09-12-2025, 02:34 AM
Incluso desde la distancia, Xiang Qi pudo notar la teatralidad con la que las cenizas de tu cigarrillo cayeron desde tu altura hasta el suelo y mientras él te observaba con la desesperación de quien ha perdido lo único que le importa, la gente del pueblo te miraba con aún más intensidad, ellos son los que estás obligado a proteger, ciudadanos comunes, vulnerables, aterrados, el pueblo que la Marina te asignó defender a toda costa.
Quizás es cierto que no les debes nada a ninguno de ellos en lo personal, pero sí tienes un juramento el que te indica que debes servir a la justicia, proteger al débil, ser el escudo ante el mal, defender al pueblo de la devastación. (Sí, sí… esto no es el Equipo Rocket. Son los Marines.) cuando comienzas a descender esos cuatro metros, aterrizando casi con la pose de un héroe de capa, Xiang Qi no aparta la mirada ni un segundo, para él, tú eres el origen de todos sus problemas, eres el objetivo a destruir, el responsable de las “maldades” que su mente distorsionada cree que cometiste contra su hermano mayor.
—¿Qué mierda vas a saber tú de mi familia? — te responde en cuanto tus palabras llegan a sus oídos. Sus ojos siguen cada uno de tus pasos, lentos, calculados, pasos que lo hacen percibirte no como una presa, sino como un depredador que se acerca con confianza peligrosa, levantas las manos para mostrar que no atacas, pero él solo endurece su agarre sobre el anciano, que apenas respira.
—No intentes acercarte más de la cuenta, maldito idiota. — La situación, ya de por sí tensa, parece apretarse aún más como un cable a punto de romperse, actúas rápido, sí, pero Xiang Qi no es un completo tonto, o al menos, no lo aparenta. Luego oye tu comentario sobre que la mujer no presentó cargos y algo en sus ojos se enciende, un brillo breve pero revelador. —¿Lo dices en serio? — pregunta con una mezcla de esperanza y ansiedad que nada tiene que ver con su actitud violenta anterior. —¿Crees que yo pueda ser quien firme la salida? Soy menor de edad. — poco a poco, casi sin darse cuenta, la mano del chico va aflojando el agarre del cuello del anciano. La emoción, la esperanza de liberar a su hermano, es mucho más fuerte que la ira que sentía hacia ti, al final del día, ese hombre al que estás intentando convencer no es solo un delincuente enfurecido, es un hermano y para él, su hermano es un héroe y su mundo entero.
En cuanto logras acercarte a unos diez metros, Xiang Qi actúa como si de repente hubiera olvidado todo lo que estaba haciendo. Suelta al anciano sin la menor preocupación y, con la mano derecha, hace un gesto extraño en el aire, un movimiento rápido, casi imperceptible, que a simple vista parece no significar nada.
Pero entonces ocurre, como si la gravedad fuera un chiste, salta cinco metros de golpe, impulsándose hacia ti con una violencia descomunal y apenas toca el suelo tras el salto, se lanza en carrera directa, sin dudar, sin pensar, solo movido por esa mezcla de fanatismo y rabia, entonces ese puño, su puño enguantado viene derecho hacia tu rostro. El impacto llega antes de que puedas procesarlo todo, pero eso no es lo peor, porque justo en el mismo instante en que él se abalanza, un disparo corta el aire y la detonación retumba entre los edificios de la plaza y, si afinas la vista entre el caos, alcanzas a notar algo espantoso, la bala ha atravesado el pecho del anciano que Xiang Qi acababa de soltar.
No hay tiempo para más, no puedes ver desde dónde vino el disparo, no puedes identificar un tejado, una sombra, un brillo y aunque quisieras, no tienes oportunidad de revisar nada, porque Xiang Qi está frente a ti, respirando con furia, y acabas de recibir un golpe directo. La verdadera pelea acaba de comenzar y alguien más, en algún lugar, ya ha decidido que habrá víctimas.
Quizás es cierto que no les debes nada a ninguno de ellos en lo personal, pero sí tienes un juramento el que te indica que debes servir a la justicia, proteger al débil, ser el escudo ante el mal, defender al pueblo de la devastación. (Sí, sí… esto no es el Equipo Rocket. Son los Marines.) cuando comienzas a descender esos cuatro metros, aterrizando casi con la pose de un héroe de capa, Xiang Qi no aparta la mirada ni un segundo, para él, tú eres el origen de todos sus problemas, eres el objetivo a destruir, el responsable de las “maldades” que su mente distorsionada cree que cometiste contra su hermano mayor.
—¿Qué mierda vas a saber tú de mi familia? — te responde en cuanto tus palabras llegan a sus oídos. Sus ojos siguen cada uno de tus pasos, lentos, calculados, pasos que lo hacen percibirte no como una presa, sino como un depredador que se acerca con confianza peligrosa, levantas las manos para mostrar que no atacas, pero él solo endurece su agarre sobre el anciano, que apenas respira.
—No intentes acercarte más de la cuenta, maldito idiota. — La situación, ya de por sí tensa, parece apretarse aún más como un cable a punto de romperse, actúas rápido, sí, pero Xiang Qi no es un completo tonto, o al menos, no lo aparenta. Luego oye tu comentario sobre que la mujer no presentó cargos y algo en sus ojos se enciende, un brillo breve pero revelador. —¿Lo dices en serio? — pregunta con una mezcla de esperanza y ansiedad que nada tiene que ver con su actitud violenta anterior. —¿Crees que yo pueda ser quien firme la salida? Soy menor de edad. — poco a poco, casi sin darse cuenta, la mano del chico va aflojando el agarre del cuello del anciano. La emoción, la esperanza de liberar a su hermano, es mucho más fuerte que la ira que sentía hacia ti, al final del día, ese hombre al que estás intentando convencer no es solo un delincuente enfurecido, es un hermano y para él, su hermano es un héroe y su mundo entero.
En cuanto logras acercarte a unos diez metros, Xiang Qi actúa como si de repente hubiera olvidado todo lo que estaba haciendo. Suelta al anciano sin la menor preocupación y, con la mano derecha, hace un gesto extraño en el aire, un movimiento rápido, casi imperceptible, que a simple vista parece no significar nada.
Pero entonces ocurre, como si la gravedad fuera un chiste, salta cinco metros de golpe, impulsándose hacia ti con una violencia descomunal y apenas toca el suelo tras el salto, se lanza en carrera directa, sin dudar, sin pensar, solo movido por esa mezcla de fanatismo y rabia, entonces ese puño, su puño enguantado viene derecho hacia tu rostro. El impacto llega antes de que puedas procesarlo todo, pero eso no es lo peor, porque justo en el mismo instante en que él se abalanza, un disparo corta el aire y la detonación retumba entre los edificios de la plaza y, si afinas la vista entre el caos, alcanzas a notar algo espantoso, la bala ha atravesado el pecho del anciano que Xiang Qi acababa de soltar.
No hay tiempo para más, no puedes ver desde dónde vino el disparo, no puedes identificar un tejado, una sombra, un brillo y aunque quisieras, no tienes oportunidad de revisar nada, porque Xiang Qi está frente a ti, respirando con furia, y acabas de recibir un golpe directo. La verdadera pelea acaba de comenzar y alguien más, en algún lugar, ya ha decidido que habrá víctimas.
Contenido Oculto
Infobox
