apartara y me dejara llegar al barril.
En lugar de un vaso normal agarré un cubo de hojalata y sin fijarme demasiado en la higiene del mismo lo puse debajo del grifo y comencé a llenarlo del espumoso néctar dorado. Una vez la cerveza llegó hasta el borde metí la cabeza por completo en este y comencé a beber como si fuese la última bebida alcohólica del planeta, pues una vez llegando al fondo, me alcé de nuevo soltando un eructo que retumbó por todo el local y sacudí todo mi cuerpo como un perro para secarme, salpicando a todas partes y comiéndome de un bocado el pan de gamba que me había dejado. -Toma nota, nunca me menciones a mi hermano. -Advertí a la muchacha antes de agarrar el pan de gamba y girarme hacia la estantería de detrás de nosotros la cual contenía decenas de botellas antiguas.
Mis dedos se deslizaron por cada una de ellas, leyendo cada etiqueta hasta hallar con la adecuada. Sake, ron, whisky, Cazalla. “Esto servirá”. Me dije a mí mismo, agarrando el recipiente, soplando el polvo que lo cubría. Estaba entera, sin empezar. Se notaba que la gente de samba no les gustaba probar algo diferente a sus licores más clásicos. -Amiga mía… -Estiré el brazo para agarrar dos vasos de chupito y empezar a servir el alcohol. -Ya que el dueño se encuentra indispuesto, posiblemente con algunas costillas rotas, moretones y contusiones varias. ¿Quieres que arrasemos con todo el alcohol y la comida del lugar? -Deslicé uno de los pequeños vasos por la barra hacia ella, y alzando el mío esperé que brindara conmigo. Tras ello, incliné mi cabeza hacia atrás, tragando de golpe la cazalla, la cual se sintió como un incendio, extendiéndose por mi esófago hasta llegar a mi estómago.
-¡Vamos a darle duro! -Salté de nuevo fuera de la barra sin soltar la botella en ningún momento y me fui corriendo al almacén. -El último en llegar es una corrida de paloma… -Dije para picarle cuando ya estaba al lado de la puerta y no podía perder, abriéndola de una patada, entrando sin miramientos para arrasar con todos los víveres.
En lugar de un vaso normal agarré un cubo de hojalata y sin fijarme demasiado en la higiene del mismo lo puse debajo del grifo y comencé a llenarlo del espumoso néctar dorado. Una vez la cerveza llegó hasta el borde metí la cabeza por completo en este y comencé a beber como si fuese la última bebida alcohólica del planeta, pues una vez llegando al fondo, me alcé de nuevo soltando un eructo que retumbó por todo el local y sacudí todo mi cuerpo como un perro para secarme, salpicando a todas partes y comiéndome de un bocado el pan de gamba que me había dejado. -Toma nota, nunca me menciones a mi hermano. -Advertí a la muchacha antes de agarrar el pan de gamba y girarme hacia la estantería de detrás de nosotros la cual contenía decenas de botellas antiguas.
Mis dedos se deslizaron por cada una de ellas, leyendo cada etiqueta hasta hallar con la adecuada. Sake, ron, whisky, Cazalla. “Esto servirá”. Me dije a mí mismo, agarrando el recipiente, soplando el polvo que lo cubría. Estaba entera, sin empezar. Se notaba que la gente de samba no les gustaba probar algo diferente a sus licores más clásicos. -Amiga mía… -Estiré el brazo para agarrar dos vasos de chupito y empezar a servir el alcohol. -Ya que el dueño se encuentra indispuesto, posiblemente con algunas costillas rotas, moretones y contusiones varias. ¿Quieres que arrasemos con todo el alcohol y la comida del lugar? -Deslicé uno de los pequeños vasos por la barra hacia ella, y alzando el mío esperé que brindara conmigo. Tras ello, incliné mi cabeza hacia atrás, tragando de golpe la cazalla, la cual se sintió como un incendio, extendiéndose por mi esófago hasta llegar a mi estómago.
-¡Vamos a darle duro! -Salté de nuevo fuera de la barra sin soltar la botella en ningún momento y me fui corriendo al almacén. -El último en llegar es una corrida de paloma… -Dije para picarle cuando ya estaba al lado de la puerta y no podía perder, abriéndola de una patada, entrando sin miramientos para arrasar con todos los víveres.
Karmas
